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Rafael Alberti

Rafael Alberti
Mié, 07/08/2013 | Opinión | Nacional

“…Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba...”

Rafael Alberti

“La paloma” Joan Manuel Serrat (Philips-1969)

Era una fría tarde de comienzos de  diciembre de 1988 en La Mancha; la cita era en la hermosa ciudad de Almagro. Una grabadora de cassette y una carpeta de cartón con algunas notas biográficas, eran  las armas con las que aquella tarde y tras acudir a su recital poético iba a enfrentarme a una de las escasas leyendas vivas de la Generación del 27. 

Medio centenar de personas ocupaban la estancia en la que el poeta brillaba con halo especial, su imagen era un claro cliché fácil de identificas, larga y abundante melena cana que asomaba ofuscada bajo su gorra y su habitual bufanda al cuello; me recordaba a Aristide Bruant en aquel cartel pintado por Toulouse-Lautrec. Completaba aquella imagen visual su fuerte complexión física a la que mi memora añade su voz desgastada por el paso de los años, sonaba casi como un lamento, como un rumor de mar que en triste latania recorría las líneas de aquellos versos compuestos durante una intensa vida sin olvidar su exilio en Roma, aquella etapa en la que sus poemas hablaban de gatos, “Roma y sus gatos” decía Alberti, “Cádiz y su luz”, decía Alberti, “el toro”, “la sangre”, “la tarde”, “las olas”, “el amar”… decía Alberti.

Acabado el recital, el poeta aceptó responder a mis preguntas, y como no podía ser de otra forma, le pregunté por aquella generación “única” y hablo con respeto y admiración de ellos del que más, Lorca; del que nada, Hernández; esto último me sorprendió y al preguntarle explícitamente por el pastor de Orihuela me respondió que en su opinión “Hernández era un poeta sobrevalorado”.

Al final de la entrevista tuve el pésimo gusto de preguntarle sobre la muerte, algo que morbosamente hacemos en “los medios” cuando el personaje entrevistado pasa de los 80 años; recuerdo que Alberti se reacomodo sobre la silla en la que estaba sentado y respondió con concreción a tan escabroso asunto, “…mire joven, eso es algo en lo que no pienso, cuando llegue, me marcharé y punto final”, “si le digo, que mi deseo, es que a mi muerte mis cenizas sean esparcidas por la bahía de Cádiz”.

Al concluir la entrevista le di las gracias y le ofrecí la carpeta en la que guardaba los apuntes, con el propósito de que me la firmara, y pese a mi impertinencia, el poeta tuvo el detalle de “amistosamente” decorarla con una de sus palomas.

11 años más tarde Rafael Alberti, moría a los años 96 años en su casa del Puerto de Santa María de Cádiz.

Nicolás Ramos Pintado-Periodista

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