Conde de Orgaz , Señor de la humanidad

Lucía Ballesteros Ruiz

Conde de Orgaz , Señor de la humanidad
Lucía Ballesteros Ruiz
Domingo, 23/03/2014 | Región, Puertollano, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional | Portada, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Salud, Sociedad, Sucesos, Medio Ambiente, Turismo, Gastronomía

Desde el pasado 13 de Marzo en Toledo se podrá admirar una de las exposiciones nunca vistas sobre la obra del Greco. Ciento veinticinco obras de las casi trescientas pintadas por el artista y que están repartidas por todo el mundo  podrán ser admiradas en el Museo de Santa Cruz y en otros cinco edificios de la localidad toledana.

Toledo tiene el privilegio de contar ente sus tesoros artísticos con uno de los lienzos más famosos del Greco: El entierro del señor de Orgaz, más conocido como El entierro del Conde de Orgaz. Óleo de estilo manierista  pintado entre los años 1586 y 1588 para la parroquia de Santo Tomé.

Gonzalo Ruiz de Toledo señor de Orgaz, hombre muy piadoso y benefactor de la parroquia de Santo Tomé, dejó ordenada en su testamento una manda que debían cumplir los vecinos de la villa de Orgaz: “páguese cada año para el cura, ministros y pobres de la parroquia 2 carneros, 8 pares de gallinas, 2 pellejos de vino, 2 cargas de leña, y 800 maravedís”.

Transcurridos más de doscientos años desde su muerte, don Andrés Núñez de Madrid, advierte que los habitantes de la localidad han contravenido esa parte del testamento y reivindica la manda ante la Chancillería de Valladolid.

Ganado el litigio con la suma obtenida desea hacer perdurar en la memoria de sucesivas generaciones la del señor de la villa y  para honrar la capilla mortuoria encarga al Greco la ejecución de la pintura.

El 15 de marzo de 1586 se rubrica el acuerdo entre el párroco, su mayordomo y El Greco. Firman también las condiciones de trabajo, en un lienzo se deberá pintar una procesión,  cura y restantes clérigos realizando los oficios para enterrar a don Gonzalo Ruiz de Toledo señor de la  Villa de Orgaz. Descenderán San Agustín y San Esteban para dar sepultura al cuerpo del caballero, el uno le sostendrá la cabeza y el otro los pies, con numerosos personajes asistiendo al acto y todo ello coronado con un cielo abierto de gloria. El pago se acordó en mil doscientos ducados no si antes haber sufrido altibajos y negociaciones varias.

El cuadro simboliza las dos órbitas  de la realidad  humana: abajo la muerte, arriba el cielo, la vida eterna; y como máximo exponente de la vida de todo cristiano la figura de Jesucristo iluminado.
En el fragmento de abajo, la parte central está ocupada por el cadáver del señor, que va a depositado en su sepulcro donde va a reposar su sueño eterno. Para tan suntuoso acto desciende del cielo  el obispo  Agustín, padre de la Iglesia, y San Esteban , primer mártir de Cristo.

Según la tradición cristiana el cuerpo vuelve a la tierra de donde nació a la espera de la resurrección. Ya no es la cárcel del alma sino la materia animada por el espíritu en espera de ser transformada en la resurrección. 

El duelo y la solemnidad presiden la escena, los personajes cariacontecidos y callados situados de forma desorganizada difieren de los personajes superiores que son todo orden y pulcritud.
Se observan personajes en primera fila y la inherente fila de caballeros en un segundo plano.

Dentro de los personajes de la primera fila destacan: El niño, no parece el lugar más apropiado y es normal que siga la ceremonia sin prestarle atención.

San Esteban es el primer mártir de la iglesia y en su dalmática el Greco simboliza el propio martirio del Santo.

El señor de Orgaz se encuentra personalizado con su armadura de acero bruñido y se halla ocupando el lugar central inferior del cuadro. Su ánima emerge en el cuadro como si de un gemido se tratase dispuesta a penetrar en el cielo por un camino de nubes. En la riqueza que el pincel del Greco ha utilizado en la armadura del caballero observamos como el artista ha dejado a un lado la sobriedad.
A la diestra, el señor de Orgaz, es sostenido por San Agustín, uno de los Padres de la Iglesia engalanado con rico ropaje litúrgico. La imagen que de él ofrece la Iglesia es la de un anciano con barba y báculo, atributos que en esta ocasión no lleva, y capa.

