Lo que los rusos no quieren que sepamos: Sochi 2014

Eduardo Domínguez Martínez. Biólogo
Domingo, 09/02/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional | Portada, Ciencia, Opinión, Cultura, Deportes, Economía, Tecnología | 1 comentarios

Rusia no es precisamente un Estado caracterizado por anteponer los derechos humanos antes que los intereses privados. Desde la fragmentación de la URSS, limitadas veces la Federación rusa ha gozado de buenas críticas: su “todo me importa una mierda” durante la guerra de Osetia del Sur, sus ocultos (pero cada vez más sabidos) intereses económicos y políticos en la actual Guerra Civil de Siria, su ¿desafortunada? actitud frente a los enfrentamientos sociales en Ucrania, su ya extendida política nacional de “caza al homosexual” o su desesperado interés por exprimir el Ártico y sacarle hasta la última gota de petróleo son algunas de las perlas que este vasto país ha regalado al mundo en los últimos años. Bien es cierto que ni es el único, ni el primero, ni el último en cosechar odio e injusticia; pero durante las próximas semanas, sus fronteras albergarán la sede del evento más comentado por las redes sociales, más retransmitido por las televisiones mundiales, y más visto por todos los ciudadanos del mundo. En febrero de 2014, Sochi, la ciudad más cálida de Rusia, acogerá los XXII Juegos Olímpicos de Invierno.
 
Desde el minuto inmediatamente posterior a la rotación de muñeca del presidente del COI el 4 de julio de 2007 en Guatemala y que permitió que todos leyésemos ‘Sochi 2014’ en el sobre ganador, las críticas se dispararon. ¿Cómo iba Rusia a albergar unos Juegos Olímpicos pacíficos y justos, si su presidente tiene de justo y pacífico lo que yo de campeón olímpico? ¿Garantizaría Sochi 2014 una competición limpia, igualitaria y moderna? Siete años después descubrimos que moderna sí iba a ser. La más moderna y cara de la historia olímpica. Ahora bien, limpia, justa e igualitaria…
 
Sin duda los JJ.OO. de Sochi 2014 tienen, además de Liebre, Oso y Leo, una cuarta mascota, que es la que dirige todo el cotarro: Putin. No así en otros Juegos, estos son la viva imagen del exorbitante capricho de un jefe de Estado que utiliza un evento de semejante repercusión a escala global para limpiar la imagen de su país, desafortunadamente para él un tanto turbia actualmente.
No importa cuánto dinero se invierta en ello, lo que interesa es mostrar una nueva Rusia, tolerante, resucitada y más cooperante que nunca, cual Julio César en sus tiempos. Por eso se decidió que el equipo olímpico ruso desfilara en la ceremonia de apertura al son de un tema de t.A.T.u., la pareja musical lésbica más famosa del mundo; por eso las habitaciones de los atletas en la villa olímpica son las más amplias y lujosas hasta ahora ofrecidas, y por eso 50.000 millones de dólares no bastaron para cubrir tal evento deportivo (¡que no son los JJ.OO. de verano, ojo!).
 
Lo que a Putin no le interesa que sepamos es lo que se esconde detrás del telón de Sochi 2014. Podría estar citando y citando ejemplos, como la explotación de multitud de obreros (rusos y extranjeros) para intentar acabar las obras a tiempo, la corrupción política del Gobierno de Putin (que se reembolsará una cantidad de dinero tras los Juegos que ya lo quisieran muchos jefes de Estado) o las constantes luchas para evitar una masacre terrorista durante los mismos. Pero como esta sección no trata de eso, me centraré en la que es, al menos para mí (y sé que para pocos más), la más importante: el tremendo abuso medioambiental durante estos siete años de preparativos.
 
Como expone ‘La Vanguardia’, «Sochi 2014 no será recordado por las organizaciones ecologistas por ser unos "Juegos Verdes", pese al intento de los anfitriones por demostrar que el cuidado del medio ambiente también figura en su agenda». Uno de los mayores atractivos de la ciudad rusa es su ubicación, justo entre el Mar Negro y las montañas nevadas del Cáucaso. Y claro, como era de esperar, Putin no iba a dejar pasar la oportunidad de combinar ambos elementos tan dispares en una competición de tal alcance, por lo que prácticamente se puede decir que arrasó con todo lo habido y por haber entre ambos puntos geográficos. Hectáreas y hectáreas de bosque, pradera y campo (500.000 exactamente) dejaron de verse en cuestión de meses, para posteriormente ser sustituidos por carreteras, vías de acceso, instalaciones, vertederos… Aun con los Juegos ya inaugurados, la basura y los escombros todavía pueden ‘disfrutarse’ por las calles de la Sochi no olímpica (esa que no sale ni saldrá nunca por TV). Toneladas de gases contaminantes fueron liberadas a la atmósfera sin control alguno. Y cientos de kilómetros de playa desaparecieron a consecuencia de la alteración de los cauces fluviales. Pero bueno, eso qué más da, ¿no? Esto es Rusia, y aquí hacemos las cosas así. O aceptas, o aceptas. ¿Y qué si no aceptas? Pues que te pasa lo que a Yevgeni Vitishko, geólogo y ecologista ruso condenado a tres años de cárcel por protestar contra las explotaciones medioambientales en las montañas de Sochi. ¡Rusia señores, Rusia!
 
