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    Joaquín Muñoz González
    Asomándome al Objetivo para retratar este pequeño trozo de mundo que nos acoge

Flores y velas

Imagen: Flores y velas
Objetivo CLM - Joaquín Muñoz González
Lunes, 16/11/2015 | Nacional | Portada, Opinión

Buenos días, me llamo Joaquín y soy occidental. Me gusta comer pizza y carne de cerdo, beber vino y veranear en la playa tan solo vestido con un bañador, rodeado de hombres que también lo visten y mujeres que usan bikini, comen carne de cerdo y beben vino, igual que yo. Todos tenemos cerca de nosotros a Francia, con seres humanos creados a nuestra imagen y semejanza, tan occidentales como nosotros, con costumbres similares y sueños que alimentan el orgullo de esta parte del mundo. Ganar dinero, ascender en el trabajo, ver crecer a nuestros hijos con vivienda propia, disfrutar la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano… vamos, lo que se lleva por Europa y gran parte de América.

Luego están los otros, los musulmanes, los que no comen cerdo, no beben vino, no aspiran a ganar dinero ni a ascender en el trabajo, ni a casa propia, ni a los avances tecnológicos para estar cómodos en casa… que digo casa, en esos sitios raros donde habitan. Ellos solo saben gritar rezos extraños de rodillas en una alfombra, venerando a un dios que no es el auténtico, e inmolarse en mercados y cementerios cristianos, para matarse entre ellos y a todos aquellos que no luchan en el nombre de su Alá… están locos todos.

Estos que acabas de leer, son los peores dos párrafos que he escrito en mi vida. Lo reconozco, y desde luego no representan ni una sola coma de lo que realmente pienso. Pero esto que acabas de leer, plagado de tópicos primitivos y fruto de una ignorancia difícil de reconducir, existe gente que lo piensa… en serio… por si no lo sabías. Y son argumentos tan vacíos, tan asquerosamente repugnantes, como aquellos otros que aseguran sin pestañear que los atentados de Francia son consecuencia de haber abierto las fronteras a los malvados refugiados sirios.

Esos que en realidad pretenden entrar disfrazados de pobrecitos desamparados, con muchos niños alrededor… que a saber de donde los sacan para darnos pena, y que se han colado en nuestro maravilloso occidente para matarnos a todos… todos… con sus bombas y sus metralletas.

Me meto en el saco cuando reconozco que nuestra actitud no ayuda, porque cuando el crespón negro se convierte en moda, la solidaridad se vuelve efímera, y aparece uno, dos, quizás tres días. El tiempo justo para que se consuman las velas y marchiten las flores… y después se marcha por donde vino. Solo hay que acordarse de la imagen de aquel niño muerto en una orilla, cuando los refugiados eran buenas personas, y contar los minutos que el éxodo de esta gente ha ocupado en los informativos de esta última semana… era más importante lo de Cataluña.

Desde luego, este fin de semana, no aspiraba yo a ser informado por la tele del atentado de Beirut, con cuarenta y tres muertos, supongo que El Líbano nos pilla algo más lejos. Aunque este argumento me hace preguntarme que hubiera pasado si en lugar de Beirut se hubiera producido en Rabat, trescientos kilómetros más cerca de Madrid que París.

Bueno, y no me voy a meter en el negocio de las armas, la venta de armas a Arabia Saudí y demás, ya están hablando de esto bastante los “perroflautas”.

Lo que sí voy a hacer, es dar mis condolencias a las familias de las víctimas en París, y en Beirut. Una de ellas tiene mucho que ver con mi tierra, Ciudad Real, y por ellas, las de París… y las de Beirut, enciendo mi pequeña vela y dejo mis humildes flores, deseando que la pesadilla se calme con paz… y mucho amor.

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