Trasiegos después de la vendimia

Por Juan Carlos Muñoz Pinilla

Juan Carlos Muñoz Pinilla. Objetivo CLM
Viernes, 29/11/2013 | Ciudad Real | Portada

Otra vendimia ha tenido lugar y, como el marino que hace la ronda de guardia, supervisando que todas las estachas están como deben, el enólogo y su bodeguero dan una vuelta por la bodega, comprobando los depósitos. Primero los de la nave nueva, luego los autovaciantes, que este año ha habido que utilizar como almacén de vino terminado; a continuación pasamos a la otra nave y desde allí salvamos la distancia que separa los depósitos pequeños de los grandes, o sea los de millón y millón y medio de litros. Subiendo por las escaleras de caracol que rodean el perímetro exterior, llegamos a la parte superior de los depósitos. Abrimos la tapa de cada uno y olemos el vino que contienen. Afortunadamente, todo está a pedir de boca: los vinos están ya terminados, los blancos huelen a fruta fresca, los varietales han adquirido ya unos aromas tropicales y cítricos, pero aún están cerrados y ahora habrá que empezar a trasegarlos con el fin de limpiarlos de impurezas. Los tintos aún no han terminado la fermentación maloláctica (que consiste en que las bacterias lácticas degradan el acido málico, transformándolo en láctico, más suave y con aromas, más de de panadería, más lácteos…) Por lo demás, todo está como tiene que estar.

 

Desde lo alto de la bodega se ve la sierra y, al pie de ésta, las suertes de azafrán, que son los terrenos destinados a este tipo de cultivo, que se remonta al 1600 ó 1700 a.C. Me comenta mi bodeguero que este año, en esta zona de la Mancha, se ha dedicado más terreno al azafrán que otros años. Para reunir un kilo de azafrán se necesitan más de 260.000 rosas de esta flor. Esta especie está conformada  por los pistilos, y son lo único que se aprovecha. El “oro rojo”, que se mide en libras (unos 460 gr) y onzas (unos 28 gr), se extrae con mucho cuidado para después secarlo en tamices puestos boca abajo sobre unas brasas suaves de fuego de leña. La dificultad de la recolección, la monda y el secado es lo que explica el precio tan elevado del producto, aproximadamente unos 3.000 euros el kilo. Mientras hablamos de esto, seguimos catando más depósitos y terminamos la ronda fijando un día para tomar un buen arroz aderezado con el azafrán de la zona… Lo haremos en el hogar de la bodega, con leña de olivo, y lo acompañaremos con vinos de este año: blancos airén, verdejos y algún sauvignon. Para los tintos aún habrá que esperar un poco, así se irán afinando y para entonces ya habrá empezado otra recolección, la de la aceituna. Entonces volveremos a subir a los depósitos y abrir los tanques para comprobar de nuevo que todo está en orden…

 

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