Un cura con roquete, el cura que celebra el responso y los personajes que portan la cruz  procesional completan los personajes de la primera fila.

En cuanto a la fila de caballeros cada cual tiene su propia expresión. Unos siguen el rito   funerario con interés y otros no. Entre ellos se encuentran clérigos, nobles y letrados y casi todos  se corresponden con personajes contemporáneos.

El cordón umbilical que sirve de vínculo de unidad entre el cielo y la tierra,  es el alma eterna del señor de Orgaz,  simbolizada en un feto transportado hasta el cielo por las manos de un ángel, mediante  una especie de vulva materna que le alumbrará  luz a la vida perpetua del cielo. La muerte se transforma así en un alumbramiento que camina hacia la luz eterna en donde tienen su morada los santos. Un compromiso lleno de dolor y a la vez colmado de esperanza.

La parte superior del lienzo detalla la vida feliz de los que han alcanzado la gloria de Dios. Manifiesta un Jesucristo celestial, lumínico, ataviado de de albino, exaltado como  juez de vivos y muertos. Hacedor de la  existencia y de la memoria de los hombres.

Su justicia es misericordiosa como lo demuestra su rostro sosegado y su diestra que señalando a Pedro, jefe de su iglesia, le indica que abra las puertas del cielo para el alma del conde difunto.
María, madre de Jesús, recoge de amorosa el alma del difunto. En este nacimiento a la vida perdurable, Dios encomienda a María la misión de ser madre. Ella es para los cristianos el rostro maternal de Dios.
Surgen, también,  personajes como: San Pablo, Santiago el Mayor, Santo Tomás, Felipe II,  María Magdalena, Marta, Lázaro, entre otros.

En este emplazamiento se percibe la solemnidad del momento representada por un ambiente nublado. Las imágenes corresponde a poetas y artistas y las formas acrecienta la perfección de lo moderno en extremo. La tonalidad fría y al mismo tiempo fuerte y resplandeciente del color y la luz indican la pertenencia a otro espacio.

Cabe reseñar que la parte  terrenal y celestial, se distinguen  perfectamente ya que el  Greco ha interpuesto entre ellas un símbolo de unión entre los dos planos, un crucifijo que preside el entierro.
La obra está ejecutada en plana madurez artística del Greco, por lo que algunos autores la valoran como la obra maestra de toda su pintura. Posee una disciplina arquitectónica y una unidad supina pese a la dificultad de su ejecución. En ella podemos observar todos los elementos del estilo manierista: figuras alargadas, cuerpos vigorosos, escorzos inverosímiles, colores brillantes y ácidos, uso arbitrario de luces y sombras para marcar las distancias entre los diferentes planos, etc.

Al dar cabida  a personajes reales coetáneos suyos convierte el lienzo en la primera pintura de retrato colectivo de la historia del arte español. Otros estudiosos han querido ver en esta obra una composición clásica: los caballeros, perpendiculares  en la tierra, serían el pilar  de un atrio; sobre ellos, un frontón triangular que estaría compuesto por las nubes que convergen en el vértice del Padre.

El cuadro presenta  influencias tanto de la pintura italiana “Santos Entierros de Cristo” de Tiziano como del pensamiento del momento y la obra utópica e poética de  de la gloria celeste desde lo alto.

Resulta curioso que el señor de Orgaz  esté pintado una lujosa armadura y no cubierto con una sencilla mortaja o hábito de mendicante. Como también es extraño, que gracias al manierismo, no coexista profundidad en la escena, y o tengamos ni suelo, ni fondo ni conocimiento exacto de donde se representa la escena.

Por su parte la luz sólo existe en la parte superior, en la inferior, esta  luz proviene de las vestiduras.
Debido a que la pintura no se movido de su lugar apenas ha sido necesaria su conservación por lo que sólo a sufrido tres restauraciones en 1672, 1943 y  1975.

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