La locura cobra sentido de mano de Edgar Allan Poe

La locura es, a veces, el único resquicio donde el ser humano revela su propia esencia y así, despojados de prejuicios, es posible atisbar un halo de cordura en estado puro que esconde nuestra verdadera identidad

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Objetivo CLM - Alba Expósito
Lunes, 27/10/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Sucesos, Sociedad, Salud, Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología, Economía, Opinión, Deportes, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía, Fiestas | 1 comentarios

La locura es, a veces, el único resquicio donde el ser humano revela su propia esencia y así, despojados de prejuicios, es posible atisbar un halo de cordura en estado puro que esconde nuestra verdadera identidad.

 

Edgar Allan Poe pasea por las calles de la vida de puntillas, intentando sobrevivir desde el momento de su nacimiento en Boston en 1809, fruto de la relación entre dos actores itinerantes, hasta su temprana muerte en 1849, cuando fallece en extrañas circunstancias en plena calle a causa de un delirium tremens. En el tránsito hacia la muerte que supone la vida de Edgar Allan Poe, éste fue víctima de desprecios y le costó ser reconocido como escritor, situación que, quizás, provocó la caída de Poe en el mundo del alcohol.

 

Esta vida llena de sombras es imprescindible para que hoy podamos deleitarnos con los cuentos que Edgar Allan Poe escribió y que, sin duda, reflejan en cada uno de sus párrafo el mundo interno del autor que, además de encontrar tinta para su pluma en su propia imaginación, procuró conocer bien las corrientes de la literatura gótica en su cuna inglesa y la literatura romántica de misterio alemana.

 

“El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato, y cuya voz delatora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!”

 

Este fragmento de El gato negro refleja un tema muy recurrente en distintos cuentos de Edgar Allan Poe; la culpa. En este relato el autor recrea los momentos previos antes de cometer un asesinato, cuando el narrador y autor del crimen mortal planea asesinar a su nuevo gato, que le trae recuerdos de su anterior mascota, otro gato llamado Plutón a quien sacó un ojo en un momento de ira al ser mordido por el animal y, posteriormente, afligido por el sentimiento de culpa, ahorcó en la rama de un árbol para no tener que someterse más a la tortura de ver al gato herido todos los días, recordándole su desafortunada hazaña.

 

Cuando al fin toma, el protagonista, la decisión de matar al gato con un hacha, su esposa se interpone, asombrada por el acto que iba a cometer su marido, quién, preso de la rabia, termina por clavar el hacha en la cabeza de su mujer, cuyo cadáver oculta tras una pared hueca de gruesos ladrillos, sita en su propio domicilio.

 

La clave del relato se encuentra justo en los dos párrafos finales, en los que la locura, provocada por la mala conciencia, sumerge al protagonista en una serie de alucinaciones en las que comienza a escuchar los maullidos del gato tras la pared donde se ocultaba el cadáver, lo cual le lleva a descubrir ante las fuerzas de seguridad y demás presentes el secreto que se ocultaba tras los muros.

 

Esta dicotomía vigente en los relatos de Poe nos presenta una lógica dentro del misterio y terror que envuelven la atmosfera de sus cuentos; es decir, la razón se encuentra presente también en sus ilusorias creaciones. Algunos autores, entre los que se encuentra Nietzsche, afirman que Poe fue preso de un eterno infantilismo que le empujaba a escribir esta serie de desdichas, reflejando siempre un rincón de su alma y su personalidad.

 

La controversia es el contexto de este autor, que fue escritor preferido de grandes personajes de la Historia, como Stalin o Kafka, que sostenía que “Poe escribió cuentos de misterio para sentirse a gusto en el mundo.

 

El corazón delator, con ese sentimiento de culpa vigente, Retrato Oval, El tonel de amontillado, Manuscrito hallado en una botella. Todos estos títulos, junto a muchos otros, se sitúan en la colección de cuentos que escribió Poe en su corta vida.

 

El contenido y la calidad de escritura que se plasma en estos relatos han situado a este autor en la cumbre de la Historia de la Literatura Universal, siendo sus cuentos, hoy día, un referente del género y pudiendo encontrar, no solo distintos volumen dedicados a su faceta como escritor o a sus propios textos, sino también multitud de cortos y películas que se basa en el argumento de muchas de sus obras.

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