La igualdad como seña de identidad

Marian Mur
Presidenta de la Asoc.  Profesional  de Agentes de Igualdad de Castilla La Mancha.

M. Ángeles Mur Nuño. Presidenta de la Asoc. Profesional de Agentes de Igualdad de Castilla La Mancha
Jueves, 27/03/2014 | Región, Puertollano, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional | Portada, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Salud, Sociedad, Sucesos, Medio Ambiente, Turismo, Gastronomía | 3 comentarios

En este mundo tan globalizado, tan estandarizado, donde todos estamos conectados y donde las redes sociales y las modas se encargan de homogeneizar y de matar cualquier seña de identidad, resulta difícil contar con un elemento que nos distinga de los demás.

Ese elemento diferenciador, esa distinción, esa seña de identidad es difícil de encontrar pero quien la tiene destaca como un diamante en el desierto o como una estrella en el Universo.

Cuál es ese elemento de distinción que te aparte de las corrientes manipulables. En el mundo virtual donde parece que todos somos iguales porque disponemos de los mismos recursos y herramientas para aparecer, dejar huella, vendernos y hasta aniquilarnos.

En un lugar donde vale igual el que tiene cuentas en los paraísos fiscales como el que solo dispone de un euro para comprar una hamburguesa en un Mc… o en el king. Solo hay que tener un acceso a internet y ya está abierta la ventana. Y qué decir de las modas que igualan y someten a todas a los cánones del momento. El mismo uniforme la misma imagen y la misma envoltura, casi la misma criatura.

Pero la distinción radica en el compromiso. Solo unos pocos están llamados al compromiso, social, al compromiso total con la sociedad.

Esa enorme responsabilidad que recae sobre las espaldas cuando descubre que estás llamado a ayudar y defender a los que no reciben un trato adecuado por cualquier razón,  y que por ser diferentes, se les coloca en una posición de vulnerabilidad e indefensión y una presa fácil para piratas y malhechores.

En esas me hallo en el mundo de las desigualdades sociales, un mundo real, utilizado en multitud de ocasiones como arma arrojadiza entre el personal político y comodín para ajustar cuentas cuando el gasto público se dispara.

Paso el día 8, y la semana de actos y demás folklores entorno a la celebración del día de la mujer, y como tantos años se escuchan todo tipo de voces y la repetida frase de ..Hemos avanzado pero aún queda mucho camino por recorrer… que de tanto escucharlo entra verdadera ansiedad y cansancio.

Mientras tanto se cierran centros públicos dedicados a la mujer, se agudiza la brecha salarial, aumenta el paro femenino, y siguen las mujeres tirando del carro del cuidado de familiares, hijos/as y progenitores. Muchas de ellas siguen dejando sus títulos académicos colgados en las paredes de la cocina, a juego con los azulejos.

Nos levantamos con algún maldito caso de violencia de género, y lo triste es que pasa a ser parte del repertorio de noticias a las que estamos acostumbrados a recibir casi de manera cotidiana.

A estas alturas todavía sigue sin calar el mensaje, todavía no ha penetrado en la ciudadanía, no se puede tener una sociedad con cada vez más desigualdad, y si esto sigue ocurriendo es por la falta de modelo, el ejemplo que se muestra desde gobiernos y el sistema no es el apropiado.

La distinción es el ejemplo, el compromiso, no podemos exigir a los demás lo que no nos exigimos a nosotros mismos. Esta forma de vivir, este estilo de vida es el que marca, el que deja huella, una seña de identidad, que te ayuda a ser mejor persona y a escuchar las voces que la mayoría no escuchan.

El lenguaje que se suele utilizar es rico pero traidor, los discursos están llenos de adornos retóricos pero no son acompañados de profundas realidades. A este mundo solo se puede llegar por dos vías: la de tu propio caso real o porque dispongas de la capacidad de empatizar con las personas a las que has tenido que atender o escuchar y que para ayudar antes debes entender.

Ese el camino y no otro. La convicción es la clave, la convicción en la igualdad esa es la verdadera seña de identidad.

 

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