La democracia corregida. Primer artículo del nuevo espacio "La Escalera Política"

Presentamos un nuevo espacio de opinión política. Miguel Ángel Manrique, amante de la filosofía, el arte, la sociología y la literatura, no cesa en su empeño por investigar sobre la tecnología, redes sociales, programación informática y el análisis de datos. La idea es conseguir una visión diferente sobre los aspectos cotidianos de la política de nuestros días.

Imagen: La democracia corregida
Objetivo CLM
Viernes, 22/01/2016 | Nacional | Portada, Opinión, Política

Carles Puigdemont ha sido investido como nuevo presidente del Parlament de Cataluña haciendo valer los acuerdos, in extremis, del día anterior. Sin necesidad de entrar en exhaustivos detalles numéricos, sí que resulta curioso que el acuerdo, no falto de polémica, se consiguiera por medio de 70 diputados, 68 por parte de Junts pel Sí junto a otros 8 de los 10 pertenecientes a la agrupación de la CUP, que votaron favorablemente no solo la formación de un acuerdo parlamentario de investidura sino el pistoletazo de salida para el denominado y ansiado “procés”. La hoja de ruta ya está marcada y el nuevo presidente de la Generalitat tiene bastante trabajo por delante, de verdad y del bueno.

La irremediable sensación de indignación de los que no llegamos a compartir el fin, las formas y los medios por los que este proceso se está abriendo paso no debe enturbiar nuestro sentido más crítico respecto al asunto y abordar al mismo con el máximo respeto. Sé que es difícil pues aquella minoría, que se ha aferrado a una forma de actuar legalmente irreconocible y poco respetable para con la mayoritaria ciudadanía, han creado tal sensación de división que fácilmente puede nublar nuestros sentidos que, ahora más que nunca, se nos antojan dispersos y a punto de abandonar todo conocimiento racional.

Las dudas acerca de la viabilidad del proceso de independencia no son ni remotamente infundadas pues son muchas las premisas que se han ido argumentando que, a ojos del simple ciudadano de a pie, bien pudieran parecer dignas de una obra cómica de teatro pero que no debemos ni por un segundo obviar ni presuponer. Económica y socialmente es un camino que de recorrerse mal, o debido a un mal tropiezo, puede llevar a situaciones comprometidas. Es por ello que no podemos olvidarnos de todos aquellos que, siendo mayoría, se han visto arrollados por la descontrolada maquinaria secesionista.

Muchas son las incógnitas que se nos escapan y que, posiblemente, muy pocos conozcan firmemente de primera mano. ¿Podemos pensar que la motivación del movimiento separatista está fundamentada en un marcado crecimiento del sentimiento de nacionalidad como pueblo y entidad cultural individual? Lo cierto es que es muy complicado establecer una lógica respuesta sobre la citada cuestión pues lo que hoy sentimos mañana lo olvidamos esperando sentir de nuevo algo parecido u otra cosa totalmente diferente. Más bien, y por la forma en que se ha llevado a cabo todo el proceso, parece que bien poco importa este sentimiento nacionalista pues la mayoría de catalanes exigieron aparcar a un lado el movimiento secesionista en la última convocatoria a las urnas, que no olvidemos eran unas elecciones autonómicas que fueron publicitadas como plebiscito por los mismos que quisieron llevar la consulta por derroteros nacionalistas. ¿Cuál es el motivo por el que una minoría pretende implantar sus idearios con extraños pactos anticonstitucionales de última hora y obviando el verdadero sentimiento de los ciudadanos catalanes?. Es muy complicado dar respuesta a tales cuestiones, sobre todo en base a lo que conocemos, a lo que nos llega y a lo que podemos llegar a comprender.

Un proceso legitimado y perfectamente democratizado no puede ampararse en citas como la que el ex-presidente de la Generalitat, Artur Mas, proclamaba: "Aquello que las urnas no nos dio directamente se ha corregido a través de la negociación". Esta afirmación no hace otra cosa que confirmar la poca o nula importancia respecto al sentimiento de los ciudadanos catalanes así como pone en duda el carácter democrático del asunto. Para Junts pel Sí, la CUP y ERC deben existir otros motivos con carácter legitimador que permiten supeditar la voluntad ciudadana que, cual lienzo de Eugène Delacroix, guíen al pueblo a la verdad, una verdad manipulada pero a su vez absoluta, libre y a la vez impuesta.

La construcción de un proceso que debiera llevar a Cataluña a un estado de bienestar, regeneración democrática, riqueza y armonía se ha edificado bajo unos lodos de turbias razones, de desamparo ciudadano, de la salida de capital de inversión, de déficit financiero y al final de un cierto miedo a una nueva consulta en las urnas. No puede explicarse de otra manera el pacto acordado con premura, la salida del incesable e inamovible Artur Mas o la dimisión de Baños entre otras muchas incongruencias. Esta última no falta de surrealismo, pues el diputado de la CUP no dudó en proclamar por activa y por pasiva su negativa a la investidura de Mas, y cuando todo pareció abocado a unas nuevas elecciones autonómicas catalanas, no dudó en abandonar su cargo aduciendo a la falta de consenso ideológico de su partido. Ya no se sentía capaz de liderar una idea de la que, en realidad, pensaba lo contrario.

Para los democráticos convencidos, la investidura de Carles Puigdemont es sin duda un error. Premeditado, pero un error, aunque bien es cierto que tan premeditado como el gran error cometido por gobiernos centrales, tanto PP como PSOE durante años, que no solo han dado lugar a la circunstancia actual en la que nos encontramos sino que la han estado alimentando con pactos, concesiones y privilegios que al final han terminado por despertar a un volcán dormido.

La hoja de ruta del nuevo parlamento de Cataluña está clara. Iniciar la secesión y ruptura de España en un plazo máximo de 18 meses entre los cuales habrá que constituir, de la nada, todo un sistema de Seguridad Social, Hacienda Pública y una Banca Central catalana. Se antoja misión imposible pero lo que saben muy bien quienes enarbolan el proceso separatista es que su mejor aliado siempre ha sido el propio gobierno español que nunca ha dado la sensación de verdadera unidad y jamás se ha mostrado abierto a una verdadera regeneración democrática entre partidos donde lejos de diferencias políticas, económicas o sociales específicas y partidistas creara los medios necesarios para garantizar una pluralidad referente y unificadora.

El proceso constituyente catalán no ha podido ver la luz en momento más delicado pues a expensas de la constitución de un gobierno en España, algunos partidos habrán, voluntaria o irremediablemente, cambiado su hoja de ruta y allá donde hubiese lineas rojas ahora serán muros de alambre espino y donde no había margen de diálogo ahora podrían acercarse posturas en los más variopintos pactos posibles y todo esto gracias al poder corrector democrático con que nos ha deleitado el procés.

Miguel A. Manrique "La Escalera Política" Objetivo CLM Noticias

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