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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

Torrentitos y mafaldas

(“…dibujando dieguitos y mafaldas…” Joaquín Sabina)

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Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Lunes, 06/10/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Sucesos, Sociedad, Salud, Cultura, Ciencia, Tecnología, Economía, Opinión, Deportes, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía, Ébola | 2 comentarios

Abrir un periódico y buscar la viñeta de humor es uno de los más grandes placeres de esta vida. Sí, de ésta, porque es la que me ha tocado vivir y, como millonaria no soy (de momento, el día que me toque la lotería otro gallo cantará), reír ó sonreír con la ironía dibujada, es uno de los placeres inteligentes y gratuitos que como ciudadana de a pie me puedo permitir… Porque tal y como está el panorama, se mire por donde se mire, entre noticias y debates televisivos, lo único que nos salva para no tirarnos de los pelos y quedarnos calvos es mirar la realidad con otros ojos.

 

Ojos críticos, irónicos, que se ríen del mundo y de lo que nos rodea, de nosotros mismos y nuestras sombras. Ojos para mirar en perspectiva “Monty Phyton” buscando el encuadre perfecto: el del lado brillante de la vida, ese en el que por más “crucificado” se esté, siempre queda el último aliento para entonar una última canción… Ojos para mirar con “ojos de viñeta”.

 

Mi ávida afición a buscar con cierta gula las viñetas de los diarios se remonta a cuando no levantaba dos palmos del suelo y me sentaba en el regazo de mi padre a “leer” el periódico: él leía las noticias y yo “leía” los mapas del tiempo y la viñetas y, aunque no supiese aún descifrar la grafía de los bocadillos, los dibujos invitaban a inventar historias protagonizadas por las caricaturas de los políticos y personajes. Todo un acto rebelde e irreverente nacido de la ingenuidad de una niña.

 

El colmo de la insolencia infantil es que caiga en tus manos de niña una tira de viñetas protagonizada por otra niña mucho más rebelde e irreverente: Mafalda. Crítica, irónica, ácida, rebelde, contestonta, protestona, insolente aunque altruista, adorable, ingenua, muy educada y de buenas maneras. Así es Mafalda, la niña con los 50 años mejor llevados sin ayuda de bótox ni cirugías, fiel a sus principios, firme y contundente. Casi “ná” para los tiempos que corren.

 

Mafalda nació un 29 de septiembre de 1964, de la mano de Quino en la revista “Primera plana” de Argentina. Su origen fue por casualidad ya que fue creada para promocionar una casa de electrodomésticos, la idea no cuajó y las tiras fueron olvidadas en un cajón. Un año después, encargaron a Quino una historieta para una revista y rescató las tiras protagonizadas por este personaje. 

 

Su humor ingenuo va mucho más allá de nombres propios o banderas políticas porque esconde una compleja y ácida crítica social que, a pesar del paso de cinco décadas de vida, su humor sigue vigente conquistando corazones de varias generaciones. Mafalda es la persona que todos quisiéramos ser pero la propia vida no nos deja, es una niña con libertad para decir lo que piensa sin el temor que los adultos ganamos con el tiempo; es una niña que cruza la línea que divide la infancia con la adultez porque es como debe ser una niña mientras se plantea los típicos “¿por qué?” y tiene contestaciones muy maduras. Esa es precisamente una de las principales paradojas que plantea esta  serie de viñetas y la que hace tan fascinante este personaje. Que tampoco busca ser un ejemplo de vida, y evita el típico cliché de "fomentar a tomar la sopa". Porque si hay algo en el mundo que no le gusta nada a Mafalda, es la sopa… Como a Arturo.

 

A Arturo no le gusta la sopa, especialmente la de cocido. Dice que él es más de “escudella”… Y eso que la sopa de cocido y la escudella es lo mismo pero con butifarra, el mismo caldo pero con distinto acento… Y ninguno de estos manjares pueden jactarse de ser el primer “puchero” de la historia, pues ya en la prehistoria se metían buenos potes entre pecho y espalda nuestros ancestros desde que descubrieron el fuego e inventaron un recipiente que les ayudase a ablandar las carnes de caza cociéndolas en agua. Y aún así, a Arturo no le gusta la sopa, que le gusta más la escudella…

 

Me pregunto:  ¿qué opinaría Mafalda de la “rebelión sopera”? ¿y de las declaraciones vertidas la semana pasada de una presidenta empresarial  que prefiere contratar a mujeres mayores de 45 y menores de 25 porque no se quedan embarazadas y así no resultan un lastre para el empresario? Sí, esa señora que opina que las mujeres si decidimos llevar una carrera brillante en nuestro trabajo y tener hijos lo mejor es buscarse un marido funcionario ó que le gusten los niños… Esto es lo que denomino “hipotética frase de la Susanita del siglo XXI”. ¿Para qué ha servido tantos años reivindicando este derecho, a la posibilidad de formar una familia sin renunciar a nuestro futuro profesional? Reciclando la máxima de un ex Presidente del Congreso: “Manda óvulos” (al fin y al cabo: huevos)...

