Suarez, ejemplo no seguido.....

Suarez, ejemplo no seguido.....
Emilio Hidalgo
Lunes, 31/03/2014 | Región, Puertollano, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional | Portada, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Salud, Sociedad, Sucesos, Medio Ambiente, Turismo, Gastronomía

En menos de siete días se han acumulado sobre la mesa una cantidad de temas, que merecen reflexión, difícilmente abarcable. Pero lo más curioso es que, por una vez y sin que sirva de precedente, la importancia de los mismos ha permitido que ocupen el lugar que merecen en la actualidad y no han quedado atados al orden cronológico en que sucedieron. De haber sido de otra manera, la guerra de guerrillas desatada el pasado sábado en Madrid, habría eclipsado el sentir de un pueblo por el primer presidente de su democracia.

Adolfo Suárez merecía el reconocimiento que le ha brindado España. Es más, lo merecía en vida, pero en eso no hemos sabido utilizar la marcha correcta. Incluso ha habido quien ha querido distorsionar la imagen de este demócrata, mezclándolo con tendencias políticas inciertas o con controversias más propias de los políticos actuales. Afortunadamente para ellos, y sobre todo para los que escriben en medio prensa, Adolfo Suárez nos llevó de una dictadura a una democracia y con ello logró la libertad de expresión, que ampara hasta el razonamiento más torticero –siempre y cuando no vulnere el derecho al honor-.
 
En caso contrario, lo mismo había pedido que no volviera a poner sus zarpas sobre el teclado alguno de estos filibusteros de la ideología desgastada y el odio por el odio. No digo nombres porque no merecen publicidad.

Con el adiós unánime a Suárez, España le agradece la democracia, que si bien no es perfecta, es el peor sistema de gobierno a excepción de todos los demás, que decía Winston Churchill. Al hombre, me refiero a Suárez, ya no le queda nada en esta tierra, salvo el cariño de millones de personas que vieron como su país daba un ejemplo de madurez y de diálogo, en un escenario en el que otros pueblos han dado tiros. El primer presidente de nuestra democracia representará, para siempre, la grandeza política que, hoy en día, estimamos perdida.
 

El nivel de nuestros líderes y lideresas políticos cae en barrena. El presidente de Cataluña lo dejó más que claro en dos ocasiones; la primera cuando salió de visitar la capilla ardiente de Suárez, con política nacionalista en la boca y reproches vacíos y fuera de lugar. La segunda cuando le dijo tururú al Tribunal Constitucional y aseguró que nada le impedirá saltarse a la torera todo lo que considere obstáculo para lograr sus objetivos. Mas, que no digo nada, pero que serlo lo es y cada día más, sigue empeñado en el pulso al Estado español. Decía un antiguo poema: “El que intenta, sin razón, / al más fuerte derribar / no consigue sino dar / coces contra el aguijón”. Y ahí queda todo dicho. O casi todo. El colofón a este despropósito queda sentenciado, no por un tribunal sino por la cultura general, cuando Beyonce Knowles, en su concierto del Palau San Jordi, Barcelona, despliega y se arropa con una bandera española. Porque para Mas no y para algunos otros tampoco, pero para el resto del mundo Barcelona es España. Y Cataluña también.
 

Dejo en el último lugar de la reflexión y resumen de esta semana, los terribles hechos que se desataron en las calles de Madrid el ya bochornoso 22-M y que intentaron reproducir días después en la Universidad Complutense. Los radicales son medio listos y buscan en las universidades, centros de conocimientos rebosantes de idealismo y ansias de justicia poética, mentes manipulables a las que utilizar como se usan los peones en el ajedrez. Lo curioso es que profesorado, padres y alumnos, difundan un comunicado criticando la actuación de la policía y no condenen actitudes tan humanas y satisfactorias como las de los animales que gritaban: “Vamos a matarlos, que son pocos”.
 

En este sentido, hay algún parado de larga duración, que tiempo ha nos hizo creer que era actor, el cual encuentra justificación a reventarle la cabeza a un policía en algo tan noble como la autodefensa. Dice, el cretino en cuestión, que la policía estuvo provocando, posiblemente por el hecho de estar allí, respirar o haber nacido, y que luego quedaron como víctimas ante las cámaras de televisión. Sólo falla algo en su argumento, todo. Para empezar y concluir, el que no tiene nada que temer ni malas intenciones, no va a una manifestación pacífica con pasamontañas; que tiene derecho a hacerlo no hay ni que decirlo, pero la gente normal no lo hace. Del mismo modo que no va a una manifestación pacífica armado. Ni con un ánimo tal que, viendo a un policía en el suelo, herido, le grita a otros agentes que le dejen morir. Es necesario acabar con estos comportamientos y es necesario que los convocantes compartan responsabilidad. Hoy tenemos un centenar de heridos y de ellos 67 eran policías, que son los que van preparados para que les ataquen. Si el objetivo de los radicales hubieran sido personas sin protecciones especiales, estaríamos hablando de muertos.
 

Puedo prometer y prometo que a ninguno lo van a despedir como se despidió a Suárez; te podrán decir lo bueno, guapo o heroico que eres, pero la única verdad puede ser morir, para convertirse en una foto que pasear y seguir encendiendo ánimos. Y para eso que muera el que batalla en la calle lo que no sabe ganar en las urnas.

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