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José Manuel González de la Aleja Sánchez-Camacho | Abogado
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Se trata de prostitución

Se trata de prostitución
Jose Manuel González de la Aleja Sánchez_Camacho

“Me dijeron que iba a trabajar en una peluquería”. Esa fue la frase del testimonio de una mujer nigeriana víctima de la trata de seres humanos a los que obligan a prostituirse una vez llegan al país de destino. No voy a hablar de trata de blancas, mujeres, niñas, etc. Lo haré sin ningún tipo de distinción de género; es algo mucho más serio, ya que hablamos de humanidad, al menos, desde la parte legal se reconoce por las Naciones Unidas la igualdad entre los seres humanos y, por ello, no es un problema aislado de un colectivo, sino una realidad latente que nos afecta a todos de alguna manera. Aunque ya lo dice el refrán: “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Esta nueva esclavitud que atempera nuestro siglo, dista en gran medida de la que se llevaba a cabo en pasadas épocas. Los esclavos que hacían la ruta desde África, allá por el siglo XVI o XVII hasta otros continentes para ser forzados a trabajar; separados de sus familias, amigos, pueblo, cultura y todo aquello, que a una persona de andar por casa, como la que escribe; nos resulta habitual, cómodo y gratificante.

Ahora bien, “esto no ocurre en nuestros días”; únicamente se trata de engañar a personas en condiciones personales paupérrimas para forzarles a trabajar, separándoles de sus seres queridos y su arraigo cultural. Quizás, no sea sólo una cuestión de siglos o etapas, sino propio de la condición humana, el poder del fuerte sobre el más débil. De todas formas tengamos en cuenta una cosa muy importante, “vivimos en una sociedad civilizada”, superior a aquellos milenios dejados atrás. O al menos, eso nos dicen.

Esta es nuestra historia, cuando te toca de lleno el testimonio de una mujer nigeriana que ha sido engañada y amenazada, utilizando sus miedos para hacerla una esclava y ejercer el “oficio más antiguo del mundo”, haciéndole pensar que va a estar trabajando en una peluquería en un país de cuyo nombre no quiero acordarme, chupitos, flamenco y otras alegrías. Sin embargo, se encuentra con el muro de una realidad muy distinta a la que esperaba, fruto de la inocente ignorancia que les trae de la mano de hombres que aprovechan su situación de poder sobre ellas para forzarlas a prostituirse.

Trata-de-Personas-11.jpgLas convencen diciéndoles que van a tener trabajo, van a poder ayudar a sus familias; como si el cielo se abriera delante de sus ojos y la salvación estuviera de la mano. En nuestro caso, una vez que esta mujer estaba en el club con otras de su condición, se dieron cuenta de que no iban a ser peluqueras, limpiadoras, etc., sino que iban a trabajar en un “hotel” en el que tendrían que servir copas y alguna que otra actividad de índole sexual, que por su puesto, siempre sería a cambio de un módico precio.

Angustiada, en los primeros días los lloros eran frecuentes, un sentimiento de amargor y dolor se almacenaba calando profundamente en su interior. De todas formas, lo mejor de todo es que sin previo aviso, tenía una “deuda”, en torno a 50.000 euros, porque el vuelo desde Nigeria a algún país del norte de África, ya sea Marruecos, Argelia, Túnez o Libia, esperando su destino en un paraíso que nunca llegó, ni mucho menos iba a ser gratis. Así ocurre con otras 140.000 víctimas al año aproximadamente; con un volumen de negocio anual que sobrepasa los 3000 millones de euros.

De esta manera, después de informarle de la deuda contraída con el proxeneta; según su condición de mujer nigeriana, es coaccionada a obedecer, mediante amenazas a su familia o incluso a ellas mismas, en este último caso, aprovechándose de la ignorancia y creencias, mediante ritos de vudú (religión originaria de África occidental, que se caracteriza por practicar sacrificios rituales y por tener el trance como modo de comunicación con los dioses) haciéndoles pensar que les van a hacer algún tipo de daño.

