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    David García
    Historiador y Bloguero

Llámenme clásico

Llámenme clásico
Objetivo CLM - David García Huertas
Vie, 03/08/2018 | Opinión | Región

     Un día te levantas y enciendes un cigarro, andas en dirección al trabajo o la universidad, te cruzas con muchas personas, quizás sean robots, te preguntas, todo parece pre configurado.

     Lo fácil es que a continuación de esta introducción desarrollara un extenso cuerpo, éste formado por letras y palabras con el único fin de atacar la robotización social de las personas. Pero no. Cuando la sociedad tiene un determinado comportamiento, así como el conjunto social actúa de determinada forma, es consecuencia directa de ciertas actitudes o actos.

     Ninguno tenemos la solución, de ser así seguro que ya se habrían solucionado muchos problemas. Éstos suelen ser muy complejos de solucionar y un problema social es más complejo aun. No es más complejo en sí mismo, sino porque requiere la implicación directa de todos y cada uno de nosotros.

     Lo difícil es hacer autocrítica sobre nuestra responsabilidad social como causantes del problema.

      Muchos lectores estarán pensando a ver a qué parte quiero llegar, es cierto, hasta ahora sólo se está dando una declaración de intenciones. El punto a donde quiero llegar es al de la crítica fácil que existe sobre el exceso del uso de la tecnología en la vida del niño y de la juventud. Móviles, tablets, ebook, ordenadores… todos muy útiles y ya necesarios, pero utilizados en exceso no deja de ser un vicio y como tal pasa a ser algo negativo en la persona en concreto y en la sociedad a nivel general.

     ¿Son los niños y jóvenes los culpables? ¿Tienen algo de culpa los familiares? ¿Y los profesores y el ámbito educativo? Muchas más preguntas pueden surgir, pero sólo expongo y presento estas tres. Considero que estas cuestiones abarcan todo o casi todo el ámbito social y educativo de un/a niño/a y es el entorno quien marcará el devenir del niño y/o adolescente.

     La primera cuestión la responderé en último lugar. Empecemos con el entorno familiar. La familia tiene un papel primordial en la concienciación y/o posible adicción de la tecnología.  No es de recibo que constantemente se manifiesten quejas al respecto si no hay una labor interna detrás.  No es justo. La educación de un/a niño/a no puede hacerse a través del móvil. Para comer, móvil. Para jugar, móvil. Que quiero dormir un rato y el niño no se está quieto, móvil. Así un largo etcétera. Si desde el primer año de vida de una persona ve el uso del móvil para todo no necesitará relaciones personales, creerá que el móvil lo es todo.

     Es por eso que hay que incentivar más el juego entre niños, algo que también servirá para saber trabajar en equipo en un futuro, tanto en los estudios como en la vida profesional.

      En conclusión se puede destacar que la falta de autocrítica, así como la comodidad que da el móvil, en un futuro tiene las consecuencias que luego tanto se detestan.

     Respecto  a la enseñanza hay que promover el uso de éstas en casa, como servicio complementario. Nadie puede negar de la eficacia de las tecnologías a la hora de un mayor progreso educativo, pero debe de incentivarse el uso fuera del aula. Volver a la toma de apuntes manuales, así como respuesta a clases robotizadas donde el profesor dicta y los alumnos copian en modo secretario, en algunos casos sin comprender lo que apuntan. No es necesario anotar todo, debe de aprovecharse la clase atendiendo y tomando las correspondientes notas, para luego en el lugar de estudio, mediante manuales y el ordenador, elaborar unos apuntes de altura. En caso de duda al día siguiente el profesor la resolverá, pero ya se llevará un trabajo realizado que ayudará a dar mayor calidad a los estudios cursados.

     No hay que engañarse, esto es difícil de conseguir. El motivo parece obvio y reside en que lo fácil es dictar, que los secretarios copien y que en el examen escriban los apuntes dictados como el loro que repite las palabras de su dueño sin comprenderlas. Así pues, los jóvenes creen que todo se hace a través del ordenador, perdiendo capacidad de transmisión, perdiendo calidad de oratoria y liderazgo de equipo, pues al final nadie sabrá trabajar en equipo, nos creemos que el mejor equipo es el creado a través del ordenador y vemos equipos que apenas se conocen, creen que son un equipo, pero sólo son un grupo de personas que trabajan cada cual por su objetivo, que pude ser común, pero no existe cohesión sino se trabaja físicamente.

      La propia culpabilidad de la juventud y/o la sociedad en general es la principal y no podemos escudarnos en externalizarla y escurrir la culpa. Aunque el caldo de cultivo nos incite más a las relaciones cibernéticas, aunque hayamos sustituido los libros por los ebook, el papel y boli por el teclado del ordenador, ya las citas se han diluido por largas y estériles conversaciones por WhatsApp. A pesar de todo eso los culpables son quienes se refugian en las tecnologías para evitar el contacto físico.

     Por todo esto es necesario establecer un equilibrio social. Sin renegar de las tecnologías, que nos ayudan a alcanzar un grado de madurez social mayor, se debe empezar a educar, estudiar y actuar con más empatía social, sino sólo seremos robots que nacen, crecen y mueren.

     Llámenme clásico, pero invítenme a una copa, una cena, al cine, establezcamos una buena conversación, no por WhatsApp que en gran parte son infructuosas, denme un libro que pueda oler, tocar, anotar, que en definitiva me haga sentirme completo y no un frío ebook.

      No caeré en el engaño, todo es necesario en algún momento, pero no perdamos la esencia de la humanidad.

     Conquistemos corazones y no aplicaciones.           

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