La literatura como antídoto contra la amnesia en los crímenes franquistas

El 20-N nos anima a hacer un repaso a la producción literaria que contribuye a recuperar la memoria de las víctimas del franquismo

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Objetivo CLM - Almudena Grandes
Miércoles, 19/11/2014 | Región, Nacional | Portada, Sociedad, Cultura

“Españoles, Franco ha muerto”. El próximo jueves se cumplirán ya treinta y nueve años desde que Arias Navarro, quien fuera presidente del gobierno en 1975, pronunciase estas palabras para comunicar al pueblo español que el Jefe del Estado había fallecido.

La desaparición de Francisco Franco supuso el final del régimen político vigente, pues el caudillo se erigía como pilar imprescindible del franquismo, cuyas estructuras político-sociales no tenían ya cabida en una España que estaba sirviendo de caldo de cultivo para los cambios que forjarían la nueva realidad democrática, la cual alcanzaría su máxima expresión a través de la etapa de la Transición y la Constitución de 1978.

Algunas tendencias de opinión, entre las que se acomoda la mía propia, cuestionan ese esplendor del proceso de transición debido a las numerosas sombras que se proyectan bajo determinados puntos, que debieron ser trascendentales en aquel contexto político. Sin embargo, algo incuestionable es que el tejido democrático de nuestro país dejó varios flecos sueltos que aún hoy siguen sin remendarse, como es la lobotomía que se le practicó a la memoria nacional mediante la Ley de Amnistía de 1977, forzando el olvido de los crímenes políticos cometidos durante el régimen franquista, que enterró en cunetas a millones de personas asesinadas en distintas circunstancias por razones de índole política.

La literatura no puede ayudar a la lucha que se está llevando a cabo desde diferentes organizaciones o profesionales de distintas áreas, como la de la Justicia o, incluso, la investigación docente. Sin embargo, los libros contribuyen a que la memoria histórica no quede relegada a un montón de casos archivados en el cajón de un despacho, pues las novelas actuales que narran sucesos enmarcados en tiempos del franquismo, aquellas que fueron censuradas en España durante el régimen o los textos que consiguieron ver la luz gracias a las argucias de los autores, mediante el uso de metáforas y simbolismos que enmascarasen el mensaje, centran su argumento en personas anónimas a las que se les arrebató la vida por defender una causa y unos ideales que asumían como propios y, por ende, contribuyen a ofrecer una visión del panorama sociopolítico de la época, fomentando que los españoles nos curemos esta amnesia colectiva que sigue impidiendo que se recuperen las historias y los restos óseos de las víctimas del franquismo.

En los últimos años, uno de los proyectos literarios más ambiciosos en este sentido es el de la escritora Almudena Grandes, que en 2010 inició con Inés y la Alegría una saga que presentó bajo el título Episodios de una guerra interminable, de la que ya tiene publicadas otras dos obras más. En la presentación de El Lector de Julio Verne, segundo título de la colección, en el Centro Cultural Tomás y Valiente de Fuenlabrada (Madrid), tuve la oportunidad de entrevistar a la escritora, que confesó que “la Transición fue como una escena de Mary Poppins en la que todos se daban la mano, pero en vez de cerrar la herida la pusieron una tirita y dejaron que siguiera sangrando, pero sin que se viera, creando un tumor en la sociedad. Por eso escribo los Episodios y por eso al público le gustan, porque la gente necesita conocer la Historia de verdad”.

Este conflicto ha nutrido numerosas novelas del panorama literario español, como La Voz Dormida, escrita por Dulce Chacón. Esta novela se centra en la cárcel de mujeres de Ventas, donde se desarrolla la historia de Tensi, una presa republicana embarazada que tiene a Felipe, su marido, luchando con la resistencia antifranquista en los montes. Esta línea principal sirve de base para desgranar la situación de precariedad y maltrato que sufrían las presas políticas durante los años de posguerra en España y como, en su mayoría, solo salían de la cárcel para colocarse de espaldas al paredón de fusilamiento.

En esta misma línea se sitúan otras novelas, como Si a los tres años no he vuelto de Ana R. Cañil, que encarna las dos Españas de la posguerra en los personajes protagonistas de dos mujeres, Jimena presa en la cárcel de Ventas y María Topete, la gobernanta de la prisión. Además, de estas obras encontramos algunas novelas y monográficos dedicados a casos tan concretos como el de Las Trece Rosas, historia de trece jóvenes encarceladas y fusiladas recuperada por Carlos Fonseca.

Por último, cabe destacar que existen obras contemporáneas a los hechos que nos ayudan a vislumbrar el panorama de la época. Entre estos trabajos, encontramos el relato en primera persona de Joan Llarch, escritor catalán que cayó cautivo del ejército nacional en la Batalla del Ebro y que escribe un diario personal sobre la complicada tesitura que vivió en el campo de concentración de Deusto. Este diario se publicó en 1975 bajo el título Los Campos de Concentración en la España de Franco y, sin duda, es una pieza de incalculable valor literario y, sobre todo, histórico.

Los escritores que vivieron en el exilio nos ofrecen también gran variedad de obras que transmiten la desazón y el desarraigo provocado por las causas y las consecuencias de la Guerra Civil. Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender podría erigirse como novela definitoria de este periodo.

La literatura no dejará nunca de descubrirnos realidades y de ayudarnos a comprender el mundo que nos rodea mediante una vía mucho más íntima que las habituales, ayudándonos además a discernir ficción y no-ficción y a sacar nuestras propias conclusiones. La libertad a la hora de establecer una opinión propia debe imperar siempre sobre cualquier otra cuestión, sin embargo, no sería justo calificar esta temática literaria de sesgada o poco objetiva, pues en tras el conflicto bélico de 1936, quedó un bando oprimido y silenciado, siendo este exclusivamente el que pretende ser homenajeado y recuperado históricamente a través de las letras.

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