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    David García
    Historiador y Bloguero

Pisando tierra firme

Pisando tierra firme
David García Huertas
Miércoles, 12/01/2022 | Ciudad Real | Ciudad Real | Portada, Opinión

       Las macrogranjas no son la solución, pero el problema es más complejo que todo lo que se dice y por supuesto un ministro no puede decir esas cosas de nuestros productos fuera de nuestro país.

        No son palabras mías, son palabras comunes de diferentes personas que se dedican a la ganadería tradicional.

      Más allá de la información que personalmente haya podido recabar, la realidad es que los datos aportados por el ministerio de consumo son una ciertos. Tanto especialistas como personas dedicadas al mundo del ganado coinciden que el resultado de una macrogranja es el incalculable daño que se hace al medio ambiente y que la calidad de la carne del ganado allí tratado es inferior. Acuíferos, tierra y aíre se ven maltratados por los resultados de la acumulación de ganado en un espacio tan pequeño. Sin embargo el problema es más complejo.

       Quería profundizar más en el tema, no quería quedarme con el análisis general y sólo con la realidad urbanita, por lo tanto decidí preguntar a pequeños pastores, sin duda alguna comprendí una cosa, el problema de que la política sea urbanita lleva al desconocimiento de los problemas reales. No lo digo por los datos empíricos de las consecuencias adversas de las macrogranjas, sino del conocimiento real del pequeño y mediano ganadero.

        Me decía un amigo que él tenía dos mil cabezas de ganado ovino y alguna cabeza caprina. Me comentaba que con ese ganado hace veinte o treinta años sería rico, pero que ahora para poder ganar un jornal normal, mileurista, tenía que tener tantas cabezas. Que el pequeño ganadero, unas doscientas o trescientas cabezas, ya se lo han cargado. No sólo por la competencia desleal de las macrogranjas, sino por las innumerables trabas e impuestos a la que son sometidos.

     Al final el que se beneficia siempre es la misma persona, el rico, quien tiene la tierra. Para que sea sostenible, según dice el ministro, la ganadería se necesitaría aproximadamente una hectárea por cabeza lo que provoca que el acceso a la tierra para el ganadero sea casi imposible. Antes las grandes fincas tenían su ganado, su agricultura… ahora la persona que es terrateniente adquiere una ayuda por la tierra, arrienda la agricultura, alquila la tierra para que pastemos con nuestro ganado y organiza días de caza por los que también recibe una remuneración. Además como nosotros, los ganaderos, recibimos las ayudas por ganado a través de la tierra se nos obliga a firmar contratos con terratenientes que también se llevan algo. Apenas hay terrenos comunales por los que podemos pastar, pues muchos de ellos están sembrados de pinos y diferentes árboles para reforestar.

       Si analizamos esto vemos que el problema de la pequeña y mediana ganadería es los innumerables problemas para su mantenimiento. Quizás hubiese que dar las ayudas por cabeza de ganado directamente a los ganaderos y así ellos poder tener la libertad de arrendar una finca u otra sin que el terrateniente tenga tanto poder negociador. Facilitar el pasto por tierras comunales y aliviar la presión impositiva sería el camino a seguir. Incluso dentro de las subvenciones que reciben los terratenientes por la tierra debiera existir una cláusula que obligue a dejar una zona común para que se pueda pastar.

        Ya no estamos hablando sólo de si es buena una ganadería u otra, ese debate está superado. Los datos reflejan que donde hay macrogranjas hay desolación, pero el problema es el de siempre en la historia. La tierra está en manos de “cuatro” y como siempre, antes nobleza y ahora terratenientes se aprovechan de ello y ahogan a los plebeyos. Ese es uno de los principales problemas de la política actualmente. El desconocimiento del mundo rural. No hablar con las personas que día a día viven en pueblecitos pequeños y que tanta luz pueden aportar. Todo queda en discusiones entre alfombras que sólo conocen una realidad superficial.

       Me da mucha tristeza porque aun sabiendo que el ministro lleva razón en lo que decía no aporta soluciones porque al final el campo seguirá siendo de los mismos señoritos de siempre y como me dijo mi amigo: David las macrogranjas no son la solución, pero hay gente que acaba comprando una parcela de determinadas hectáreas, las estabula y ya está porque la tierra está cara y en manos de cuatro, pero a nosotros nos atraca el señorito que nos arrienda la tierra para el ganado, el Estado, los precios cada vez más bajos, a excepción de este año, aguantamos que nos traigan borregos de otros lados con menos control sanitario y más baratos. Esto no es sostenible tampoco.

      Tras muchos días reflexionando porque tenía la necesidad de hablar del tema, pero informandome, me gustaría decir que lleva razón el ministro Garzón, las macrogranjas bajan la calidad del producto, contaminan y no es la solución, lo dice él y los profesionales de la ganadería. Sin embargo le pediría soluciones a todos los problemas planteados.

      Más libertad de la tierra para ellos, más ayudas, más control al abuso de la tierra por los terratenientes, más control del ganado que importamos para vender en España y que también es una competencia desleal a nuestros ganaderos, y por supuesto, hablen bien de nuestros productos.

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