A tonto el último

A tonto el último
Emilio Hidalgo
Lunes, 07/04/2014 | Región, Puertollano, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional | Portada, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Salud, Sociedad, Sucesos, Medio Ambiente, Turismo, Gastronomía

Podemos definir la semana que termina como la del pleno, no al quince, pero casi. Esta semana comenzó con declaraciones desacertadas, siguió con declaraciones desacertadas y ha culminado con acciones tremendamente desacertadas.
 

En el horizonte más lejano se encuentra el funeral de Estado por Adolfo Suárez y las palabras de Monseñor Rouco Varela. Hablar de una guerra civil y, sobre todo, hacerlo como si fuera una posibilidad real en el futuro de este país, no es bien acogido. Las palabras de Rouco estaban fuera de lugar, son excesivamente alarmistas, no conviene alentar semejante idea en la cabeza de algunos ni semejante miedo en el corazón de otros… Pero más de una vez hemos dicho, no solo los periodistas sino muchos en petit comité, que se estaba dando una situación y crispación que recordaba a los datos que narran las crónicas de 1934. Quiero pensar que hoy en día somos más civilizados y que la sangre no hervirá ni llegará al rio.
 

Después de Rouco, y tras las muchas y variadas críticas que ha recibido, se escucharon otras voces que me parecen igualmente desacertadas. Desde el PSOE, IU, UPyD… se pidió separar a la Iglesia de los actos de Estado. En principio no tienen por qué compartir escenario. Pero estamos hablando de un funeral de Estado y el funeral conlleva una ceremonia religiosa que, por humanidad, no podemos negarle a nadie. Qué hay más compasivo y digno que despedir al que se va, pidiendo que allá donde vaya, haya un paraíso esperándole en su eterno descanso. Es humano para él y consuelo para los que se quedan en su añoranza.
 

Podemos o no compartir esa idea de que Iglesia y Estado tienen que llevar dos caminos distintos y que no deben celebrar juntos ni el fin de año. Pero me da la sensación de que, en algún momento, Rosa Díez, pensó que el ataque a Rouco y lo que representa, empezaba a sonar a discurso manido, con tintes ideológicos y ateístas… Quizá por eso decidió desmarcarse con una nueva crítica y decir que Monseñor no debió darle al play en el MP3 y poner el himno de España. Lo que pasa es que la clave está a la vista. Himno de España y funeral de Estado no creo que estén reñidos, pero todo se andará. En este país enfadado consigo mismo, o mejor dicho, en este país enfadado con los que lo dirigen y que afirman representarlo en toda su extensión, al final Estado y España acabarán por no mirarse a la cara.
 

Otro de los puntos álgidos de la semana ha sido el protagonizado por Cayo Lara. El líder de Izquierda Unida remitió, a finales del mes pasado, una carta a Raúl Castro, presidente de Cuba; o caudillo; o caudillo democrático, no sé. En aquella misiva, Lara manifestaba que Venezuela está sufriendo una revolución fascista en las calles, porque la gente que pide pan, libertad y honradez no puede ser más fascista; enfrentarse a un Gobierno democrático con manifestaciones, protestas y demás algaradas, mientras las fuerzas del orden tiran a matar. La clave, señor Lara, para no confundir Venezuela con España está al final de la frase: “tiran a matar”. En aquel país que usted considera tan democrático la gente muere pidiendo libertad y la oposición es encarcelada. Son conceptos. Eso le ha perdido porque, esta semana, precisamente el 2 de abril, Día Internacional del Autismo, Cayo Lara se ha preguntado qué pasaría si el Rey tuviera un hijo tonto, ¿tendríamos que cargar con un Jefe del Estado tonto? Aquel ataque tocó de refilón a la monarquía y se estrelló, de lleno, en la cara de aquellos padres y madres que tienen niños con autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral… Andrés Aberasturi lo dejó claro en un artículo directo y contundente. Por cierto, señor Lara, Raúl Castro heredó el poder de su hermano Fidel y no es precisamente una lumbrera. Es más, algunos que pasan por tontos llegan a encabezar partidos políticos en España.
 

Como remate a tanto despropósito, Esperanza Aguirre, debió pensar que no había nadie de la derecha metida en este sainete de meteduras de pata varias y parece que se llevó por delante a un agente de policía local que la había multado. Después lo ha rematado poniendo en duda la capacidad del agente para ejercer su trabajo. Lo siguiente será decir que se lanzó bajo el coche, imagino.
Una realidad difícil de creer la de esta semana, sobre todo porque tanta idiotez junta no hay quien se la crea.

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