El bebé descansa

Imagen: El bebé descansa
Miguel Ángel Manrique | La Escalera Política
Lunes, 25/01/2016 | Nacional | Portada, Opinión, Política

Sé que este artículo puede parecer fuera de actualidad, especialmente por la cantidad de pactos y estrategias que tenemos sobre la mesa política, pero aun así considero que no puedo dejar pasar la ocasión de plasmar aquello que pienso acerca de este tema.

El primer día de trabajo en el Congreso ha cumplido con creces las expectativas de aquellos que vaticinaban una nueva forma de política, una nueva manera de hacer las cosas. Creo que esto es algo que la mayoría sabíamos pero, evidentemente, dentro de este grupo de pensamiento de nueva política existen multitud de diferencias, tanto en teoría como en praxis.

Aquellos que consideraban que la nueva política iba a ser una máquina de proponer ingeniosas soluciones que a nadie antes se le había ocurrido, o una forma de dialogar como en tiempos de Aristóteles no se hacía o, incluso, una nueva vía por la que adoctrinar a la vieja política, que otra forma de hacer las cosas mucho más moderna, elegante y sin acritud era posible, se equivocaban. Aquellos que pensaban que esta nueva política no va a durar mucho tiempo, que es otra de esas modas pasajeras que el sistema consumista y globalizado actual previamente provoca y posteriormente aniquila, igualmente no pueden estar más equivocados. Y digo esto porque hemos asistido a un poco de todo en esta primera sesión constitutiva; desde la más rancia vieja política como el más incomprensible modernismo vanguardista en la forma de actuar de algunos de los nuevos.

El primer día de Congreso de la XI legislatura ha demostrado que ambas posiciones de razonamiento, la nueva y la vieja política, necesitan una reflexión mucho más profunda. Lo que se ha visto en la sesión constitutiva de la Mesa del Congreso ha sido catalogado por muchos como un circo al que todos fuimos invitados y sin necesidad de comprar entrada ni esperar cola. Otros, indignados, han gastado tinta y papel a raudales alzando las manos por la decisión de la diputada de Podemos. Sinceramente, planteando una reflexión más analítica y moderna acorde con lo que hemos pedido a los nuevos partidos creo que se pueden sacar muchas y buenas conclusiones de lo ocurrido en este primer día de trabajo para nuestros diputados, si se es capaz de tener el suficiente tino analítico y crítico sin caer en lo obvio y casi populista.

Que la diputada de Podemos, Carolina Bescansa, acudiera al hemiciclo con su bebé y estuviera de tal guisa hasta que acabara la sesión constitutiva abraza el postureo más moderno que conocemos y que, en mi opinión, ese no es, precisamente, el discurso moderno que se les exige. Digo postureo puesto que no existía necesitad obligatoria de ello ni se encontraba en tal situación de necesidad como para tener que cargar con el pequeño sin más remedio, máxime cuando ya estaba planeado de antemano, a modo desafiante y que terminó cumpliendo. Pero, más allá de lo que nos pueda parecer, otras líneas han considerado que preocuparse por eso cuando existen imputados por corrupción unos asientos más allá, no es lógico. Es cierto, y el tema está abierto para cualquiera que quiera debatirlo pero, en mi opinión, ninguno de los dos aspectos es de recibo ni puede justificarse de ninguna de las maneras, y rechazar el primero no implica que se exhorte el segundo, como el segundo no puede ser el precedente para incitar al primero. Creo que ambos quedaban fuera de lugar y contexto y tanto para bebés como para imputados los escaños de el Congreso está fuera de lugar.

Lo cierto es que se ha gastado mucha tinta y muy valiosos minutos radio-televisivos en argumentaciones que poco valor político poseen. Que la mesa se haya constituido de la mayor pluralidad posible a iniciativa de la formación de Rivera, y que por primera vez el presidente de dicha mesa no coincida con la lista más votada no puede pasar a un segundo plano y posee tal importancia que ningún otro tema trivial es digno de atraer mayor atención que el propio desbloqueo del sistema institucional.

Igualmente he de mostrar mi mayor desprecio al debate surgido en torno al aspecto de algunos de los nuevos diputados del congreso. Comentarios como el de la señora Celia Villalobos están tan fuera de lugar como son innecesarios, aunque dependa del enfoque y pueda derivar en una broma de mal gusto e innecesaria. Si queremos una España moderna no podemos centrar la actualidad política en debates de “discutible” aspecto o insustancial postureo pues tan absurdo es mantener una postura como la contraria. Einstein, Beethoven, Miguel Ángel o Rembrandt no fueron muy dados a la etiqueta y ya quisieran muchos de los actuales diputados y aquellos aduladores de tópica temática haber compartido un solo minuto con tan dignas genialidades, pues quien desprestigia a alguien acerca de su aspecto sepa que puede ser igualmente desprestigiado por el primero. Es por ello por lo que pido volver a centrar el debate político en aquello que nos ocupa en esta nueva etapa y obviar aquello insustancial que no aporta ni soluciones ni es digno de tan histórico cambio.

Volviendo al inicio de este artículo, coincidiremos que el comienzo de esta nueva legislatura no va a dejar indiferente a nadie y esto lo estamos viviendo de primera mano estos días, en los que todos estamos pendientes de una investidura que no termina de concretarse. De una partida de póker donde todos se han descartado pero ninguno es capaz de mostrar sus cartas. La política tiene sus plazos y los ciudadanos han elegido diálogo, una especie de “arréglense ustedes y busquen lo mejor para nosotros que ese es su trabajo”. La cordura debe pasar por la proposición de cambio, por la búsqueda de soluciones, la transparencia y una regeneración democrática que abra, de nuevo, las puertas del Congreso al común de los ciudadanos y esto se pone de manifiesto cuando se antepone absolutamente todo, incluso el reparto de sillones a lo anteriormente dicho. Es por ello por lo que es tiempo de trabajar en silencio y no hacer mucho ruido pues el bebé descansa.

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