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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

Leer te da alas

Dos personas nunca leen el mismo libro ni la misma persona no lee dos veces el mismo

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Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Lunes, 20/04/2015 | Nacional | Portada, Sociedad, Opinión

Dos personas nunca leen el mismo libro ni la misma persona no lee dos veces el mismo. Un libro es mucho más que lo que el escritor ha escrito, es también todo aquello que el lector pone en él: experiencias, sentimientos, una forma de ver la vida. Unos se sienten identificados con unos personajes, otros con otros. Tú mismo, si lees el mismo libro con unos años de diferencia, te darás cuenta de que poco tiene que ver el recuerdo que tienes con el libro estás leyendo porque con el paso del tiempo has cambiado y el libro lo ha hecho contigo.

Leer ayuda a madurar, hace vivir cosas que no has vivido todavía, enseña a ver el mundo y la vida desde muchos puntos de vista distintos. Ves el mundo sin salir del salón de casa. O de la cama. Y aunque un libro no sustituye la vida real, puedes hacerte una idea de lo que te puedes encontrar ahí fuera, porque por más que hayas leído sobre amor o celos, hasta que no se siente no sabes lo que realmente es. Sí, en el cine también se puede, pero cualquiera que haya leído un poco, sabe que ninguna película por muchos tíos Oscar tenga o muy bien hecha que esté, es incapaz de llegar a las tapas del libro, ni tan siquiera para hacer lo único que puede hacer al comparar cine y libros: besarle el lomo.

En esta competición el cine es como un nudista haciendo un striptease, nunca deja nada a la imaginación.  Sin embargo, los libros esconden todo y a medida que los acaricias, cada vez quieres más y más. Cuanto más los vas desnudando más quieres postergar llegar al final para que el placer no termine nunca y dure siempre… Y cuanto menos lo imaginas, te encuentras en el pico más alto del clímax y… A dos caricias de la última página.  Entonces, todo acaba y te quedas con esa agridulce sensación, una mezcla entre decepción y placer, decepción porque termina y placer por la historia vivida leyendo. Y con ganas de repetir. Muchas. Lo mejor de los libros es que el “nunca más” no existe y lejos de llorar por lo que se pierde, siempre queda el consuelo de volver a leerlo para vivirlo. La vida es más grande que un libro, de eso no cabe duda, sin embargo, la vida se complementa con ellos, tanto que, puedes conocer a una persona o intuir cómo es por los libros que tiene en las estanterías de su casa. Sí, en las estanterías y no como sujeta-patas de cama o de mesa-camilla.

El abuelo de un amigo decía que toda persona que haya leído “El Quijote” es buena persona y que únicamente se fiase de quienes lo hubiesen leído. Ni que decir tiene que este chico desde entonces se pasa preguntando a toda persona que se cruza en su vida si ha leído o no la historia de tan famoso hidalgo. Cada uno tiene sus pactos y secretos con los libros para conocer a los demás. Como dice el refrán “cada maestrillo tiene su librillo” y, esta que escribe y suscribe, maestra de nada y aprendiz de todo, tiene el suyo propio: adivinar qué libros tendrá cada persona que se cruza en mi vida en sus estanterías: para conocer  su forma de ser o anticipar del tipo de historia que a su lado viviré… Y he de decir que pocas veces, muy pocas, me confundo y siempre, o casi siempre, acierto.

Manías o debilidades de una, qué se le va a hacer…

Pd. Si alguna vez me tocan mil millones y me pierdo, buscadme en Buenos Aires en la librería Gran Ateneo o en la Lello e Irmao de Oporto. Y si no me encontráis, hacedlo en esa pequeña librería sita a la vuelta de la esquina… Justo en esa tan pequeñita. Nunca falla.

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