Pendientes de la independencia

Después de muchas semanas hablando de corrupción, la que nos ocupa nos permite hablar de otras cosas, como por ejemplo de malversación de caudales públicos, de pasarse la Constitución por el forro, de hacer un teatrillo con nefastos resultados…

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Objetivo CLM - Emilio Hidalgo
Lunes, 17/11/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Sucesos, Sociedad, Salud, Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología, Economía, Opinión, Deportes, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía, Fiestas

Después de muchas semanas hablando de corrupción, la que nos ocupa nos permite hablar de otras cosas, como por ejemplo de malversación de caudales públicos, de pasarse la Constitución por el forro, de hacer un teatrillo con nefastos resultados… Que sí, que más de lo mismo, pero cambiando el escenario y el argumento, de una cuestión que no es nueva y que ya no tiene por dónde cogerla.

 

La historia es tan antigua, que hasta se ha nutrido de aquello de que en unas elecciones no pierde nadie. Incluso aunque sean elecciones, o en este caso referéndum, de broma. Incluso si no te vota más que un 30% de los que tenían que votar. Más si cabe (aclaro; “más”, adverbio de cantidad; “si” condicional; “cabe”, que tiene cabida); aunque algunos voten varias veces, se abran las urnas a media votación, se convoque a los ciudadanos a partir de 16 años y a los inmigrantes, pero no a los catalanes que están censados en otras zonas de España… Pónganle todos los condicionantes que quieran, el resultado es de chufla, pero Artur Mas, cual Pamela Anderson enfundada en su bañador de vigilante de la playa, saca pecho.

 

Dice el presidente de la Generalitat que ha sido todo un éxito y que Cataluña ha dejado claro lo que quiere. Y efectivamente es así, Cataluña ha dejado claro lo que quiere. Y no es votar en un referéndum. Los catalanes quieren muchas cosas, pero en su mayoría las quieren dentro del marco nacional de España y no al margen. Los catalanes, y esto debería quedarle claro a todos, quieren que se hable de su situación, incluso del “hecho diferencial”, pero no con el objetivo de la autodeterminación o independencia. Hay que hablar de la realidad de Cataluña y su papel en España, lo que pasa es que tal vez no le vaya a gustar el resultado a muchos porque ya gozan de una situación de preferencia.

 

Recordemos que hubo Gobiernos que le dieron a Cataluña tanto como pidió, de hecho nunca les ha faltado de nada. Es cierto que es una región con un peso industrial tremendo, pero uno de los factores que le ha dado ese peso ha sido ser parte de este país y, por tanto, parte de Europa. Creo que con el pulso independentista eso ha quedado claro, eran mucha las voces que anunciaban su partida y el único que no quería verlo era Mas. Sigue sin querer verlo. Pudiera parecer que Junqueras tampoco lo veía, pero me da la sensación que, ya que Mas estaba al borde de un abismo, ha querido darle una mano. En la espalda… Y empujar para que cayera. Hubiera sido más útil que callara.

 

El caso es que Rajoy, ya conocido como “el tibio” –cuando no “el flojo”- tiene que afrontar este tema sin dilación ni dudas. Es más –sigo sin hacer juegos de palabras- debería acometerlo con premura. Vamos, hace meses que debería haberlo acometido. Pero se le echaron los plazos encima y ya no era momento de decir ni mu. Me explico. Ahora mismo, para que los ciudadanos recuperemos la confianza en la justicia, hay que demostrar que existe una separación de poderes, una independencia judicial. Si Rajoy hubiera abierto la boca y se hubiera prohibido la instalación de las urnas; o se hubieran retirado; o hubiera entrado en escena la Guardia Civil, incluso el Ejército; fascista, lo más suave que le habrían llamado. Rajoy, por tardío, no tenía más remedio que retrasar sus palabras.

 

Es verdad que tampoco se tenía que haber demorado tanto. El lunes podía haber empezado la semana acordándose de la estirpe independentista en pleno y pidiendo contundencia a la justicia. Sobre todo si la Justicia se hubiera preocupado de hacerse respetar. Existiendo una sentencia del Tribunal Constitucional, que decía que la consulta, fuera ensayo general o teatrillo de calle, era lesiva a nuestra Carta Magna, ¿por qué no se hizo nada? Tengamos en cuenta que la justicia no está sólo para castigar el delito, también está para prevenirlo siempre que pueda.

 

¿Qué pasará ahora? Habrá que esperar para ver si hay o no hay imputaciones, pero atención, porque volvemos a estar ante un escenario adverso a la transparencia y que puede terminar de minar la confianza del ciudadano. Dicen, 6 de los 9 fiscales catalanes, que no hay indicios de delito para proceder a imputaciones contra Mas y que sólo se ha cometido una desobediencia. Prueben ustedes a desobedecer la orden de un juez y luego me cuentan dónde terminan. Y para rizar el rizo, aunque los fiscales dicen que no hay indicios de delito, la fiscalía catalana está terminando de redactar la querella contra Artur Mas, como diciendo “no hay por qué, pero hay quien lo ordena”. Y otra vez la independencia judicial queda arrastrada por el fango.

 

Quizá sí hay que hacer un referéndum para pedir la independencia. Pero no de tierras sino de poderes.

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