Política y demanda social

Imagen: Política y demanda social
Objetivo CLM - Grupo Areópago
Lun, 27/04/2015 | Sociedad | Nacional

Cuando Chesterton explica su conversión al catolicismo, resalta un hecho que a él le pareció verdaderamente sorprendente. No era que la Iglesia Católica estuviera en lo cierto cuando él creía tener razón, sino que al repasar su vida, descubría que la Iglesia estaba en lo cierto cuando él, creyendo tener razón, había estado equivocado. Ello le lleva a concluir que "no deseamos una religión que nos dé la razón cuando nosotros estamos en lo cierto, sino una religión que acierte cuando nos hemos equivocado".

Esta apreciación de Chesterton pone de manifiesto la necesidad de verdad que late en el ser humano. No solo en el campo de la religión, sino también en los demás aspectos de la vida.

Sin embargo, se ha consolidado entre nosotros una determinada forma de hacer política en la que la justificación de la acción no es la búsqueda de la verdad y del bien común, sino lo que se ha dado en llamar "la demanda social". En muchos casos, observamos cómo los partidos políticos no fundan sus decisiones, o sus cambios de criterio, en la convicción de que defienden la verdad y el bien común, sino que sus valores van cambiando y modificándose para adaptarse a lo que en cada momento se interpreta como aquello que demandan los ciudadanos.

Los programas electorales terminan siendo, por ese motivo, papel mojado. Resulta difícil asegurar lo que hará un partido político cuando alcance el poder solamente leyendo su programa. Y es que siempre existirá la posibilidad de que haga o deje de hacer lo prometido invocando una real o inventada "demanda social".

La democracia no garantiza la infalibilidad del veredicto emitido por el pueblo en unas elecciones. Lo que garantiza es la posibilidad de que el pueblo rectifique su error si se da cuenta de que votó la opción equivocada. ¿Pero cómo rectificar si los políticos fluctúan en sus valores y convicciones en función de "la demanda social"?

Parafraseando a Chesterton, nos sobran políticos que nos den la razón cuando acertamos y echamos de menos políticos con convicciones profundas, a los cuales poder acudir cuando nos hemos equivocado.

 

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