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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

"A un panal de rica miel..."

Cuando el abuelo Fermín solía recitar esta fábula de Samaniego a su nieta mientras le preparaba la merienda, lo último que se le pasaba por la cabeza al abuelo era imaginar, muchos años después, que estaba vaticinando el “Octubregate”

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Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Lunes, 03/11/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Sucesos, Sociedad, Salud, Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología, Economía, Opinión, Deportes, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía, Fiestas | 6 comentarios

«A un panal de rica miel diez mil moscas acudieron, que por golosas murieron presas de patas en él… » Cuando el abuelo Fermín solía recitar esta fábula de Samaniego a su nieta mientras le preparaba la merienda, lo último que se le pasaba por la cabeza al abuelo era imaginar, muchos años después, que estaba vaticinando el “Octubregate”.

 

Será porque octubre es el mes en  que las tediosas moscas estivales comienzan a desaparecer o porque octubre es tiempo de recolectar granados, pero este mes pasará a la Historia como el mes de las moscas: moscas zurdas y diestras, obreras y tonadilleras, de corbatas de seda, chaquetas de pana y volantes de lunares; moscas hipócritas y avariciosas que vivían engordando sus buches libando del dulce néctar ajeno; moscas ladronas, desvergonzadas y descaradas; moscas que vivían despreocupadas sin pensar las consecuencias de un cólico por gula, porque a ellas nunca las cazarían… Pero a toda mosca le llega su “Casa y jardín”, y a éstas las han pillado con las patas en la masa y la miel se les ha convertido en hiel.

 

Si es que no puede ser…  Por muchos  “perdones”  que se pidan quien lo pida y por los “no-perdones” de quien no lo pide y debería, también…, no puede ser que en este panal por cada diez pobres haya veinte ricos y no haya nadie que pare esta desfachatez y derroche de injusticia. Pues no, no lo hay, ni aquí, ni en Marte ni en Sebastopol. Parece ser que en este panal llamado Tierra lo que prima es robar, engañar, apretar las tuercas a las abejas obreras y, para colmo, decidir por ellas.

 

Está muy bien eso de sanear la cesta de manzanas tirando a la basura las podridas y que se llegue a pactos para atajar la corrupción. Aquí, más importante que encarcelar a los delincuentes, lo esencial y que pasa absolutamente desapercibido, es el dinero, NUESTRO DINERO. ¿Acaso surge de la “nada” y a la “nada” vuelve? ¿Por qué a estos distinguidos “señores” nadie les reclama lo sustraído? ¿Tanto les quema el dinero en las manos que si no lo gastan o lo ingresan en cuentas suizas, lo convierten en cenizas? Porque a estas alturas de la película corrupta que tantos años y años vamos arrastrando no se conoce a nadie que haya devuelto el dinero “distraído” en el camino. No se conoce a nadie. A NADIE. Ni tampoco a nadie que les obligue a devolverlo, ¿cuánto debemos esperar para que nuestros políticos pacten y dicten leyes que reclamen a los corruptos devolver el botín, céntimo a céntimo? ¿A qué esperan para elaborarlas y aprobarlas? No quiero pensar mal y acertar si pienso “quien hace la ley, hace la trampa”, no, hay que darles el beneficio de la duda y un voto de confianza…

 

Lo que sé es que la corrupción no es nada nuevo porque esto ya lo hacían nuestros ancestros romanos y parece ser que venderse por dinero es una piedra en la que el hombre se obceca en tropezar una y otra vez por lo siglos de los siglos sin que nadie le pare los pies. Nadie excepto el emperador Trajano, quien perseguía a los corruptos y les hacía devolver el dinero para luego desterrarlos (¿por qué a nadie se le ha ocurrido redactar la “Ley Trajano” en estos diecinueve siglos?).

 

 Pero esto no es Roma ni estamos en el siglo II d. C., seguimos en la España de la picaresca que nos ha hecho famosos en la literatura universal. En este panal basta con tener a los corruptos una temporadita tomando el sol en el patio de la cárcel (ya conocemos el sistema jurídico-penal de este país) y luego, a disfrutar de lo robado…  Así da gusto.

 

Como diría el abuelo Fermín de haber vivido esto: «Y que tenga que decir que la burra es buena…».

 

Pd. Y que tenga que decir como el tango “Cambalache” de Gardel: “El mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también…». ¿Verdad, yayo? 

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