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    David García
    Historiador y Bloguero

Legalidad y legitimidad

Legalidad y legitimidad
Objetivo CLM - David García Huertas
Jue, 19/07/2018 | Opinión | Ciudad Real

      Fue Adolfo Suárez quien defendió ambos términos en el inicio de la Transición. Como bien describía él antes de las elecciones de 1977 tenía la legalidad de haber sido nombrado por el Rey como presidente, pero carecía de legitimidad democrática por no haber sido elegido por el pueblo. Con su decisión de presentarse empezaron los primeros díscolos sobre su figura. El propio Torcuato Fernández Miranda consideraba que no debía presentarse, pues la labor de Suárez debió acabar en la salida de las primeras elecciones. Suárez por el contrario creyó que tenía el deber de presentarse, a día de hoy yo considero que hizo bien, pues el conductor de la Transición guió la historia posfranquista hasta las primeras elecciones libres y debía estar presente, tal y como sucedió.

     Son muchos teóricos los que ponen el inicio del declive  de Adolfo Suárez en el año 1980, sin embargo todo parece apuntar a las elecciones de 1979. Una vez más Suárez contra todo consejo y contra todo pronóstico se presentó y ganó las elecciones. No fue nada al azar, simplemente él tenía la necesidad de verse refrendado en las urnas.

     Como bien decía, él era conocedor de la legalidad vigente de su cargo, incluso consideró estar en cierto grado legitimado por ganar las primeras elecciones, pero su proyecto de democracia no estaba legitimado. Con la Constitución recién aprobada Suárez necesitaba no sólo que el pueblo legitimara su figura, sino que legitimara su proyecto. Fue entonces,  cuando ganó en 1979, cuando sintió estar legitimado, tanto él como su proyecto.

       Cuando hablamos de la justicia pasa algo parecido. Nadie debe, y un servidor tampoco lo hará, oponerse a una sentencia judicial. España es un Estado de derecho con muchas virtudes y un sinfín de defectos, pero para ello están, o deberían estar, nuestros políticos, para subsanar los defectos. Pero es en ese acatamiento judicial obligatorio el que no debe de impedirnos que hagamos unas críticas de sus defectos. A pesar de que se haya publicado un manifiesto sobre las presiones o quejas en relación a la sentencia sobre la manada, no es menos cierto que la exigua libertad nos ampara en poder mostrar nuestro descontento.

      Cuando un día como hoy la noticia es que todos los miembros de la manada seguirán en libertad condicional, a pesar de que alguno ha sido sorprendido en un intento de renovar el pasaporte. Más allá de todo lo comentado en relación a la sentencia e incluso al descontento generalizado por la restauración de salario del militar implicado, algo que se diferencia mucho de aquellos que denunciaron la corrupción y los presuntos abusos internos, ambos excluidos y en gran medida silenciados, hoy tenemos el derecho de opinar, mañana la obligación de luchar para mejorar este tipo de situaciones.

      Estos chicos, con algún que otro problema judicial en otro lugar por el mismo motivo, a día de hoy tendrán la legalidad de estar en un principio en libertad condicional, pero no tendrán la legitimidad social. Quizás muchos piensen que la legitimidad no importa, que lo realmente importante es que están en la calle, pero no es cierto. Su abogado podrá debatir y rebatir cada postura, pero no es menos cierto que la sociedad no les ha creído, que ellos mismos han hecho comentarios y grabado vídeos que ponen de manifiesta una silueta social del ser humano que provoca aberración tanto para las mujeres como para los hombres que estas actitudes nos dan un alto grado de repulsión. Da igual el argumento, da igual las razones, no necesitan ni tan siquiera el perdón social, quizás el día de mañana cuando todos o simplemente algunos sean padres y vean la decepción de sus hijos quizás eso les hará más daño que nueve misérrimos años a la sombra por algo propio de bellacos.

       Quizás sólo sean el fruto de una sociedad que ha inculcado valores erróneos, donde parece ser que todo aquello que apetece debe ser saciado, otros adularán al género masculino, algo totalmente falaz, hay hombres que muestran su  rechazo sobre este tipo de actos desde el primer momento, incluso muchos apoyamos públicamente a las víctimas, así como yo muestro mi rechazo hacía ese tipo de conductas, no  sólo hoy, sino desde hace mucho tiempo llevo condenando este tipo de actitudes. O quizás y simplemente sea la actitud de unos niños malcriados que se creen que están por encima de todo y amparados por todos, pero la sociedad está cambiando.

     Hay quienes se subirán a un carro u otro, quienes estiraran hasta los extremos su postura, llegando a convertirse en radicales contraproducentes, así como los golpistas, con Armada a la cabeza intentaron estirar la Constitución al máximo para darle un marco legal al golpe. Pero la realidad es otra, la legalidad no da la legitimidad y ni los golpistas, en caso de haber triunfado, tendrían la legitimidad del pueblo español, ni la manada tendrá la legitimidad social de su libertad condicional.

      Muchos dirán que sólo son palabras utópicas, otros que son palabras radicales, otros simplemente considerarán este artículo como uno más, pero como árbol que resiste el huracán aquí estará una humilde columna para poner de relieve un punto de vista social, independiente y claro.

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