En esta agonía se sumerge a muchos seres humanos en países desarrollados como el nuestro, debido a que la prostitución es un negocio muy lucrativo; la cuestión es: ¿Qué mecanismos tenemos para evitar la trata de seres humanos con fines de explotación sexual?

En primer lugar destacamos, que estos delitos son llevados a cabo por organizaciones criminales en su mayoría de casos. A destacar las mafias de Europa del este, América y África cuyo motivo principal es el gran beneficio que se obtiene de ello.

trata_seres_humanos.jpgEstamos hablando de una organización minuciosamente establecida para llevar a cabo el traslado de las víctimas desde su país de origen a un país desarrollado de destino, por lo que no escatiman en gastos, facilitándoles cualquier tipo de documentación falsa que sea necesaria para su llegada a los prostíbulos.

En este estadio del proceso, tienen un papel muy relevante las fuerzas y cuerpos de seguridad en las zonas fronterizas de cada país que se comprometa a luchar contra la trata de seres humanos. De todas formas, en la mayoría de ocasiones pasan este filtro y ya una vez en destino, bien porque alguna de las mujeres denuncie su situación con un valor meritorio, o bien, sea la investigación de las fuerzas del orden la que posibilite el enjuiciamiento de este tipo de delitos. Estas son las vías por las que se suele “levantar el velo” de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.

Recordemos que estamos hablando de crímenes que vulneran los derechos humanos, por ello tienen un papel destacado los compromisos de los diferentes países, tanto a nivel mundial a través de las Naciones Unidas mediante la Organización Internacional para la Migraciones, como por parte de la Unión Europea, como organización que nos toca más de cerca.

z_arts--page-15-Rodin,-he-c.jpgPor otro lado, a nivel material nuestro conjunto normativo recoge en el Código Penal las consecuencias que llevan aparejadas este tipo de conductas, por parte de las organizaciones criminales o de individuos que las llevan a cabo; ya que hablamos de que el delito se concibe dentro de la situación de superioridad, empleando la violencia, intimidación o engaño, aprovechando la vulnerabilidad de la víctima para forzar a esta persona a mantenerse o ejercer la prostitución que en caso de ser sistemática la comisión de este tipo de delitos, como es el caso. Debido a que estas organizaciones criminales continuamente mediante una red de contactos distribuye por el globo a las víctimas, ello supone la imposición de una pena de prisión que oscila entre los cuatro a doce años y multas de doce a veinticuatro meses, según la víctima sea mayor o menor de edad; ya que se trata de crímenes contra la humanidad, siempre atendida la gravedad de los hechos.

De todas formas ya lo hemos dicho al principio, vivimos en una sociedad civilizada de cuyo nombre no quiero acordarme, aderezada con chupitos y flamenco. Con todos los respetos. Somos personas acostumbradas a una realidad imbuida en una burbuja de falso idealismo que nos hace ignorantes de aquello que no tenga que ver con el consumo de bienes materiales de cualquier naturaleza, únicamente de vez en cuando las imágenes desgarradoras de la situación de necesidad de personas con menor fortuna en su nacimiento que la nuestra, nos hacen reaccionar frágilmente.

Por eso, es muy sencillo hacer oídos sordos a otra realidad suburbial muy presente en nuestros días, que cada vez por desgracia tiene un mayor arraigo y es que, el negocio del sexo está generando esclavos que andan por las esquinas esperando pagar sus deudas con el yugo que otros de su misma especie les han impuesto degollando por completo la ilusión de toda esperanza de ayudar a sus familias o salir de un ambiente de absoluta pobreza. Ahora bien, quizá sean pobres de bolsillo y no de corazón, pero qué más da, si como decíamos al principio; “ojos que no ven, corazón que no siente”.

“La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza” George Orwell (1903-1950) escritor y periodista británico.

Comentarios

José Manuel, y lo podemos

José Manuel, y lo podemos tener aquí al lado.
Viví años en Madrid. Un día en en tv dieron la noticia de que la policia habia clausurado un taller clandestino donde explotaban a orientales. ¡Y estaba en mi misma calle!
Interesante articulo.

Gracias por tu comentario

Gracias por tu comentario Fidel. Así es, son las típicas realidades que no nos resultan aparentes por desgracia.

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