Nuevas olas de calor extremo ponen en jaque la supervivencia de las Tablas de Daimiel

>> Las altas temperaturas podrían agravar aún más la agonía de un humedal manchego en situación crítica

Poca agua en el itinerario de la Isla del Pan (Imagen: web oficial Tablas de Daimiel)
Imágenes de Francisco J. García
Laguna Permanente en la actualidad (Francisco J. García) Imágen Tablas de Daimiel mes de junio (Francisco J. García) Imágen Tablas de Daimiel mes de junio (Francisco J. García) Imágen Tablas de Daimiel mes de junio (Francisco J. García)
Sergio García García
Lunes, 01/08/2022 | Daimiel | Ciudad Real | Portada, Sociedad, Medio Ambiente

Las Tablas de Daimiel, que justo hace un mes cumplieron 49 años desde que se declarasen Parque Nacional, son uno de los ecosistemas más importantes de nuestro país y, por sus características, son consideradas un espacio natural prácticamente único en Europa. Sin embargo, el estado del mismo actualmente evidencia que en poco o nada se parece a ese emblemático humedal que atesoraba una riqueza ecológica especial años atrás.

La crisis que están atravesando las Tablas de Daimiel se debe mayormente al efecto que sobre las mismas ha tenido la acción del hombre desde hace varias décadas, principalmente a través de la sobreexplotación, por parte de la agricultura, del acuífero que las alimenta.

La interrupción forzada del ritmo habitual del flujo de recursos hídricos almacenados desde hace siglos en el subsuelo, esto es, la extracción reiterada de un volumen de agua muy superior a la recarga media anual ha dejado totalmente desahuciado el acuífero, dejando secuelas sumamente dañinas para la flora y fauna de la zona.

Por si esto fuera poco, además de que las captaciones de agua con fines agrícolas, se desarrollen o no en el marco de la legalidad, son responsables del gran descenso de los niveles de agua en las Tablas, así como de sepultar la biodiversidad de especies acuáticas que estas albergan, cabe recordar que este problema también afecta a la salud de las personas, en la medida en que la acumulación de productos fertilizantes y agroquímicos han deteriorado la calidad del agua que abastece diversos municipios.

Este escenario tan desfavorable para el humedal manchego se ha visto agravado por las intensas olas de calor que están produciéndose este verano. Superado un julio infernal, esta primera semana de agosto posiblemente llegará con una nueva ola de calor. Sería la tercera en España en lo que va de año, con entre 5 y 10 grados por encima de lo normal para esta época.

Las altas temperaturas dificultan aún más si cabe el proceso de conservación de ecosistemas como las Tablas de Daimiel, dejando imágenes tan desoladoras como la de la Laguna Permanente, totalmente seca.

Si bien es cierto que todos los años, con la llegada del periodo estival, los niveles de agua en las Tablas de Daimiel descienden significativamente, este año la situación es mucho más preocupante. En palabras de Alberto Fernández, técnico del programa de agua en el Foro Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) en España, “el drama de las Tablas no es que estén casi secas en verano, eso es lo natural; el problema es que lo están así todos los meses y desde hace mucho tiempo”.

Las Tablas de Daimiel comprenden una superficie de en torno a 3.000 hectáreas, de las cuales son inundables alrededor de 1800. No obstante, a día de hoy son apenas 120 ha. las encharcadas, en una situación de sequía que deja la contabilización en 238,55 litros caídos en el término municipal (31,06 litros menos que en 2021 a estas alturas).

Producto del cambio climático, la sequía por falta de lluvias a lo largo del año, y el calor extremo en verano, alcanzando máximos históricos en España, están poniendo en jaque a la gran mayoría de ecosistemas. Para colmo, el efecto de las altas temperaturas también resulta en un mayor riesgo de incendios, como los que han afectado recientemente a espacios naturales que, como las Tablas, pertenecen también a la provincia de Ciudad Real, como las Lagunas de Ruidera o el entorno del río Gigüela.

La sequía y las altas temperaturas no solo contribuyen a desembalsar las Tablas, sino que aumenta el riesgo de que se incendien. Las zonas de turbera del humedal manchego, es decir, todo ese volumen de restos vegetales acumulados a lo largo de muchos años, son susceptibles de arder cuando el agua se encuentra en niveles significativamente bajos y las temperaturas se mantienen altas.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, la situación actual de las Tablas de Daimiel invita a pensar que en cualquier momento podrían volver a producirse incendios subterráneos, fenómeno éste que ya ha sufrido el humedal tiempo atrás: a comienzos de los 70, las obras de regadío agotaron el Guadiana, resultando en la autocombustión de la turba, produciendo vapores que salían a través de las grietas del terreno. No obstante, el episodio más reciente de este tipo de incendios se dio en 2009, cuando la turba del subsuelo empezó a arder después de estar cuatro años sin agua, llegando incluso a empeorar con el paso de los meses.

Medidas hasta ahora poco efectivas

Tal y como puede comprobarse actualmente, las medidas llevadas a cabo hasta ahora para la restauración de Las Tablas no han obtenido los resultados esperados, con el agravante de que el impacto del cambio climático sobre estos espacios naturales es cada vez más fuerte.

Entre transfusiones recurrentes de agua, humectación de las turbas y otras medidas artificiales de emergencia, todavía no se ha logrado atenuar los devastadores efectos de la extracción masiva de agua —se estima que se extrae un 200% más de lo disponible.

La Confederación Hidrográfica del Guadiana, con la colaboración del Gobierno, planteó en 2020 diferentes medidas para acabar con los pozos de regadío ilegales que están desembalsando las Tablas, así como propuso al año siguiente comprar derechos de riego a agricultores que acostumbran a realizar grandes extracciones del acuífero que nutre el humedal, pero todas estas actuaciones tienen un coste muy elevado y su puesta en marcha lleva un largo y lento proceso, además de que, con las condiciones actuales, resulta muy difícil conciliar la preservación de este ecosistema con los usos de regadíos.

Sin embargo, si atendemos a las directrices marcadas desde la Unión Europea, supone una obligación recuperar los acuíferos y poner a salvo estos espacios naturales con actuaciones estrictas. En esta línea, según el Plan Hidrográfico del Guadiana, para estabilizar el conocido como Acuífero 23 habría que reducir en un 40% el consumo agrícola.

Así mismo, en declaraciones realizadas en septiembre del año pasado al medio de información medioambiental EFEverde, Rafael U. Gonsálvez, portavoz de los grupos ecologistas a nivel regional en el patronato del parque nacional, sentenció que “mientras no haya una reconversión del sector agrícola, que a nuestro entender ya no puede ser una transición suave por estar en emergencia climática y en emergencia ambiental, no habrá solución para el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel”.

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