Investigadores de la UCLM explican en la revista Phisics Today el salto estratosférico de Baumgartner

En octubre de 2012 se lanzó en caída libre desde una altura de 39.000 metros batiendo varias marcas mundiales

Martes, 08/04/2014 | Castilla-La Mancha | Región | Portada, Ciencia

Para entender el significado de este coeficiente, explica el profesor Colino, “podemos recordar que los vehículos que desarrollan altas velocidades, como los aviones, son generalmente diseñados con un perfil afilado o ‘aerodinámico’,  que permite reducir la resistencia que el aire produce sobre su avance; esta fuerza de resistencia del aire es proporcional al llamado coeficiente aerodinámico, que expresa la importancia de la forma geométrica del cuerpo en movimiento, siendo un número pequeño si el perfil es afilado y grande para un perfil obtuso o chato”.

También por una menor resistencia del aire se diseñan así los turismos, prosigue el físico, al menos desde la crisis del petróleo de los años setenta. “Pero es menos conocido que, para cualquier objeto en movimiento, el coeficiente aerodinámico no solo depende de la forma sino también de la velocidad, y que aumenta considerablemente cuando la velocidad es comparable o mayor que la de propagación del sonido”, señala. “La mayor resistencia del aire a velocidades tan altas originó el término ‘barrera del sonido’ en la necesidad de multiplicar la potencia de propulsión de los aviones en los años cuarenta”, añade.

El estudio de los profesores de la UCLM muestra que un humano en caída libre siente igualmente una fuerza de resistencia del aire que se dispara cuando la velocidad de caída supera la del sonido. “Equipado únicamente con el ‘motor de la gravedad’, el saltador austriaco aceleró hasta una velocidad en torno a 1.350 km/h. A pesar de que el aire de la estratosfera es muy tenue, menos denso, la aceleración del saltador se redujo por esa resistencia e incluso lo frenó después, eso sí, de haber superado el record de velocidad”, afirma.

Jose Manuel Colino incide en que hasta este momento Baumgartner procuraba caer cabeza abajo, de forma que el coeficiente aerodinámico no fuese tan grande como en una posición horizontal. “Pero entonces surgieron complicaciones: a las velocidades supersónicas el avance sufre de otros efectos, inestabilidades que provocaron una rápida y descontrolada rotación del saltador sobre sí mismo. Ello podría haberle ocasionado la pérdida de consciencia, con un desenlace fatal, de no haber sido por sus habilidades de paracaidista extremo que le permitieron recuperar una posición estable en apenas veinte segundos”, explica.

Recuperado del susto, el saltador se colocó en posición horizontal con la intención, supone Colino, de alargar el tiempo hasta la apertura del paracaídas y así poder batir el record de mayor tiempo de caída libre. “Sin embargo tiró de la anilla cuando habían transcurrido unos 4 minutos y 20 segundos, tan solo diez segundos menos que el anterior record de un saltador ruso”, dice.  En 1962 Yevgeny Andreyev se había tirado desde no tan alto, ni cayendo tan rápido, pero colocado en posición horizontal todo el rato. “Incluso en los primeros minutos prefirió una posición horizontal ‘boca arriba’  pues así, allá en la estratosfera, ¡podía ver las estrellas aun siendo de día!”, concluye.

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