Según Alexei Navalni, «pocas obras generaron más daños que el camino que une la costa del Mar Negro en Sochi con la región montañosa de Krasnaya Polyana, en el Cáucaso Occidental, donde se realizarán las competencias de nieve». Y es que sólo esta obra degradó tantas áreas naturales que el porcentaje de cobertura forestal de Sochi se redujo en un 14%. Podéis obviamente imaginaros qué repercusión tuvo, tiene y tendrá esto para el ciervo y el oso pardo, dos de las especies clave de aquellos parajes. Por otro lado está la contaminación del agua, tanto dulce como salada, que las obras provocaron y que, como no, ni se trató ni se piensa tratar. Los peces pueden morir, los osos pueden morir, los bosques más de lo mismo; pero que no nos quiten ni una sola bengala para la inauguración. Las autoridades rusas juran y perjuran que no, que todo está bajo control, que tras los JJ.OO. se establecerán medidas correctoras, y que bla bla bla… ¿En serio? ¿Y qué vais a usar para corregir el impacto, petróleo extraído del Ártico? Si algo sé sobre Evaluación de Impacto Ambiental es que es prácticamente imposible corregir o mitigar (desde el punto de vista medioambiental) el impacto generado en un determinado proyecto si dicho impacto no ha sido previamente considerado en el anteproyecto. De conseguirse, requeriría una suma de dinero importante. Rusia se ha gastado seis veces más dinero que el inicialmente anunciado para cubrir estos Juegos, ¿realmente está interesada en gastarse aún más en medidas correctoras de este tipo? Si no ha tenido el detalle de ser previsora antes de empezar a construir, no lo será ahora. Eso seguro.
 
Según el Diario Expansión, «algunas organizaciones ecologistas han evidenciado varios vertidos ilegales de residuos de la construcción que han bloqueado las rutas de migración de animales como el oso pardo. También han denunciado, por ejemplo, que los ferrocarriles rusos hayan arrojado toneladas de desechos a un vertedero ilegal ubicado al norte de la ciudad, planteando un riesgo de contaminación serio para las fuentes hídricas locales». Y aún más, VeoVerde apostilla que «inicialmente los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 pretendían celebrarse dentro de la Reserva de la Biosfera del Cáucaso, un área natural federal con protección categoría II de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El Parque Natural de Sochi fue declarado área protegida en 1924 por la Unión Soviética y su objetivo es la conservación de abetos y especies endémicas. Sin embargo, el gobierno ruso no dudó en desafiar a su propia Constitución al trastocar repentinamente las leyes y permitir cualquier tipo de construcción en parques de este tipo. Así, la construcción de un centro de esquí y biatlón estaba prevista en la cordillera de Grushevy, en la zona adyacente a la Reserva. Sólo la presión internacional logró que finalmente Vladimir Putin autorizara la reubicación de estas instalaciones deportivas». Lamentable…
 
«El gobierno ruso está demostrando claramente que no está a la altura de un evento deportivo cuyo corazón es la paz, solidaridad y convivencia entre las naciones. El anfitrión debería ser ejemplo de respeto, pero todo lo que Sochi demuestra es desinterés por el ambiente, por la flora y fauna, y por las libertades humanas. Sochi 2014 es, por desgracia, sólo un bonito telón que oculta toda la podredumbre de detrás».

Pero bueno. El daño ya está hecho… así que disfrutemos, al menos, de los Juegos más caros de la historia, pues ninguna culpa tienen ni el pueblo ruso ni los miles de atletas participantes. Eso sí, al menos acordaos del oso pardo cada vez que suene el himno olímpico este año. Él tampoco tiene la culpa.
 
 
P.D.: Una de las tres mascotas de Sochi 2014 es un oso polar. Hay que tener huevos de robarle el rostro a una especie a la que las autoridades rusas matan cada día con sus jueguecitos en el Ártico.

[Más información en: http://www.laciudaddeportiva.com/desmitificando-los-juegos-verdes-de-putin/93741]
 

Comentarios

¡Qué bárbaro! Debo decir que

¡Qué bárbaro! Debo decir que los deportistas de Sochi han estado dando unas maravillosas actuaciones, pero...¿que el Gobierno Ruso haya arrasado con tantas hectáreas? ¡Maldita sea! Lo que hace la humanidad por un poco de fama, dinero y reconocimiento...

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