 

Viva la conciliación familiar. Viva la igualdad de género. Viva la madre superiora.  Mafalda no sé qué diría, pero seguro que contestaría como contesta a su gran amiga Susanita… O suspiraría, taparía su cara con las manos y pensaría: “un día me sentaré a analizar qué me enferma más: Susanita o la sopa.”

 

Nos llevamos las manos a la cabeza porque lo dice una mujer, pero lo cierto, es que hay sectores que piensan lo mismo y esta señora ha dado voz a lo que un sector de la sociedad opina, con cierto punto crítico, absurdo y deformado de una sociedad políticamente correcta…  Entonces, ¿se podría considerar este comentario, contexto y situación como “esperpento”  de nuestra sociedad en el sentido valleinclanesco de la palabra?

 

Para “esperpento” “(in)digno” de Valle Inclán: Torrente, cuya última película de la saga se estrenó el pasado viernes. No ensalzaré las virtudes de este personaje comparándolo con la genialidad de Don Ramón María (Max Estrella me perdone), pero no debemos negar que en cierto modo, es el reflejo (¿distorsionado?) de la sociedad de nuestro país, estampa que posiblemente pase a los anales de la historia como crónica de esta época que estamos viviendo y sea objeto de estudios antropo-sociológicos. ¿Torrente objeto de estudio? Posiblemente, dentro de unos años… Sí.

 

Si volvemos la vista atrás, al siglo pasado, a hace unos años,  encontramos películas que lo han sido, como por ejemplo, el cine de Berlanga: “El verdugo”, “Plácido”, la saga “La escopeta nacional”; películas que reflejan con cierta sorna y crítica la sociedad española de la época, las cuales han sido y son utilizadas con el paso del tiempo como espejo para situarnos en el contexto histórico y social del país en determinados momentos. Con “Torrente”, para bien o para mal, ocurrirá lo mismo pero con matices: porque Segura no es Berlanga ni “Torrente” es el “Marqués de Leguineche”. Basta diseccionarla, analizarla más allá de la capa de mugre y caspa, del humor chabacano (denominarlo chabacano ya es dotarlo de elegancia e intelectualidad), para toparnos con la imagen real de este espejo cóncavo/convexo “torrentiano”: corrupción y picaresca.  Sí señores y señoras: picaresca. Porque “Rinconete y Cortadillo” han existido y siguen existiendo aunque cambien su estética andrajosa por trajes y unas monedas de oro como “recompensa” por “auto-recompensarse” con tarjetas “opacas”… O “jeta”. ¿Mafalda las llamaría así, por la cara que hay que tener para llamarlas “opacas”?

 

Lo que no es nada opaco es mi elección entre la crítica Mafalda ó el esperpéntico Torrente.

 

Sin dudarlo me quedo con Mafalda porque ya se sabe el dicho: “los niños siempre dicen la verdad”… Y como gran verdad, hay que dar la razón a esta niña: a días “mafalderos” de “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!”, grandes canciones de los Beatles para volar… O mirar con “ojos de viñeta”, aunque giremos la vista a nuestro alrededor y pensemos: «Como siempre, apenas uno pone los pies en la tierra, se acaba la diversión»…

 

A pesar de todo, de querer pararlo ó gruñir cuando aterrizamos, hay que ser un poco más “mafaldos” y “mafaldas”… Porque al fin y al cabo, sólo tenemos una vida para mirar con otros ojos, volver a ser un poco “niños” y “niñas” y gritar todas las mañanas: “¡Buenos días, Mundo!”

 

¡Felicidades, Mafalda! ¡Gracias! 

Pd. Mafalda se levanta los lunes pegando un salto de la cama al ritmo de “He comes the sun”, seguro… Eso sí que es energía para dar los “buenos días”.

Lo que no hagan los Beatles… 

Comentarios

Alabanza cronista

Angélica te admiro, te adoro, molas un cojón y parte del otro.
Me ha encantado este artículo y sobre todo el saber escoger el tema del que hablar.
Sigue así que llegarás lejos.
Un saludo mafaldero.

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