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    Joaquín Muñoz González
    Asomándome al Objetivo para retratar este pequeño trozo de mundo que nos acoge

Esta España mia, esta España ¿nuestra?

Siempre he sentido curiosidad por saber a quien se le ocurrió aquello de fijar la fecha del doce de octubre como día de la fiesta nacional. Desde luego, si utilizamos esta extraña fecha para hermanar a los pueblos hispanos, bienvenida sea, ¿pero es ese realmente el motivo?

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Objetivo CLM - Joaquín Muñoz González
Lunes, 12/10/2015 | Nacional | Portada, Opinión

Siempre he sentido curiosidad por saber a quien se le ocurrió aquello de fijar la fecha del doce de octubre como día de la fiesta nacional. Desde luego, si utilizamos esta extraña fecha para hermanar a los pueblos hispanos, bienvenida sea, ¿pero es ese realmente el motivo?

            Nos contaron la milonga, al menos a la generación de la EGB, de que Colón descubrió América un doce de octubre y claro, por eso se celebraba este día. Es curioso, los norteamericanos celebran su cuatro de julio porque conmemoran la jornada en la que se sintieron libres de sus opresores, firmando su declaración de la independencia. Nosotros el doce de octubre recordamos la fecha en la que comenzamos una invasión de tierras desconocidas a base de matanzas indiscriminadas, violaciones sin escrúpulos, y saqueos a destajo, siempre con la Biblia en una mano y la espada en la otra.

            Y llega este día, nuestro día, y empieza la fiesta. Para empezar aquí no trabajan ni los independentistas catalanes, que mucho que me voy que no me voy, pero como decía mi abuela, que nos den “choco, tajás y mojar en la pringue”. Colocamos al rey en un pedestal, sacamos brillo a los fusiles, enceramos los tanques y le damos un multi-vitamínico a nuestra cabra para que nos marque el paso, y ¡hala! a gritar VIVA ESPAÑA como si fuera a acabarse el mundo mañana por ser trece. ¿Se siente alguien así más español? Yo creo que tan solo se sienten más patriotas, que no es lo mismo.

            Yo soy español, me siento tan español como el que más. Soy de esa España de tapeo a la rivera del Guadalquivir, en pleno barrio de Triana, escuchando a tres gitanitos tocando la guitarra mientras piden su propina. De esa España de atardecer en el mirador de San Nicolás, con la Alhambra de fondo, rodeado de hippies vendiendo artesanía y viejas gitanas abanicos y castañuelas. La de un paseo amaneciendo en la playa del Postiget alicantino, la que come paella en un chiringuito valenciano, se tira la tarde de sidras en Cangas de Onís o se empacha de marisco en la noche Coruñesa. Soy de la España medieval de las calles toledanas, de la España fiestera en la feria de Albacete y de esa España que se pierde bajo la lluvia por las enredadas calles del Malasaña madrileño. Mira si seré español de mi España, que la siento hasta paseando por las ramblas y en cada rincón del museo Dalí de Figueras. Podría seguir así todo el artículo, porque si no nos paramos a pensar en donde vivimos, no nos damos cuenta de que esta santa casa está formada por un impresionante y maravilloso collage de culturas y tradiciones. Y tan solo espero de mi tierra, que no mi patria, que eso no cambie nunca.

 Otro tema son los símbolos que nos representen, incluida la monarquía. Como me gustaría pensar que por añadirle o quitarle un color a la bandera no dejaremos de seguir siendo nosotros. Te contaré algo… imagina que tienes tu casa, con anchos muros y amplias habitaciones. Ese hogar donde el frescor alivia el verano y se muestra cálido el ambiente en invierno. Donde crecen tus hijos con salud, y duermes todas las noches con tu pareja. Ese hogar donde reúnes de cuando en cuando a tus amigos y celebras acontecimientos familiares, donde refugias a tus padres sus últimos años de vida, donde conoces a las parejas de tus niños y los ves formar sus familias. Si dentro de esos muros, consigues que la felicidad se acople a tu vida, ¿Por qué debería preocuparte el color de la fachada?

Yo no soy republicano, ni monárquico, tan solo soy un españolito más, de los de a pie, que espera de sus gobernantes una buena gestión, sean o no de sangre azul, para seguir con mi vida tranquila y sin demasiados sobresaltos. Y disfruto de mi casa, procurando asomarme a la calle tan solo para ir de visita, e intentando no fijarme demasiado en el color de mi fachada.

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