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    Catalina Fuster
    Psicóloga y Coach

Yo no voy al trabajo a hacer amigos

Yo no voy al trabajo a hacer amigos
Catalina Fuster | Psicóloga y Coach | Objetivo CLM Noticias
Lunes, 21/11/2016 | Región, Ciudad Real | Portada, Sociedad

¿Cuántas veces habremos escuchado o dicho esta frase? Existe una creencia popular de que el lugar de trabajo es un sitio donde realizar determinadas tareas, por las cuales recibimos una retribución económica, más o menos ajustada. En una concepción del trabajo como algo obligatorio, forzoso, poco agradable, esta idea puede tener cierto sentido, pero en el siglo XXI, la concepción del trabajo ya va siendo otra cosa. Con todos los cambios que ha habido y sigue habiendo en nuestra sociedad, el trabajo tiende a ser entendido como una actividad de realización personal en la que expresar habilidades, capacidades y talento. A pesar de ello, hay una parte a la que se le presta poco cuidado y se le concede poca importancia, me refiero a las relaciones personales en los entornos de trabajo.

Realmente es muy difícil medir el dinero que cuesta que las personas que trabajan en un equipo (delegación, departamento, empresa,…) se lleven mal entre si, aunque no hay duda de que esas situaciones tienen un coste económico nada despreciable. Seguramente estaríamos de acuerdo en que una mala relación repercute en la productividad, además de que puede ser causa de absentismo y bajas. Es conocido el síndrome de Burnout, también llamado síndrome del quemado, que se define como un trastorno emocional vinculado al estrés laboral. Si tenemos en cuenta que el estrés es un factor subjetivo, está claro que no se trata de que un ambiente laboral sea bueno o malo per se, sino que lo será según lo perciba cada persona que forma parte del mismo.

¿Cuánto se cuidan los ambientes laborales? ¿Cuánto se interviene en resolver un conflicto entre dos o más personas cuando se detecta? Mi experiencia profesional me hace pensar que poco, muy poco. Sigue habiendo ausencia de conocimiento y de destreza en el manejo de los conflictos dentro de los equipos. Se espera que, cuando varias personas están en un conflicto, la buena voluntad de alguna de ellas, o la responsabilidad de la más comprometida, o incluso el miedo de quién pueda tener más que perder, sean los criterios que ayuden a hacer algo por el bien del equipo o de la empresa y a que, esa persona, maneje la situación de la mejor manera posible. En definitiva, un parche, una chapuza, que no hace más que agravar el conflicto, incrementar el estrés y ansiedad de alguna de las personas, o de todas, y que aplaza la explosión que, tarde o temprano se va a dar.

¿Qué se podría hacer para evitar esto? En primer lugar y sin ninguna duda, reconocer a las personas su trabajo bien hecho, los aciertos o aportaciones en positivo. En segundo lugar, tal vez fomentar más la idea de logros de equipo que personales, (cosa que puede ser difícil en los casos en los que se trabaja por objetivos individuales. Se pueden complementar con objetivos colectivos que sean verdaderamente importantes).  También sería bueno reconocer y fomentar la amistad en el trabajo, teniendo en cuenta que suele ser un lugar en el que se pasan muchas horas, estaría bien que la amistad fuese algo que estuviera bien visto en la sociedad. Y otro aspecto fundamental: optimizar la comunicación teniendo en cuenta la variable generacional, es decir, determinados conflictos se producen por la diversidad generacional en el trabajo. Es por eso que una comunicación ágil y que tenga en cuenta las percepciones y necesidades de cada generación es imprescindible para un ambiente con menos conflictos. Además de no ser ingenuos pensando que los conflictos desaparecen solos, esto casi nunca ocurre.

catalinafuster.com | Psicóloga y Coach

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