Banda ancha, pero blandita

El Foco de Emilio Hidalgo

Lunes, 07/10/2013 | Región | Portada

En los últimos días nos hemos encontrado con muchos temas, pero todos tan trillados que la actualidad se nos aburre en el procesador de textos. En España nos acostumbramos pronto a la ciénaga y parece que si nos quitan la corrupción ya no hay tema que cope la banda ancha de la información. Sin embargo hay muchas cuestiones, pero de corto recorrido.

El hecho de Baltasar Garzón se convierta en asesor legal de Picardo, alcalde con ínfulas de ministro gibraltareño, no deja de ser un dato curioso más. Garzón no quiere ser olvidado y si para ello tiene que ir contra los intereses de los pescadores españoles, pues sea. Espero que nadie olvide lo mucho que este hombre hizo en la lucha legal contra ETA, pero su inhabilitación, el formar parte de una candidatura política y algunas de sus últimas decisiones (o sus posicionamientos, si lo prefieren) están dejando una imagen del exjuez que parece estar más próxima a la del despechado que se alía con cualquiera para poner chinas en nuestro zapato.

Por cierto, déjenme que me quite el sombrero ante la jugada maestra del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, manifestando que ETA, como organización, ya no existe y no va a volver a existir. Ha sido un jaque mate en toda regla, no al terrorismo sino a los rivales políticos. Con semejante afirmación, el actual Ejecutivo, se apunta una medalla tan importante como haber sido el que anunciara el final de la organización terrorista. Ya no podrán hacerlo otros porque para eso tendrían que admitir que la organización ha vuelto a funcionar, lo que sería un error garrafal, o convencernos de que nunca dejó de hacerlo, cosa bastante complicada de lograr porque ETA, aquella ETA de tiro en la nuca y bombazo sangriento, estaba tocada de muerte desde hace años, según defendió ya el anterior Gobierno.

De todas formas, lo ocurrido hace un par de días en las costas italianas nos deja claro que no hace falta el terrorismo para provocar el mayor de los horrores. Un barco se hunde intentando llegar a Lampedusa y en menos de 24 horas pasamos de hablar de un centenar de víctimas a duplicar la cifra. Detrás de este drama se esconden mafias que se nutren de la desesperación; tipos sin escrúpulos que se adueñan de todo lo material que tienen una pobres gentes, desesperadas por alcanzar una nueva vida en un nuevo horizonte y a las que les hipotecan hasta los sueños. Eso cuando no los meten en una lata de sardinas rumbo a la tierra prometida, sin contarles que hay que hacer trasbordo en el infierno o en una tumba de agua.

Este tipo de sucesos no tienen una forma sencilla de ser evitados. Este tipo de mafias no tienen una forma sencilla de ser desarticuladas. Mientras existan dos mundos, mientras la diferencia sea, no país desarrollado o en vías de desarrollo sino, vivir o sobrevivir, seguirán existiendo mafias explotando esperanzas y cascarones robando almas.

Nadie puede hacer una reconstrucción de lo inhumano de nuestra especie; se pueden recrear sucesos cruentos y crímenes terribles, como el asesinato de Asunta, pero es difícil imaginar hasta dónde podemos llegar con tal de lograr nuestros objetivos. La muerte no es lo peor que aguarda a la vuelta de la esquina. Pero hay algo que tengo claro, espero que la crónica de lo que nos suceda no la tenga que hacer Mariló Montero. Que me perdone esta mujer, pero su uso del lenguaje es poco acertado cuando no una metedura de pata. El otro día, precisamente hablando sobre el asesinato de Asunta, una reportera entrevistó a uno de los hombres que hallaron el cuerpo, el cual refirió, que la posición del brazo de la niña había cambiado en los pocos minutos que pasaron entre que la encontraron y volvieron de pedir ayuda. Además, el movimiento parece imposible sin la ayuda de alguien. Con este panorama, Mariló empezó a especular y dijo que si la niña estaba en una zona con cuesta, quizá el desnivel o la gravedad habrían hecho que el brazo se moviera, pero que el movimiento que describía el hombre necesitaba de la colaboración de alguien. Posiblemente el asesino, parecía querer insinuar. Hasta aquí todo normal. Pero después añadió: “si acababa de ser asesinada, todavía está blandita”.

Querida Mariló, el cuerpo podía estar laxo, sin tono e incluso fláccido, pero blandita… Blandita está España cuando va teniendo conocimiento de lo que le pasó Asunta. Un cuerpo no está blandito, está muerto. Y si esperas un rato, dejará de estar “blandito”, pero no se va a poner ni duro ni tenso, sólo llegará la rigidez de la muerte o rigor mortis, el cual, tristemente, parece acechar al corazón de esta España que, sin corrupción, pierde la banda ancha de la información.

Emilio Hidalgo: Periodista Onda Cero Valdepeñas

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