Mujeres que dejaron huella en la historia. Helen Keller

Helen Adams Keller nació en Tuscumbia en el estado norteamericano de Alabama el 27 de junio de 1880.  Su padre Arthur H. Kekker era propietario del periódico “Tuscumbia North Alabamian” y había participado en la Guerra de Secesión en el ejército confederado como capitán

Imagen: Mujeres que dejaron huella en la historia. Helen Keller
Objetivo CLM - Lucía Ballesteros
Lunes, 13/07/2015 | Internacional | Portada, Sociedad

Helen Adams Keller nació en Tuscumbia en el estado norteamericano de Alabama el 27 de junio de 1880.  Su padre Arthur H. Kekker era propietario del periódico “Tuscumbia North Alabamian” y había participado en la Guerra de Secesión en el ejército confederado como capitán.

Casado dos veces de su primera esposa, Sarah Rosser, tuvo dos hijos James y William. Viudo volvió a contraer matrimonio con Kate Adams. De este matrimonio nacieron tres hijos: Helen, Mildred y Philips.

Su abuela paterna era sobrina de Robert E. Lee. Hija del edecán de LaFayette, Alexander Moore, y nieta de Alexander Spotswood, gobernador de Virginia. Su abuelo materno, Charles W. Adams era descendiente del segundo presidente estadounidense John Adams. También luchó en el ejército confederado durante la Guerra Civil Estadounidense y llegó al grado de coronel.

Tras la derrota de la Confederación su familia pasó a vivir de forma modesta ya que perdió gran parte de sus finanzas.

A la edad de diecinueve meses, Hellen  sufrió lo que en su época los médicos denominaron congestión cerebro-estomacal. En la actualidad algunos especialistas creen que lo que padeció pudo ser escarlatina, sarampión o meningitis.

La enfermedad le produjo importantes secuelas tales como: la pérdida total de la audición y la visión. A raíz de ello su carácter se desarrolló de forma tiránica, vanidosa, demente con crisis de furor.

Al cumplir los siete años, sus padres optaron por buscarle una instructora. Del  Instituto Perkins para Ciegos les enviaron a una joven especialista, Anne Sullivan, que se encargó de su formación y logró un avance en la educación especial. Hellen continuó viviendo al lado de Sullivan hasta la muerte de esta en 1936.

En su autobiografía, Keller diría: «Me maravillo al pensar en los inconmensurables contrastes que había entre las dos vidas que reunió ese encuentro».

Sullivan pidió de forma inmediata una habitación separada para poder atender mejor a su alumna. Empezó a enseñarle como tenía que comunicarse mediante el deletreo de palabras en su mano. Los inicios fueron duros y frustrantes para Hellen  pues desconocía que cada palabra tuviera un objeto asignado. Tampoco era capaz de distinguir la diferencia entre los verbos y los sustantivos. Lo que sí asimiló rápido fue la relación existente entre las palabras y los objetos.

Pronto captó que nuevas palabras le hacían recordar imágenes olvidadas y empezó a percibir ideas abstractas al darse cuenta de que las palabras también pueden siginifcar un sentimiento.

La repetición de las palabras era una táctica que  Sullivan enseñó a Helen para que pudiera  tomar parte en las conversaciones mediante el deletreo de palabras en las manos. Pasado el tiempo, Keller elogiaría a Sullivan por su «particular comprensión, inteligencia y tacto amable».

El siguiente gran paso fue aprender a leer. Para ello, Sullivan, le brinda pequeños cartones en relieve con oraciones cortas. Hellen recibió clases de aritmética, zoología y botánica.

Transcurridos tres meses fue capaza de leer y escribir mediante el sistema Braile y más tarde llegó a utilizar el lápiz. Gracias al esfuerzo y trabajo de Sullivan el carácter de Hellen cambió por completo llegando a ser más civilizada y amable. Además, aprendió a leer los labios  a través del tacto de los mismos.

Sullivan acompañó a Keller durante 49 años hasta su muerte. En mayo de 1888, ambas se trasladan al Instituto Perkins para Ciegos en Boston. A los diez años conoce a la sordociega de origen noruego Ragnhild Kåta que había logrado aprender a hablar.

Hellen deseaba llegar a hablar y para ello Sullivan se la presentó  a la educadora Sarah Fuller, directora que la Escuela para Sordos Horace Mann. 

Fuller le proporcionó once lecciones, utilizando el método  Tadoma . Consistía en presionar los dedos sobre la garganta del aprendiz para que emitiera un sonido.Más tarde, Helen practicó este método de forma independiente con Sullivan  y al final fue capaz de articular su garganta para pronunciar palabras, aunque su voz al final de su vida continuaba siendo de difícil entendimiento para las personas.

