José Manuel González de la Aleja Sánchez-Camacho | Abogado
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Las nuevas fronteras, de Berlín a México

Las nuevas fronteras, de Berlín a México
Jose Manuel González de la Aleja Sánchez-Camacho

Hace ya treinta años de uno de los grandes acontecimientos de nuestra historia más reciente. La caída del muro de Berlín. Símbolo de la guerra fría y de los últimos movimientos geopolíticos tras la Segunda Guerra Mundial. Fue construido en 1961 y hasta el 9 de noviembre de 1989 fue el obstáculo entre la cultura norteamericana liberal preponderante en occidente y la comunista de la Unión Soviética, sirviendo no sólo como frontera económica, sino como barrera que separaba a familiares, amigos y demás seres queridos entre la Alemania oriental y occidental.

Hace unos días se celebró su aniversario, pero nos podemos preguntar en que ha cambiado nuestro tiempo respecto a los efectos de esta frontera impuesta por el hombre en el conflicto “congelado” de la guerra fría en la última mitad del siglo XX.

La actual Unión Europea (en adelante UE) tiene una política fronteriza que debemos dividir en su vertiente interior, que hace alusión a las establecidas entre sus países miembros y aquellas exteriores, que se circunscriben a las situadas en las líneas fronterizas con terceros países. Para las primeras, en 1985 se firmó por cinco de los diez Estados miembro de la antigua Comunidad Económica Europea el tratado internacional de Schengen sobre política de gestión común fronteriza, siendo posteriormente ampliado y llegar a estar compuesto actualmente por veintiséis países europeos, conformando así el espacio Schengen. Este tratado ha facilitado el tránsito fronterizo entre los países firmantes del acuerdo y a su vez, también ha servido como cauce de intercambio de información, ofreciendo una mayor cooperación policial y judicial.

En otro orden, las fronteras exteriores de la UE han padecido cambios acelerados desde 2015. Antes de que se desencadenara la crisis humanitaria de los refugiados en Europa, únicamente tres países habían levantado vallas en sus fronteras exteriores: España, Grecia y Bulgaria. Esta evolución se ha visto incrementada tras los desembarcos de migrantes del mar Mediterráneo y los solicitantes de asilo de forma indiscriminada. También se han levantado barreras con terceros países como Marruecos y Rusia. Todo este actuar se encuentra en un limbo legal, ya que el tratado internacional de Schengen no regula el establecimiento de barreras en aquellas fronteras exteriores al espacio Schengen.

En Estados Unidos de América, este tipo de flujos migratorios no autorizados han traído como consecuencia el levantamiento de muros en sus fronteras al igual que en Europa, se pretende así llevar a cabo un control cuantitativo de la inmigración y a la vez acabar con la irregularidad, haciendo gran hincapié el actual presidente Donald Trump en una política fronteriza altamente restrictiva en su frontera con México y aquellos nacionales de origen musulmán. Hemos hablado de una selección cuantitativa de la inmigración, aunque también la política de fronteras de ambas potencias se ha encaminado a la cualitativa en cuanto a los trabajadores respecto a su nacionalidad y credenciales para el empleo. Sin olvidar la influencia del miedo a los ataques terroristas de origen internacional.

Pero, ¿qué motivos tendrán los inmigrantes para intentar cruzar nuestras fronteras?

En el caso español, contamos con la misma diferenciación que hemos hecho anteriormente al describir la política fronteriza de la UE conforme al espacio Schengen. Las fronteras con el resto de países miembros se encuentran abiertas, al tener que ofrecer a los ciudadanos europeos un espacio de libertad, seguridad y justicia sin barreras interiores.

Sin embargo, los crecientes intentos de cruce de fronteras nacionales desde terceros países está generando la necesidad de refuerzo mediante el incremento de la presencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad, así como la sofisticación de las propias vallas mediante la instalación de dispositivos de video-vigilancia y demás tecnología para el control de la zona, originando en los últimos años el aumento de los controles en las fronteras con Marruecos. Siendo este y el cruce del mar Mediterráneo desde África, el foco principal de acceso de inmigrantes ilegales. De partida, observamos que la política fronteriza actual difiere por completo de la anterior, respecto a la lucha entre las potencias más destacadas del siglo XX por imponer su sistema social y económico, hemos llegado a la actual frontera que tiene una fundamentación de control de la inmigración ilegal y no una connotación de marcada competencia económica.

Es un hecho cierto que la crisis inmigratoria requiere una política contundente, que salvaguarde al mismo tiempo los derechos de los inmigrantes como de los nacionales de los estados anfitriones. Aunque tras esta conclusión se me vuelve a venir a la cabeza la pregunta que me hacía en un inicio: ¿qué motivaciones tiene el inmigrante para dejar su país y adentrarse en un mundo desconocido con anhelos de prosperidad?

No es nada fácil tratar este tipo de crisis humanitarias, generan un pulso entre los intereses internos de cada Estado de nuestros países desarrollados y aquellas organizaciones internacionales como la UE a la que pertenecen. De todas formas, si estamos atendiendo a un efecto pendular en el que no hace más de una década la frontera parecía algo arcaico con una visión en el pasado, en la actualidad desgraciadamente se han convertido en una cuestión vital. Tal vez, para la correcta aplicación de la política fronteriza, debamos cohesionar tanto el factor de control estadístico y material, con el factor humano. Aunque, ante todo, quizás sea bueno preguntarnos: ¿por qué estas personas han dejado su hogar y nosotros tenemos una consolidada prosperidad?

“Todo lo que nos irrita de los demás, nos puede ayudar a entendernos a nosotros mismos” Carl Gustav Jung (1875-1961) médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo.

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