La vendimia

Jueves, 26/09/2013 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional | Política, Salud, Sociedad, Sucesos, Tecnología, Medio Ambiente, Turismo, Gastronomía

Ya  se puede oler el aroma del mosto fresco por los pueblos manchegos. La vendimia está ocupando el primer plano de la vida en casi toda la región, y no hay apenas caminos ni parajes en los que no se advierta algún rastro de su feraz materia prima.

Dice la jota: “Venimos de vendimiar de la viña de mi abuelo / y no nos quieren pagar / porque hemos roto el puchero (…) Si me quieres, dímelo / si no, di que me vaya / no me tengas al sereno / que no soy cántaro de agua.”

Artistas de todas las épocas han rendido homenaje al espectáculo de la vendimia. Quienquiera que la haya vivido de niño no la olvidará, por muchos años que viva. Y es que, como dijo el poeta,

“El vino fluye rojo a lo largo de las generaciones

Como el río del tiempo.”

 

La vendimia nos acompañará hasta bien entrado el mes de octubre. Después queda todo el trabajo en la bodega. Los mostos, con ayuda de las levaduras, se irán transformando en vino bajo la estrecha vigilancia del bodeguero, sin cuya inestimable colaboración no podríamos disfrutar de los buenos resultados del trabajo del viticultor durante todo el año. El viticultor dará un riego después de la recolección para que la viña se recupere del estrés a la que se ha visto sometida, y los vinos se irán trasegando para limpiarlos. Después los iremos seleccionando en función de su riqueza, de su extracto y de las necesidades de bodega.

Los vinos pasan por un proceso de estabilización biológica para que se mantengan sanos y saludables en el tiempo. Los blancos se afinan de manera natural y, según haya sido su proceso de elaboración, los podremos disfrutar hasta que llegue la siguiente añada. LOS TINTOS…

Hablaremos en los siguientes capítulos de los vinos de crianza biológica bajo velo de flor, los que se someten a envejecimiento muy prolongado y hasta después de unos años no salen al mercado, los blancos dulces y los espumosos. Precisamente ayer terminé una botella de blanco del 2006 y tengo que decir que no dejé ni los posos de la botella, porque estaba absolutamente delicioso, completo y sedoso.   

 

Por Juan Carlos Muñoz Pinilla

Enólogo

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