Tipos Sin Interés

El análisis de esta semana debería contemplar el debate parlamentario sobre la sucesión monárquica y la aprobación de la ley que la garantiza, pero me salen granos

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Emilio Hidalgo
Lunes, 16/06/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Salud, Sucesos, Sociedad, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía

El análisis de esta semana debería contemplar el debate parlamentario sobre la sucesión monárquica y la aprobación de la ley que la garantiza, pero me salen granos. No lo digo en broma, se me irrita la piel al encontrarme con ejemplos tan claros de que, en política, hay alguna cosa que funciona bien, pero que el resto es un desastre. Empezando por los líderes.
 
PP, PSOE y UPyD cumplieron con el guion establecido; aquí hemos venido a dar conformidad a lo que contempla la Constitución, pues sea. El resto se perdieron en sueños, utopías y reivindicaciones tan estúpidas como fuera de lugar. Obvio hablar de los gestos nacionalistas, independentistas y estupidistas; perdieron la ocasión de ser serios, para hablar de aquello que sólo ellos se toman en serio, tanto como si fuera una cuestión de dinero, que lo es. Alguno hizo un truco de magia y se sacó de la chaqueta una bandera autonómica, para reivindicar el hecho diferencial con un símbolo de lo que les incluye en el conjunto del país. Eso, como los crepones republicanos en las solapas y alguna proclamación, que parecía el inicio de un monólogo (anti)humorístico, terminaron de dibujar la más profunda decepción. Por un momento todo parecía una mala película de espías; juro la Constitución para hundirla desde dentro. Otra vez me recordaron el chiste aquel en el que un padre y un hijo viajaban en un avión en llama; el hijo dice: “padre, que se quema el avión”, a lo que este responde: “da igual, hijo, no es nuestro”.
 
Después, en las redes sociales, Cayo Lara siguió intentando prender su particular llama, sobre una esponja mojada y en el fondo de un acuario. Lo que pasa es que fuego bajo el agua sólo he visto que lo haga Bob Esponja. Y no me parece un ejemplo muy real, como la elección entre monarquía y democracia.
En este tema particular, la estrella del momento no tiene nada que decir ni copa el foco porque, en esto, no podían. Además, sólo han tardado dos semanas en crecerle los enanos y pedirle democracia interna, no invención de su propia casta. La coleta juvenil del liderazgo le hizo pensar que eran enanos mentales, pero se olvidó que Tamariz es mago, maduro y siempre ha podido hacerse coleta. No todo pueden hacer aquello de ¡tiarará! Y obnubilarnos con el truco; a muchos se les ve lo que asoma en la manga.
 
Todo esto debería contemplar el análisis de la semana. Y más. Debería contemplar la loca carrera de Europa hacia un abismo de sobra conocido. Mario, el conde Draco del dinero, ha vuelto a bajar los tipos de interés y los ha dejado en el mínimo histórico.
 
Aunque parezca imposible, porque lo parece, que no seamos conscientes de que andar otra vez el mismo camino nos llevará al mismo destino, estamos volviendo al modelo del dinero regalado. Poco a poco irán abriendo la puerta del endeudamiento, de los créditos a muy bajo interés que parecen un alivio para la economía de las familias y los proyectos vitales de cada uno, pero que en realidad nos dejarán sin cintura económica para evitar cada china del camino. Volvemos a aquello de dejar el dinero sin valor y a cimentar una vida sobre arenas movedizas, pero lo que no tiene valor, lo que se convierte en fácil, no se valora. Vamos a regresar al punto de tener una economía con muchos novios, pero a la que nadie quiere llevar al altar.
 
Mientras todo esto sucede, no somos conscientes de que diseñamos un sistema que contraviene, una vez más, la ley básica de oferta y demanda. El ahorrador no percibe nada por su capital; es más, incluso le cuesta dinero tener dinero; por su parte, el banco no te da rentabilidad, pero saca ganancia con algo que es tuyo y una ganancia que no comparte. Si me cuesta conseguir dinero para adquirir bienes y servicios, pero mi dinero no vale nada y me sale más caro tener que no tener… ¿Es necesario que termine la fórmula? ¿Es necesario que diga que la consecuencia lógica es que el ciudadano viva al día, si puede, y que la maquinaria del consumismo se detenga por completo? ¿Hace falta que recuerde que si el motor se para no podremos avanzar y que lo que se estanca se pudre y muere?
 
Si Mario Draghi, el BCE y el FMI creen que se puede mantener todo este continente con economía de supervivencia, es que están más despistados que Cayo Lara en una democracia. O puede que lo que quieran sea hacer de España su Marina D´Or particular. Si es eso, tendremos que subirle el precio a las esterillas.

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