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    Angélica Sánchez
    Cronista de lo desapercibido

El otro lado de la tostada

Como todas las mañanas de domingo, desde hace cinco años y cuarenta y dos días, a Él le toca preparar el desayuno. No fue algo casual y fortuito sino cuestión de suerte, más bien de echar a suertes quien de los dos sacrificaba la Santa Pereza Dominical del Sagrado Remoloneo por la elaboración del más suculento desayuno de la semana

Imagen: El otro lado de la tostada
Objetivo CLM - Angelica Sánchez
Martes, 06/10/2015 | Nacional | Portada, Opinión

Como todas las mañanas de domingo, desde hace cinco años y cuarenta y dos días, a Él le toca preparar el desayuno. No fue algo casual y fortuito sino cuestión de suerte, más bien de echar a suertes quien de los dos sacrificaba la Santa Pereza Dominical del Sagrado Remoloneo por la elaboración del más suculento desayuno de la semana. Cara. Cruz. Triple salto mortal con doble tirabuzón numismático y la moneda echó la suerte…  Suerte que pidiese cruz y saliese cara. Suerte que le tocase preparar el desayuno porque, de no haberle tocado, no hubiese descubierto el otro lado de la tostada.

Todas las mañanas de domingo desde hace cinco años y cuarenta y dos días, el salón huele a café recién hecho, zumo de naranja recién exprimido y pan tostado untado con una nuez de mantequilla. De todas esas mañanas, doce de ellas pasan al anecdotario de “tostadas caídas del lado de la mantequilla”. Menos una. La de ese domingo. Justo en el momento que entreabrió los labios preparándose a dar el primer y más crujiente mordisco, un descuido de dos dedos hace que la rebanada caiga al suelo. Prodigiosamente y contra toda pronóstico de la Ley de Murphy, la tostada cayó del lado sin untar.

Todo un milagro.

En dos segundos la noticia se corrió de boca-oído por todo el vecindario, el barrio, la ciudad al completo, causando tal sorpresa que todo el mundo mantenía profundas discusiones una mañana de domingo acerca del sorprendente suceso de la rebanada. ¿Por qué la tostada no había caído esa mañana del lado de la mantequilla?

Absorto, con la boca aún entreabierta y preparado para esbozar un bocado al aire, pasaron en quince nanosegundos por su cabeza todas las respuestas posibles e imposibles que diesen crédito al fenómeno. Ella, mirándolo con esa forma de mirar tan tierna y pícara como cuando se utiliza una moneda sin cruz sino con dos caras para echar a suertes quien prepara los domingos el desayuno, sonrió: “La solución es sencilla. La tostada no ha caído mal. Es que has puesto la mantequilla del lado equivocado.”

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