Tiempos de amar, tiempos dificiles

Desde hace algunos meses las ciudades vienen engalanándose para celebrar la Navidad con rutilantes bombillas de colores

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Objetivo CLM - Lucía Ballesteros
Lunes, 22/12/2014 | Opinión | Nacional

Desde hace algunos meses las ciudades vienen engalanándose para celebrar la Navidad con rutilantes bombillas de colores. La Navidad es tiempo de esperanza, de amar, pero también tiempo de nostalgia, de reabrir aquellas heridas que ya creíamos cerradas por el paso del tiempo, de tiempos difíciles.

 

 No corren buenos vientos en muchísimos hogares españoles afectados por la crisis material unos y por crisis de valores otros. Hemos convertido el día a día en un ring de boxeo, pero a esas personas que se empeñan en poner solución a los problemas a base de vituperar al que tiene cerca de sí, recordarle que en el boxeo no pierde el que se cae sino el que no se levanta y por ello hemos de hacer todo lo posible para superar las barreras que nos pone la vida y seguir adelante.    

 

Porque no se trata de cosechar a tontas y a locas para que luego el resultado no sea el deseado, no debemos negar que a veces no nos gusta aquello que hemos sembrado simple y llanamente porque no nos hemos parado a pensar en lo que deseábamos sembrar y hemos recogido lo que merecíamos por no haber sabido seleccionar la semilla a sembrar.

 

Toda crisis sea cual fuere su identidad tiene tres fases: una solución, una fecha de caducidad y una enseñanza para nuestras vidas. Porque si abrimos la mente a nueva idea, jamás volverá a su tamaño original. Así  con el esfuerzo de todos podremos salir adelante, no somos árboles y por ende si no nos gusta donde estamos  podemos movernos para cambiar a mundo mejor.

 

Es cierto que el hombre se puede equivocar muchas veces, pero no se convierte en un fracasado hasta que empieza a culpar a los demás de sus propios errores. Ser prepotentes nos hace fuertes un día; pero ser humildes nos hace fuertes para siempre.

 

Para salir adelante hay que caminar al unísono, sumar esfuerzos, el esfuerzo sólo alcanza su recompensa tras habernos negado a ser  vencidos. Las transformaciones no resultan difíciles de hacer, lo que realmente cuesta es ponerse en disposición de hacerlas. Y si alguien cree que los esfuerzos individuales nos traerán progreso, bienestar cae en un gran error.

 

Como decía Madre Teresa de Calcuta: “ Yo hago lo que usted no puede y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas”.

 

No examinemos la  Navidad como un momento o una estación, sino como estado de la mente. Demos valor a la paz, una oportunidad a la generosidad y aprendemos a comprender el auténtico significado de la Navidad. Guardémosla en nuestro corazón durante todo el año y ofrezcámosla día a día a nuestros semejantes con la mejor de nuestras sonrisas.

 

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