El ceramista daimieleño Vicente Carranza dona un Vía Crucis al convento de las Monjas Mínimas

Las catorce estaciones que conforman esta obra basada en una del siglo XVIII que ya expusiera el artista de Daimiel en una muestra en la Casa de Cultura en 1995, fueron bendecidos por el que fuera Deán de la Catedral de la Almudena, Antonio Astilleros

Domingo, 16/03/2014 | Daimiel | Ciudad Real, La Mancha | Portada, Cultura

Las catorce estaciones que conforman esta obra basada en una del siglo XVIII que ya expusiera el artista de Daimiel en una muestra en la Casa de Cultura en 1995, fueron bendecidos por el que fuera Deán de la Catedral de la Almudena, Antonio Astilleros, en la tarde del viernes.  Autoridades municipales, familia y amigos de Carranza no quisieron perderse esta puesta de largo del Vía Crucis que se ha ido confeccionando durante 18 años y se puede visitar desde ya en el convento ubicado en la calle Mínimas.

El que fuera Deán de la Catedral de la Almudena hasta finales de 2012, Antonio Astilleros, bendecía en la tarde del viernes el Vía Crucis que el ceramista Vicente Carranza (Daimiel, 1928) ha donado al Convento de las Monjas Mínimas de Daimiel.  La obra, compuesta por catorce pasos que a través de “trazos infantiles refleja el dolor del que ha estado sufriendo por nosotros y muere temporalmente”, está basada en un Vía Crucis del siglo XVIII que Carranza presentó en una exposición de sus cerámicas en la Casa de Cultura en 1995. Desde ese momento, aseguró el daimieleño en la puesta de largo de esta obra, tuvo claro que quería hacer una obra de estas características para ceder a perpetuidad a las hermanas Mínimas. “Recorrí los paramentos de esta nave, la austeridad de su barroco clasicista me hizo imaginar rápidamente la ornamentación de este Vía Crucis. Así, nació la idea de lo que hoy es una realidad”, comentaba muy emocionado. Estaciones como “La Verónica limpia el rostro de Jesús” (VI), “Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén” (VIII) o “Jesús muere en la cruz” (XII), son buena muestra del estilo sobrio y acorde con el convento que ha querido reflejar el autor en esta cuidada obra que se ha ido forjando a lo largo de 18 años.
Sin embargo, los primeros gérmenes de esta donación se remontan a mucho antes, a la infancia de Vicente Carranza que, aunque daimieleño de nacimiento, fue uno de los primeros emigrantes en marcharse de la localidad y llevar el nombre de Daimiel allá por dónde iba. “Nací en el primer tercio del s. XX en los aledaños de este monasterio de las Mínimas, pasaba por la puerta del convento varias veces al día y cuando podía me colaba. Los primeros sonidos que escuché en mi vida fueron las campanas de la iglesia. Fue tal la obsesión que a veces  me  esperaba para oírlas y después reanudaba mi paso”, recordó Carranza, que estuvo acompañado de su familia y también de diferentes autoridades del municipio encabezadas por el alcalde de Daimiel, Leopoldo Sierra: “Quiero agradecer el trabajo tan maravilloso que ha hecho Vicente Carranza por la localidad y también el empeño de la comunidad religiosa por haber permitido que esta obra de arte pueda ser expuesta y visitada por todos los daimieleños. Es una donación permanente  que le da una intensidad religiosa aún mayor a esta iglesia que cada día visitamos muchos daimieleños”, comentó el primer edil.
Vicente Carranza aseguró que “ni Daimiel ni este convento está en deuda conmigo. A los pueblos no hay que pedirles nada, al contrario, hay que darles mucho cariño”, del mismo modo quiso recalcar que “por mi avanzada edad esta es mi última aportación a la cultura de mi pueblo”. Un municipio que lo nombraba Hijo Predilecto en 1995, y que , como explicaba Leopoldo Sierra le está muy agradecido “Le honra la dedicación y el recuerdo continuo que tiene siempre hacia su pueblo, y siempre lo ha demostrado. Este Vía Crucís es una obra más que dice la talla personal de Vicente Carranza. Todos debemos estar muy agradecidos al trabajo y a un persona importante que lleva el nombre de Daimiel por dónde va”.
No es la primera obra de estas características a la que se ha enfrentado el reconocido ceramista. De hecho, Vicente Carranza cuenta en su currículo con seis Vía Crucis más, alguno de ellos recibe más de un millón de visitas de turistas al año. Tampoco es el primer Vía Crucis obra de Carranza que bendice Don Antonio Astilleros, que en su día consagró un vía crucis de bajo relieve de finales del S.XIX para la iglesia de Torroledones.
Por último, Vicente Carranza quiso agradecer la dedicación del convento en general y de la Madre Superiora en particular, Sor Rocío, por el constante contacto a través de carta para poder desarrollar este proyecto. “Queridas hermanas, mi familia os deja un recuerdo para que sea compartida con nuestro pueblo. Tenéis lo que más añoro yo para ser feliz, el silencio, la paz y el recogimiento para la meditación y el amor de este pueblo que siempre os ha demostrado. Os cedo a perpetuidad este Vía Crucis. Desde hace 18 años lo he estado perfeccionando diariamente”.

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