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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

"Todas las mañanas cuando leo el periódico..."

“Todas las mañanas, cuando leo el periódico

Me asomo a mi agujero pequeñito.

Fuera suena el mundo, sus números, su prisa,

sus furias que dan a una su zumba y su lamento.

Y escucho. No lo entiendo” (…)

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Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Lunes, 12/01/2015 | Nacional | Portada, Sociedad, Opinión

“Todas las mañanas, cuando leo el periódico

Me asomo a mi agujero pequeñito.

Fuera suena el mundo, sus números, su prisa,

sus furias que dan a una su zumba y su lamento.

Y escucho. No lo entiendo” (…)

 

Como el poema de Gabriel Celaya. Así me siento. Como una ardilla asomando el hocico por el hueco de su árbol descubriendo el mundo ajeno a su mini universo de ramas y cortezas: confusa, extrañada, sin entender nada, dando mil vueltas a un porqué sin responder… Tanto sufrimiento por un dibujo. Por un dibujo.

 

(…) “Los hombres amarillos, los negros o los blancos,

La Bolsa, las escuadras, los partidos, la guerra:

Largas filas de hombres cayendo de uno en uno.

Los cuento. No lo entiendo.

 

Levantan sus banderas, sus sonrisas, sus dientes,

sus tanques, su avaricia, sus cálculos, sus vientres,

Y una belleza ofrece su sexo a la violencia.

Lo veo. No lo creo.” (…)

 

Me cuesta creer en el ser humano y sus bondades ante estas barbaries, me enfada, me enrabieta, me revuelve, me abate, me invade la impotencia. Entonces, me siento delante del ordenador, enciendo un cigarrillo (lo sé, debería ser el propósito número uno de este año, pero como ya avisé en el artículo anterior, hace tiempo que abandoné la idea de redactar lista de propósitos por practicidad y ahorrarme disgustos), doy un sorbo a un poleo menta aún caliente, decido escuchar a John Lennon para reconciliarme con el mundo, cierro los ojos y, haciendo balance de esta semana surgen tres palabras en mi mente: Dios, libertad, dibujo.

 

Dios. Jesucristo. Mahoma. Yahvé. Buda. Brahma, Visnú, Siva. Deidades Kami. No soy teóloga  ni pretendo echar un sermón dominical, tan sólo soy una pequeña ardilla que asomando su hociquillo por el agujero de su árbol descubre que existen infinitos dioses, tantos como religiones y como personas existen en el mundo y ninguno de ellos, ninguno, proclama el odio contra el prójimo. Ninguno. Al contrario, propugnan el amor fraterno. No soy teóloga ni pretendo serlo, pero basta leer la Biblia, el Corán o la Torá por cultura y curiosidad para descubrir que estos libros tienen infinitas interpretaciones y el peligro está en quien hace una interpretación amoral y contraria al derecho primordial y fundamental del ser humano: a la vida y su libertad. La culpa no es de la religión, es de quien hace mal uso de ella. Así de claro. No entraré en las virtudes y defectos de la religión, porque desde hace tiempo mi única religión es la de unos brazos que me abrazan, unas manos que me acarician, unos labios que me besan y, creer, como dice Lennon en su canción “God”, sólo creo en mí. Sí, en mí. Porque cada uno somos libres de creer en lo que queramos, como también lo somos para no creer… Porque somos libres.

Libertad es creer, hacer, vivir, actuar responsablemente de sus actos dentro de la sociedad respetándose a una misma y a los demás, siendo conscientes de los límites para no herir a los otros, porque bastan tres consonantes y cuatro vocales para pasar de libertad a libertinaje. Libertad es escribir lo que sientes expresándolo al mundo porque tus palabras se quedan cortas si las gritas y necesitas echarlas a volar anotándolas en un papel. Libertad es liberar los pies de unos tacones que duelen o desnudar un cuello de una corbata que aprieta. Libertad es la amiga de Mafalda. Libertad es dibujar con la misma emoción de un niño al oír de los labios de la maestra o del maestro: “dibujo libre”. No hay mayor libertad que dibujar lo que se quiere.

 

Esta conclusión o pensamiento comenzó a trazarse en mi mente como un boceto, desde el primer momento, desde el primer porqué.  Paradójicamente, esa misma tarde fue tomando forma en casa de un dibujante, mientras observaba en silencio y con emoción cómo trabajaba. Es indescriptible el mimo, la dedicación, la perfección, el cariño y la pulcritud con la que trataba sus dibujos. Es tan emocionante ser partícipe de ese momento tan íntimo, del proceso creativo de una ilustración, que sientes escalofríos de felicidad por la espalda al contemplar el grado de disfrute que está sintiendo esa persona mientras dibuja ajena a todo lo que le rodea, viéndola dibujar lo que quiere, expresándose libre… Eso es algo muy bello y sorprendente que te reconcilia con el mundo sin dejar de erizársete la piel.

Lo admiro. Admiro quien dibuja con esa pasión. Y con esa libertad, como la de un niño…  Nadie es quién para quitar esa libertad. Nadie.

 

 (…) “Yo tengo mi agujero oscuro y calentito.

Si miro hacia lo alto, veo un poco de cielo.

Puedo dormir, comer, soñar con Dios, rascarme.

El resto no lo entiendo”.

Y hablando de libertades, si me guardáis un secreto, os cuento uno… Una de mis pequeños sueños de libertad es bañarme en la Fontana di Trevi. Sí, como Anita Ekberg en “La dolce vita”, en esa película en la que se pierde por callejuelas romanas y al girar una esquina se topa con la fuente... O la fuente con ella (¿cuál de las dos quedaría más impresionada?). Ya, ya sé que hoy en día multan pero, hay noches en las que sueño que me pego un chapuzón en la Fontana, qué se le va a hacer… Los sueños,  sueños son. Los carabinieri que multen lo que quieran, dudo que lo hagan al fantasma de la Ekberg  y a mí por soñar con hacerlo. Y si sí, que nos multen lo “bailao”.

Ppd. Gracias, Manano. 

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