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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

Fractales y energía

Jugando con la archiconocida poesía de Bécquer y las canciones de Jorge Drexler, llego a la siguiente conclusión: la energía ni se crea ni se destruye, todo se transforma

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Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Lunes, 02/03/2015 | Nacional | Portada, Sociedad, Opinión

Jugando con la archiconocida poesía de Bécquer y las canciones de Jorge Drexler, llego a la siguiente conclusión: la energía ni se crea ni se destruye, todo se transforma. Por ende se puede afirmar que las personas cambian. Transformar es cambiar. Si transformar es igual a cambiar, energía es igual a personas. Por tanto, "¿qué es energía? ¿Y tú lo preguntas? Energía eres tú".

Parece tonto si digo que es inevitable emocionarse al ver imágenes de fractales mientras Drexler y su "Todo se transforma" suena de fondo. Es algo que hace sentir cómo la vida galopa rauda y veloz por las venas, porque todos somos resultado del número áureo y formamos parte de la naturaleza.

Para entenderlo mejor, Euclides fue el pionero en estudiar en profundidad el número Phi definiéndolo así: "Se dice que una línea recta está dividida en el extremo y su proporcional cuando la línea entera es al segmento mayor como el mayor es al menor". No fue el único en estudiarlo. Mucho antes que él, Platón hizo sus pinitos buscando esta proporcionalidad y fueron Pitágoras y Fibonacci quienes la encontraron escondida en la geometría, en la música (sí, está demostrado que es posible escuchar ecuaciones matemáticas, recordemos que Pitágoras "inventó" el pentagrama musical) y en la naturaleza.

Es un número curioso cuyo valor, 1.62, también aparece en el arte. El más reconocido estudioso de la belleza y sus proporcionalidad fue Leonardo da Vinci, quien plasmó las conclusiones de sus estudios de tan singular número en el hombre de Vitruvio. Arquitectónicamente también la podemos encontrar en todas partes, como en el Partenón de Atenas, cuya relación entre las partes, el techo y las columnas siguen la curiosa serie de Fibonacci.

Si aún así suena a algo obtuso y lejano, os invito a jugar con esta prueba: Leonardo da Vinci estudió en profundidad la aparición de la razón áurea en el cuerpo humano (mirad el hombre de Vitruvio). Para comprobarlo podéis medir desde vuestro hombro hasta la punta de los dedos con la mano extendida. El resultado se divide entre la medida desde el codo hasta la punta extendida de los dedos. ¿Qué cifra es la resultante? Probad a hacer lo mismo con las medidas desde la cadera al suelo y divididlo entre la medida desde la rodilla al suelo. También se puede probar dividiendo nuestra altura total por la medida resultante desde el ombligo al suelo... ¿Magia?

¿No es maravilloso? Tan sólo es un numerito. El mismo que aparece en las hojas de helecho. Y en las caracolas. Y las montañas. Y los copos de nieve. Y el Partenón. ¡Y en nosotros! Por tanto las personas no somos tan diferentes, hay algo que nos relaciona entre la naturaleza y todo aquello que creamos. Algo que nos reconcilia con el Universo.

Nos somos estáticos, nos trasformamos. Por dentro y fuera. Como en la canción de Drexler: "Cada uno da, lo que recibe... Luego recibe lo que da. Nada es más simple. No hay otra norma. Nada se pierde, todo se transforma".

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