Rey, fútbol y reemplazo

Vivimos en la España de dos tonos, para todo lo que hacemos, para todo lo que vivimos. Este país de claroscuros es un enigma envuelto en tópicos que, por mucho que se quiera, nunca se termina de desenvolver. Estos días experimentamos las dos caras de nuestra sociedad en mayor medida; sobre todo en el planeta fútbol

Rey, fútbol y reemplazo
Emilio Hidalgo
Lunes, 23/06/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Salud, Sucesos, Sociedad, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía, Semana Santa

Vivimos en la España de dos tonos, para todo lo que hacemos, para todo lo que vivimos. Este país de claroscuros es un enigma envuelto en tópicos que, por mucho que se quiera, nunca se termina de desenvolver. Estos días experimentamos las dos caras de nuestra sociedad en mayor medida; sobre todo en el planeta fútbol.
 
No sé si forma parte de nuestra idiosincrasia o si sólo es vagancia llevada al extremo, pero una vez que nos acostumbramos a algo no hay quien nos cambie. Normalmente nos acostumbramos a algo malo, porque entre otras cosas somos llorones, victimistas y acomplejados; ya sé que no gustará que diga esto, pero aceptarlo es el primer paso para enmendarlo. Llevamos un siglo queriendo ser los reyes del fútbol, deseando estar en lo más alto. Pues lo hemos conseguido y se acabó, pero ni lo hemos disfrutado estando arriba ni lo vamos a disfrutar en el recuerdo; nosotros siempre tenemos una queja en la boca. Después de tanto soñar con nuestro hueco en la historia del balompié, nos hicimos uno especial, el que nadie había alcanzado y no nos basta. Nos habíamos acostumbrado a ganar, tanto como antes nos habíamos acostumbrado a perder, si entonces no nos quejamos es porque quejarse de ser el mejor es del término tonto. Ahora hemos hecho un ridículo espantoso y estamos anímicamente tan hundidos, que ya no recordamos que con la cabeza gacha todavía le vemos la coronilla a muchos. En eso no vamos a pensar, a nosotros nos gusta mirar al sol aunque nos quedemos ciegos.
 
Con el tema de la abdicación de D. Juan Carlos I y la proclamación de S.M. el Rey Felipe VI nos pasa parecido, queremos demostrar algo, no sabemos bien qué, aunque nos cueste un disgusto. Hay un colectivo que nos está vendiendo la moto de la República es lo mejor de lo mejor. De hecho pusieron en marcha una especie de ciberreferendum en el que la gente podía votar, entre los días 14 y 19 de junio. ¿Qué ustedes no se enteraron? Pues así de fiable será el resultado; como si yo hago una consulta entre los amantes de la saga Crepúsculo, para saber qué les parece prohibir las relaciones entre adolescente humanos y especies de la noche.
 
Abrumador rechazo, pero de ciencia ficción.
 
Para que les sirva de consuelo, yo me enteré el mismo día 19 y para cuando localicé la web la votación estaba ya cerrada. Lo curioso es que no se podían ver los resultados y una nota anunciaba que a las 19 horas los iban a presentar en una rueda de prensa, a la que no sé quién ni cómo ha sido convocado. No sé qué pasaría al final, pero ya les anticipo que habrán conseguido un noventaymuchos por cien a favor de la Republica, aunque habiéndolo organizado así, menos de un 99% es un fracaso(contando con un más menos 1% de desviación en la encuesta). Y qué menos que una participación significativa, de un millón de personas para arriba, otra cosa sería un camelo. Pero sí servirá para dar propaganda, para decir que el Estado represor de una democracia como la nuestra no les escucha, que no nos dejan decidir, que la monarquía es un robo a nuestras arcas y un insulto a nuestra inteligencia… Sólo un par de cosas; el que no hace nada más que preguntar algo a lo que la mayoría dice que no, en encuestas y demás, pero sigue erre que erre, es el que no escucha. El que repite la pregunta, incluso prepara un escenario para conseguir lo que quiere, en contra del sentir de una mayoría, es el que no te deja decidir. Y si llega al Gobierno no digamos.
 
Por último, si el acto de proclamación de ayer fue un gasto inútil, superfluo y aberrante, que se plantee la gente qué sería repetir esto cada 4 años (5 en el caso de Francia) para que tome posesión un Presidente de la República. Lo normal es que nosotros, con nuestra arcaica monarquía, no volvamos a ver esto en 35 o 40 años. Mejor no comparamos.
 
La única diferencia entre la selección de fútbol y la monarquía, es que la selección ya vivió su época dorada y les debemos, por un lado, agradecimiento y por otro, reemplazo. La monarquía todavía tendrá épocas mejores y acaba de obtener su reemplazo.

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