Apariencia aparente

España vive sorprendida el caso de Nicolás Gómez Iglesias, que quién es Nicolás, esa es la pregunta del millón

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Objetivo CLM - Emilio Hidalgo
Lunes, 20/10/2014 | Región, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo, Nacional, Internacional, Puertollano, La Mancha | Portada, Sucesos, Sociedad, Salud, Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología, Economía, Opinión, Deportes, Política, Turismo, Medio Ambiente, Gastronomía

España vive sorprendida el caso de Nicolás Gómez Iglesias, que quién es Nicolás, esa es la pregunta del millón. Nicolás no es nadie, simplemente un joven con mucha cara y poca vergüenza que supo, desde el primer momento, que en esta sociedad la imagen lo es todo, así que se creó una imagen idílica. Un joven de 20 años recién cumplidos que se situaba en las más altas esferas políticas y sociales; un maestro de la ciencia ficción ajustada a realidades envidiadas y con el único aval de un álbum de fotos extenso, muy extenso. Una imagen vale más que mil palabras y cientos de imágenes valen más que… En fin, nada parece valer más que tanta fotografía con alto cargo.

 

Este muchacho, hoy detenido por estafa y suplantación de personalidad, ha cometido el delito más execrable y condenable en el tiempo que nos ha tocado vivir, casi un crimen. Nicolás ha revelado que no hace falta ser alguien preparado, formado ni nada parecido. Posiblemente no hace falta ni ser inteligente, basta con ser un listo y tener mucha cara. Aunque le fastidie a los podemistas ni siquiera es necesario pertenecer a la casta, sólo hay que hacerlo creer. Una vez dentro no hay más que escuchar, aprender, callar y aparecer en la foto.

 

Lo que me pregunto no es cómo logró llegar tan lejos sino cuántos han llegado incluso más allá. Viendo esta historia, y lo sucede día tras día en este país, la pregunta lógica es, ¿cuántos de los que están arriba han trepado por conocer a, por ser de, por haber estado en o por simplemente aparentarlo? ¿Cuántos de los que dirigen nuestros destinos, véase Gobierno, oposición, patronal, sindicatos…, son Nicolás con otra cara? Esto lo hemos construido nosotros mismos y nos avergüenza que se sepa. Nos inquietan muchas cosas, de las que preferimos no hablar, porque creemos que no tienen solución, que vamos a hacer cundir el ejemplo o que todavía pueden arrastrar resultados peores.

 

No me cansaré de decirlo, los periodistas hemos perdido uno de nuestros principales objetivos, el de formar. Quizá no es rentable; no hay vocación en ese sentido; no queremos ser los sabiondos de la clase… No sé qué motivos subyacen tras esto, pero hay que ponerle freno. España tiene que quitarse la mordaza. Necesitamos, como sociedad, que los periodistas plasmen las deficiencias de los que están al frente, no para juzgarlos sino para poner remedio; siempre será mejor que esperar a que en una rueda de prensa descubramos al inútil.

 

¿Quién quiere tener un ministro, un concejal, un diputado, un senador, que no sabe de lo que habla? O que se lo ha aprendido de carrerilla dos minutos antes porque se lo ha contado un técnico. Prefiero a políticos que digan: “damas y caballeros, les va a hablar el que sabe de esto”. Lo sé, es muy complicado defender un sueldo político ejerciendo sólo de presentador, pero tal vez hay que cambiar el modelo. A lo mejor ese cargo, por muy político que sea, debería estar ocupado por alguien experto en el tema. O el político debería cobrar como un presentador. No de televisión sino de pregón de fiestas.

 

Sé que diciendo esto, muchos tendrán en mente a Ana Mato, es normal, es el caso más reciente y hemos aprendido que no hay mejor referencia que la de actualidad. Pero no me refiero sólo a ella. Seguro que tienen ejemplo similares en cada partido político. Incluso en cada ayuntamiento.

 

Resulta irónico (y triste, si se me permite) que un periodista cualquiera, tenga que documentarse y corroborar con al menos tres fuentes cualquier información, hasta para decir que fulanito es tonto del bote, y que luego, el tal fulano, pueda desenmascarar su tontuna en un segundo, en rueda de prensa y antes todo un país, por no haberse documentado.

 

Ministros que no saben de su área; consejeros de bancos y cajas que no saben qué y cómo se tributa; cargos constitucionales que avanzan contra la constitución que los arropa… Son muchos los casos de esta desidia. Resulta cómico que todo se razones. Que haga falta saber inglés para ser barrendero, pero no para ser presidente del Gobierno.

 

Voy a terminar con el caso descacharrante de la semana. PODEMOS se querella contra Esperanza Aguirre por equipararlos con ETA y no formaliza la demanda correctamente la demanda, resultando condenados a costas y quedando como no comparecidos. ¿Alguien se ha parado a pensar que habría pasado si se hubiera llegado a juicio y Esperanza Aguirre hubiera sido exonerada de culpa?

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