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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

La chica chocolate

A la hora del café matutino la mayor sorpresa que puedes llevar son unos bombones. Si son belgas, mejor

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Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Lunes, 02/02/2015 | Nacional | Portada, Sociedad, Opinión

A la hora del café matutino la mayor sorpresa que puedes llevar son unos bombones. Si son belgas, mejor. Y si además son un regalo, el “acabóse”. Como esta mañana al entrar en la oficina: entre “buenos días”, chascarrillos y risas apenas te percatas de un paquetito blanco que hay en la mesa. Ahí está, tan tímido y solitario, deseoso de que alguien le "metiera mano". Ay. ¿Quién puede resistirse a un bomboncito? Si probarlo  fuese pecado (estando en plena “Operación Bikini” puede considerarse como delito de primer grado), confieso que he pecado sin nocturnidad y alevosía… Ahí estaba esa sensación: morder un poco y jugar con el chocolate en la boca, dejar que se funda en el paladar, sentir cómo se va derritiendo en la lengua y cerrar los ojos mientras se degusta y suspirar un breve "mmmmmmmmm"... Orgásmica sensación. Y quedarte más feliz que una perdiz.
 

La gran variedad de chocolates que hay en el mundo pueden compararse con la variopinta tipología de personas que pueda existir, pudiéndonos encontrar con:

 

-100% puro cacao. Amargos y llenos de sabor.

-Chocolate con leche. Dulces y empalagosos, del que te pegas un atracón y acabas aborreciendo durante un tiempo.

-Rellenos de licor. Chispeantes y misteriosos si guardan una cereza dentro.

-Espesos. Los que sólo son digeribles si lo pruebas poco a poco y descubres que es una explosión de sabores.

-Los que se disuelven en leche. Prometen ser tan buenos como el chocolate espeso pero se quedan en nada (de los "Nesquik" ni hablamos).

-Chocolates con almendras y avellanas. Muy agradables al morder estos frutos, una mezcla muy atractiva aunque un poco conservadora.

-O atrevidos como el chocolate con menta. La mezcla dulce/amargo/fresco es impactante y seductora. Fascinante.

 

De todos ellos, elijo el chocolate con naranja, una sensación indescriptible de placer chocolatero. Si fuese de chocolate, elegiría ser una "bomba" de las que venden en la pastelería de la Plaza Mayor: una semiesfera bañada en chocolate brillante por fuera y esponjosa por dentro, de bizcocho de chocolate rellena de ídem líquido y mermelada de naranja… Con un toque de canela.

 

 

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