La cultura política

Miguel Ángel Manrique | La Escalera Política
Lunes, 14/03/2016 | Nacional | Portada, Cultura, Política

No hace mucho, anduvimos, una vez más, al borde de destruir todo signo de inteligencia entre dinamiteros de derechos fundamentales disfrazados de libertad de expresión y aquellos que, ante la adversidad y las arrugas que te da la vida, prefieren borrar éstas de un plumazo, a sabiendas que están condenados a repetir la misma adversidad y cubrirse de las mismas arrugas, no más tardar, lo que el tiempo disponga.

El caso es que quiero, en este artículo, hacer uso de la libertad de expresión de los primeros y por qué no, quedarme más a gusto que un ocho como aquél diría. Estos días de vértigo que vivimos están haciendo olvidar a nuestra clase política o, más bien, a una clase de políticos, que si estamos aquí y somos como somos es precisamente por nuestra historia. Tras la última embriaguez y éxtasis del éxito conseguido en cuanto a la reducción del IVA cultural, una nueva ley de mecenazgo y pactos educativos por doquier, déjennos saborear dicho éxito pues no estamos acostumbrados. No dejo de observar cómo la cultura, esa gran puñetera tan difícil de alcanzar y tan escurridiza de mantener, es una de las grandes olvidadas por nuestros políticos y lo que es de tela marinera, por medios de comunicación tan politizados que, de seguir así, no van a valer ni para limpiarse uno salva sea la dicha parte.

Precisamente, en una de esas paradas que hace uno a media jornada para echar el café de la mañana, o de medio día según se vea, ojeo el periódico o lo que sea La Tribuna y entre la fallida sesión de investidura y las maravillas laureas del gobierno de turno local decido pasar, directamente y sin anestesia, a la página de cultura, y digo -la página- porque en eso quedaba, a una cara y gracias. Cuál fue mi sorpresa cuando esperando ver algo interesante sobre una nueva exposición acerca de López Villaseñor o el libro que acaba de publicar Mario Vargas Llosa voy yo y me encuentro con algo que para este “periódico”, por supuesto, era mucho más importante difundir y que manda tela, no era otra cosa que no se qué de la Colau. Manda cojones que algo como la cultura sea maltratado de esta manera, violado por grandes usureros, como diría aquél, con tanta desvergüenza que nos la están robando en pequeñas dosis, poco a poco, convirtiendo el saqueo en algo normal. Obviamente y debido a mi interés por la Colau, que roza prácticamente lo nulo, no pude más que lanzar aquella bazofia donde procedía, eso sí, espetando un “que puta mierda” que, he de decir, no lo dijo mi boca sino mi alma.

Pues en esta estamos, en un robo a mano alzada de algo tan nuestro tan fundamental como la cultura por parte de nuestros políticos y nuestros medios de comunicación. Aquellos que ahora se las dan de políticos cultos, que han leído a Marx de arriba abajo ¡incluso la introducción y el lomo!, quieren igualmente robarnos algo que es parte fundamental de nuestra cultura y de nuestra vida, nuestra historia. Como suele decirse “pueblo que olvida su historia, pueblo destinado a volver a repetirla” y henos aquí que si estamos en estas yo no voy a ser menos y así espero arda en las entrañas del infierno la Capilla Sixtina, el Museo del Prado o el gabacho Louvre y todo lo que allí contengan, así pues, a la espera quedo de que vuelva otro Miguel Ángel, Leonardo, Velázquez, Quevedo o Delacroix porque puestos a elegir yo prefiero repetir aquella historia. Claro que otros, la izquierda más ramera, prefieran repitamos otros capítulos y volvamos a darnos de mosquetazos y cuchilladas entre hermanos. Por lo pronto voy a ir quemando mi volumen de “El Quijote”, así arda el condenado, a la espera de la vuelta del manco de Lepanto, que esta nueva España, sin duda necesita.

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