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    David García
    Historiador y Bloguero

Estamos perdidos

Estamos perdidos
Estamos perdidos
David García Huertas
Jue, 16/05/2019 | Opinión | Región

     Elecciones pasan y elecciones llegan, primero decidimos sobre el futuro nacional, luego decidiremos sobre el futuro europeo, comunitario y local. Sobre un revestimiento de papeletas y un puñado de escaños se escudan los líderes, unos líderes que parecen no entender el mandato social.

       Ando leyendo algo sobre el entorno social previo a la Guerra Civil y los inicios de ésta. Siendo sincero encuentro puntos similares, pero también algún punto diferenciador, no está mal, aunque es un poco triste.

     En primer lugar encuentro diferencia en la manera de proceder, todos, ambos bandos, se enfundaban en la bandera de la justicia para ajusticiar de manera vil al contrario. En la actualidad esa parte, y menos mal, la hemos suprimido, por lo menos en algo hemos evolucionado para bien. Sin embargo en la manera de hacer política hemos vuelto a caer en la tentación y el problema no reside sólo en los políticos, sino en los ciudadanos que no hacen por donde erradicar esa política. Me explico. La manera de acusar vilmente y con dedo acusador al contrario de supuestos sin pruebas, la manipulación de pruebas para desprestigiar al rival político, así como la colaboración de determinados entes hacen que a pesar de la luz de la Transición esta manera de hacer política depravadamente se haya perpetuado. Lo triste es que a pesar de contar con herramientas suficientes como para poder contrarrestar la manipulación los ciudadanos y su holgazanería han sido y son cómplices de una determinada corriente de noticias falsas o como se dice hoy en día fake news. Hace más de ochenta años que un ciudadano fuese proclive a seguir la corriente popular y no contrastara era algo normal, ni las herramientas estaban y la alfabetización era escasa o nula, lo triste es que el miedo social hagan cómplices a la sociedad más alfabetizada en cómplice de todas las mentiras vertidas.

        No tienen la menor culpa los políticos, pocos quieren solucionar los verdaderos problemas, todos piden algo que al final no están dispuestos a cumplir. Si los independentistas piden diálogo y el Gobierno no le da diálogo entran en cólera, pero si el Gobierno le da diálogo tampoco lo quieren pues es el principio del fin de una tesis sin recorrido. Sin embargo han sido los sucesivos Gobiernos los que con dinero han alimentado la enfermedad y con la mano dura del 155 sólo ha incrementado exponencialmente un sentimiento. Sin embargo la realidad es que es inexplicable la no aprobación de Iceta como senador, mejor dicho es una oposición a la única figura que puede actuar como agente mediador entre Madrid y Barcelona, pero de mediar correctamente se le acabaría la tesis tanto a los independentistas como a los acérrimos de la mano dura en Barcelona. Cada uno es las decisiones que toma y la historia se encarga de poner a cada uno en su sitio.

      Es sano discutir entre vecinos, familiares e incluso entre hermanos, pero lo bonito es aparcar los rencores y reconocer en aquello en lo que nos equivocamos. Sin embargo parece ser que eso no es algo que entiendan los políticos. El afán por tensar la cuerda nos llevó a una guerra, sinceramente no creo que vuelva una guerra, pero son determinados políticos los que no quieren acabar con el problema, son ellos los que quieren enfrentar a unos ciudadanos con otros, el único motivo es seguir subido en un barco que genera muchos beneficios económicos. Para eso deberíamos estar nosotros, aquellos que vivimos de nuestro trabajo y no de la política, para informarnos, contrastar información y por supuesto tener un juicio crítico que vaya más allá de los sentimientos y nos acerque más a la razón.

      El ser humano debe de empezar a tomar conciencia de que cada decisión que toma tiene su repercusión en la sociedad y en la política, tanto en el presente como en el futuro, pero para ello no  debe olvidar el pasado ni los orígenes. Sin eso estamos perdidos.

     El hombre es lo que ha hecho. Al intentar definir quién es una cualquiera, lo que tenemos que hacer es definir qué es lo que esa persona ha hecho, porque en ese quehacer ha forjado eso que es. (Torcuato Fernández-Miranda, 1951)

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