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    Lucía Ballesteros Ruiz
    Critica Social

Las reglas del juego hay que respetarlas

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Lucia Ballesteros Ruiz. "El Rincón de Casandra"
Lunes, 11/08/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Sucesos, Sociedad, Salud, Cultura, Ciencia, Tecnología, Economía, Opinión, Deportes, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía

Es de suponer que en todos los países democráticos existe una fórmula legal para que sus representantes juren o prometan sus cargos. Pero como España, según el lema turístico, es diferente, aquí cada uno elige a su gusto que para eso somos más demócratas que los propios griegos, padres de la Democracia.

 

Y hete aquí que nuestros cincuenta y cuatro eurodiputados, Dios nos asista, han jurado o prometido su cargo, cada cual según le ha venido en gana. En el Génesis del hombre queda ya aquel formato de: “Juro por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de…… con lealtad al …” y  aquella respuesta tan llena de dramatismo y solemnidad: “Si así lo hiciereis Dios y la Patria os lo premien, si no, El y Ella os lo demanden”.

 

Así pues, nuestros flamantes Eurodiputados han convertido su juramento o promesa en un circo. Los seis eurodiputados de Izquierda Unida  han  prometido la Constitución "como republicanos" y "por imperativo legal"; solo les ha faltado como adorno musical, de fondo, La Internacional.

 

Los dos candidatos de Ezquerra Republicaba de Catalunya, lo han hecho también "por imperativo legal".

 

 La candidata del PNV, Izaskun Bilbao, ha dicho que sólo acataba, a lo que la Junta Electoral ha respondido: alto la caballería que hasta aquí hemos llegado. Ni vale ni puede ser. Y como hay que volver a repetir la lectura del texto, me solidarizo con los anteriores y digo aquello de “por imperativo legal”.

 

Los eurodiputados del PP se han inclinado por mayoría jurar la Constitución y los del PSOE  por prometerla.

 

La guinda del pastel, como no podía ser de otra manera, la ha puesto Pablo Iglesias que ha prometido acatar la Constitución “hasta que los ciudadanos la cambien para recuperar la soberanía”. La número cuatro de la lista Lola Sánchez ha prometido acatar la Carta Magna "como instrumento para devolver la soberanía a los pueblos" y el ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, se ha decantado por el clásico "sí prometo".

 

Y toda esta mascarada ha contado con el beneplácito de La Junta Electoral Central.

 

Olvidan los Eurodiputados en general y Pablo Iglesias en particular, pues no en vano es profesor de Universidad que cuando un alumno responde mal a una pregunta formulada en el examen o responde de forma distinta a lo que se le ha preguntado se le suspende  esa pregunta.

 

Y con semejante ramillete de flores enviadas al Parlamento Europeo hemos hecho buena la frase de  Arnold J. Toynbee: “ El peor castigo para quienes no se interesan en la política, es ser gobernados por quienes sí se interesan”.

 

Pablo Iglesias ha debido pensar, recién aterrizado en el Europarlamento, que no debemos creer en los milagros, que es mejor pedírselos a él , porque cuando ve su grandeza se pregunta si Dios dejó algo para los demás. Y  como buen experto en comunicación, puso en escena su mensaje ante el resto de Eurodiputados, lástima que  el Presidente interino del Parlamento Europeo le llamara la atención en varias ocasiones para que diera por finalizado su discurso, y el señor Iglesias en vez de hacerse el español se hiciera el sueco.

 

Recuerde el campeador de la soberanía popular, de la libertad y de la democracia que el Parlamento puede hacer muchas cosas, pero debe hacerlas respetando las reglas que lo rigen, porque como dijo Samuel Jonson “ Se puede tener por compañera la fantasía, pero se debe tener como guía a la razón”.

 

Acuérdense, así mismo, todos los políticos el discurso de Pericles.” Nuestra política no copia las leyes de los países vecinos, sino que somos la imagen que otros imitan. Se llama democracia, porque no solo unos pocos sino unos muchos pueden gobernar. Si observamos las leyes, aportan justicia por igual a todos en sus disputas privadas, por el nivel social, el avance en la vida pública depende de la reputación y la capacidad, no estando permitido que las consideraciones de clase interfieran con el mérito. Tampoco la pobreza interfiere, puesto que si un hombre puede servir al estado, no se le rechaza por la oscuridad de su condición”. 

 

No se puede decir que seamos un ejemplo a seguir. Pobre Pericles, ¡si levantara la cabeza!.

 

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