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Los exvotos de la ermita de Santa María de Alarcos

La palabra exvoto es un término culto procedente del latín que designa al objeto ofrecido a Dios, la Virgen o los Santos como resultado de una promesa y de un favor recibido. Es decir, una promesa materializada en un objeto

Santa María de Alarcos, cuyo santuario se encuentra a 8 kilómetros de Ciudad Real.
El camarín de la Virgen de Alarcos guarda  una gran cantidad de exvotos colgados en las paredes Entre los exvotos expuestos se encuentran reproducciones de cera de manos, piernas y cabezas Trajes de novias, comuniones y bautizo se encuentra entre los exvotos de la Virgen de Alarcos
Emilio Martín Aguirre. Historiador
Martes, 30/05/2017 | Ciudad Real | Región, Ciudad Real, Guadalajara, Toledo | Portada, Sociedad, Opinión, Cultura, Turismo, Gastronomía

La palabra exvoto es un término culto procedente del latín que designa al objeto ofrecido a Dios, la Virgen o los Santos como resultado de una promesa y de un favor recibido. Es decir, una promesa materializada en un objeto. El exvoto, para definirse como tal, ha de tener las siguientes notas diferenciadoras: Ha de ser público, o sea dar a conocer el favor recibido, haciendo constar las circunstancias y datos que permitan conocer la acción benefactora obrada por un ser sobrenatural. Los textos que acompañan frecuentemente a las tablillas o notas votivas se expresan en términos como "para memoria", "en acción de gracias ofrecí ponerle este recuerdo", "este cuadro testimonia lo ocurrido", etc., pero es que la intención divulgadora queda ya implícita en el uso para el que se destinan. Las ofrendas se hacen para ser expuestas en los altares de las imágenes benefactoras, en los camarines, las paredes o los techos de las ermitas y santuarios, y para que todos los devotos puedan reconocer las actuaciones milagrosas.

El exvoto ha de tener, así mismo, una relación con la persona que ha recibido el favor y el suceso portentoso que lo motiva. Y así el exvoto describe el hecho milagroso y los datos personales del beneficiario, o bien es una réplica del miembro o la parte del cuerpo sanada, o un objeto perteneciente al oferente, o incluso, un retrato del beneficiario. En cualquier caso la ofrenda votiva tiene un carácter de representación que la diferencia de las ofrendas monetarias o de otras formas indiferenciadas como las lamparillas, el aceite, las velas, y más aún de las donaciones sacrifícales destinadas; a ser consumidas. De aquí deducimos una tercera característica y es el deseo de permanencia, de pregón perpetuo de los poderes sobrenaturales de una determinada imagen.

Una de las formas más comunes, aunque no la única, de estrechar las relaciones personales con los seres sobrenaturales es la promesa, una de cuyas expresiones concretas es el exvoto. La promesa nace del ser necesitado, se dirige a la Divinidad y termina en el hombre; éste cumplirá lo prometido una vez que ha recibido el favor solicitado. El cumplimiento de la promesa está asegurado por sanciones, socialmente admitidas, de orden natural o sobrenatural. De esta forma se trata de llamar la atención e influir sobre quien tiene poder, para desviar o dirigir los acontecimientos humanos, es decir Dios, la Virgen o los Santos. La relación puede quedar rota, aunque sólo sea temporalmente, caso de no recibir el favor solicitado. La actuación de los seres sobrenaturales esperada por el hombre es frecuentemente de carácter milagroso, y supera, por tanto, el límite de la capacidad humana y anula el desarrollo lógico de las leyes naturales. Hay que hacer la salvedad de que la aceptación como milagro o hecho milagroso es subjetiva y no implica que la Iglesia lo reconozca como tal.

En síntesis, podemos afirmar que exvoto es todo objeto ofrecido públicamente a un ser sobrenatural como respuesta a un favor recibido y cuya donación había sido prometida anteriormente.

Hasta el primer tercio del siglo XX, los exvotos abundaban en los templos. Cada ciudad o pueblo tenía una o varias imágenes a las que ofrecer lamparillas, velas o exvotos. En las capillas, ermitas o santuarios de nuestra geografía provincial abundaban los exvotos que se habían ido colgando en las paredes. Muchos de ellos con el paso del tiempo, han ido desapareciendo a consecuencia de los cambios pastorales que han visto esta práctica como poco edificante, aunque el código de Derecho canónico en el párrafo segundo del canon 1234 dice: “En los santuarios o lugares adyacentes, consérvense visiblemente y custódiense con seguridad los exvotos de arte popular y de piedad”. Este párrafo supone no sólo la conservación de símbolos religiosos de interés artístico, sino la defensa de estas manifestaciones religiosas.

En nuestra ciudad la escalera del camarín de la Virgen del Prado estaba llena de exvotos hasta los años setenta del pasado siglo XX que desaparecieron.

La Ermita de la Virgen de Alarcos guarda en su camarín, una rica colección de exvotos ofrecidos a la Virgen como acción de gracias, que se conservan sin duda porque esta ermita nunca estuvo directamente administrada por la autoridad eclesiástica, sino por nuestro Ayuntamiento.

Entre la clase de exvotos allí expuestos nos encontramos de diferente clase. Hay exvotos de objetos personales. Entre estos se encuentran los ofrecidos por motivo de enfermedades, que son útiles o prótesis usados durante la enfermedad y al acabar ésta, se ofendan como acción de gracias. También dentro de este tipo se encuentran las ropas y adornos personales ofrecidos en razón de una promesa, como trajes de primera comunión, boda y bautizo.

También encontramos exvotos de partes de cuerpo, los más usuales consisten en cabello humano como las trenzas, que son de especial carácter para el oferente, que daba una parte muy preciada de su anatomía, pues al largo tiempo necesario para obtener unas trenzas hermosas hay que añadir que antaño el pelo largo gozaba de una gran importancia.

Por último hay una gran representación de exvotos de cera que son reproducciones de piernas, manos y cabezas.

Actualmente es más difícil de encontrar exvotos porque esta costumbre se va perdiendo, pero la Ermita de Alarcos nos recuerda esta cristiana costumbre que nos parece lejana en el tiempo y que por la desacralización de la sociedad prácticamente ha desaparecido.

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