Controversia del cigarrillo Electrónico

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María José Pinilla y Calderón. Farmacéutica y Tecnóloga de los Alimentos "Farmacia y Salud
Lunes, 13/01/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional | Portada, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Salud, Sociedad, Sucesos, Medio Ambiente, Turismo, Gastronomía

Comenzamos el 2014 con un tema que ha generado en los últimos tiempos una gran controversia y un conflicto de intereses entre los sectores implicados, así como con los usuarios. Para empezar explicaremos qué es el cigarrillo electrónico, también llamado e-cigarrillo. Se trata de un dispositivo que simula ser un cigarrillo normal, pero que contiene un líquido que se calienta en una resistencia generando un vapor que se aspira. Se dice que este tipo de cigarrillos no se fuman, se “vapean”, y cuando el líquido se agota es sustituido por una recarga, que puede llevar nicotina en una concentración muy baja o simplemente sustancias aromáticas.

En el marco del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), celebrado en diciembre de 2013, se produjo un intenso debate acerca del uso de estos cigarrillos, ya que se dice que comprometen la “desnormalización del tabaco en la sociedad”. La pretensión es prohibirlos en centros sanitarios y escolares, así como en las administraciones y transportes públicos. De hecho, Cataluña ha sido la primera en prohibir su uso en estos lugares; el Catsalud aduce que no hay estudios concluyentes que demuestren la seguridad de su uso. En EEUU se realizó un estudio que demostraba que pueden causar cambios en los pulmones a corto plazo, parecidos a los producidos por los cigarrillos normales. Se evaluó el impacto del e-cigarrillo en la función pulmonar durante diez minutos en pacientes no fumadores y fumadores sanos o con asma o con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Los principales resultados mostraron efectos negativos sobre las vías aéreas al dificultarse la normal circulación del aire. Este efecto fue mayor en el grupo de no fumadores y fumadores sanos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconseja su uso incidiendo de nuevo en que no existen datos consistentes sobre sus efectos secundarios. Esta organización informa de que la mayoría contienen elevadas concentraciones de glicol de propileno, que es irritante al inhalarse, y se sugiere la presencia de otros productos químicos tóxicos. También el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo está en contra aduciendo que su seguridad no ha sido demostrada. Según la Unión Europea (UE) su venta va a ser regulada, no se prohibirán, pero serán considerados productos de tabaco. En España se pretende aplicar la misma regulación que al consumo de tabaco, regulación que queda expuesta en la Ley Antitabaco. Por su parte, la Asociación Nacional del Cigarrillo Electrónico, considera que “vapear” no es nocivo para la salud, puesto que algunos de estos dispositivos no contienen nicotina. Aún así, también están de acuerdo en su regulación, pero sin olvidar que se trata de un artículo que está moviendo mucho dinero y que una regulación prohibitiva reduciría el volumen de negocio considerablemente. Teniendo en cuenta que unos 7 millones de personas en el mundo lo utilizan y que en España son entre 600.000 y 800.000 usuarios estaríamos hablando de millones de euros.

Las autoridades sanitarias deberían analizar la seguridad de estos productos y los efectos que pueden ocasionar en términos de salud pública. Es evidente la falta de pruebas científicas que demuestren su eficacia y seguridad, se desconocen los efectos a largo plazo y algunos especialistas del sector los consideran potencialmente adversos. Pero hay quien argumenta que detrás del intento de desprestigio están todos los intereses que se perderían si la gente deja de fumar; entre ellos cabría mencionar los de las propias tabacaleras e incluso los gobiernos. Muchos de sus usuarios han conseguido dejar de fumar o disminuir el número de cigarrillos al alternarlos con el electrónico. Necesitaremos más tiempo para conocer con mayor seguridad cuales pueden ser las consecuencias del uso del e-cigarrillo y valorar si procede o no su uso. En cualquier caso, el debate está servido y en la calle; y sin que indaguemos en lo que opinan los fumadores pasivos acerca del tema.

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