El triunfo en su formación de debió a su voluntad y a le mejora económica de su familia que le permitió contratar profesores y llevarla a los mejores colegios privados.

En 1894, Helen y Anne impulsaron la creación de una escuela para sordos en Nueva York prestando su ayuda a  Juan D. Wright y al Dr. Thomas Humason. Ese mismo año asiste a la Escuela para Sordos Wright-Humason y en 1986 se matricula en la escuela de señoritas de Cambridge en Massachussets. Siempre acompañada por Anne Sullivan quien le ayudaba con las tareas y lectura de libros.

Después de graduarse de la escuela secundaria en Cambridge, Keller ingresó en el Radcliffe College. Su sueño fue siempre poder ir a la Universidad. Accedió a ella en 1900 y sus fueron financiados por el magnate de la Standard Oil, Henry Huttleston Rogers, y su esposa Abbie, a quienes había conocido por intermedio de Mark Twain.

En la universidad, Helen se enfrentó a nuevos retos: sus manuales de capacitación debieron ser impresos en braille y las clases estaban repletas de gente, aún así los profesores la apoyaron sobre todo en álgebra y geometría.

Radcliffe tuvo una gran influencia en la formación de su ideología política izquierdista. También en Radcliffe empezó a escribir sus primeras obras como “La historia de mi vida”. Keller se graduó con honores en 1904, convirtiéndose en la primera persona sordociega en obtener un título de grado.

En el mismo año, Sullivan contrajo matrimonio con John Macy, un socialista obstinado con el que Keller leyó la obra filosófica de H. G. Wells, que reafirmó más  aún sus puntos de vista socialistas. John Macy y Anne Sullivan acabarían divorciándose en 1914.

Keller, Sullivan y Macy se trasladaron a una nueva vivienda en Forest Hills, donde escribió varios libros: “El mundo en el que vivo”, “Canción del muro de piedra” y “Fuera de la oscuridad”.

Hellen Keller mantuvo una continuada correspondencia con el filósofo y pedagogo austríaco Wilhelm Jerusalem. También se incorporó a  organizaciones reconocidas por su lucha contra el racismo en Estados Unidos, incluyendo la National Association for the Advancement of Colored People.

Durante la Primera Guerra Mundial, Keller se opuso al ingreso de Estados Unidos al conflicto bélico y fundó la organización Helen Keller International y se manifestó a favor de la Revolución rusa y las políticas de Lenin.

Keller se convirtió en una oradora y autora de fama mundial, y fue considerada a la vez una ferviente defensora de las personas con discapacidad. Pacifista durante toda su existencia escribió sobre temas como la prostitución y la sífilis.

Llegó a conocer personalmente a todos los presidentes de Estados Unidos desde Grover Cleveland a John F. Kennedy.

Sus actividades llamaron la atención de los cineastas y su vida fue objeto de un documental dirigido por George Foster Platt , sobre el guión de Francis Trevlyan Millar y la ayudad de Lawrence Fowler y Arthur Todd.  La película muda se tituló “Deliverance” y se estrenó en 1919.

Durante los años de 1920, Keller viajó por  todo el país realizando conferencias en compañía de Sullivan. En 1924, se retiró  de la actividad política para dedicarse al trabajo con personas de discapacidad visual, tarea que le fue facilitada al ingresar a la Fundación Americana para Ciegos. En 1932, fue nombrada vicepresidente del Real Instituto para Ciegos en el Reino Unido. Anne Sullivan, su compañera durante 49 años, murió en 1936. Su muerte supuso un duro golpe para Hellen quien llegó a escribir:   «Ofrezco una súplica temblorosa al Señor, porque si ella se va, voy a quedar realmente ciega y sorda».

En 1937, Keller viajó a Japón, donde conoció la historia del perro Hachiko. Entre 1946 y 1957, Keller visitó treinta y cinco países de Sudamérica, Europa y África, con la ayuda financiera del  Departamento y la Fundación Americana para Ciegos. Visitó las ciudades de Hiroshima y Nagasaki  y los soldados que habían perdido la vista o el oído durante el combate con el fin de ofrecerles contención y ánimo.

En 1954, participó en el rodaje del documental “Helen Keller in Her Store”, dirigida por Nancy Hamilton y narrada por Katharine Cornell, que obtuvo el premio Óscar al mejor documental largo.

La formación de Keller significó un avance importante en la educación especial.

Por sus logros, el presidente estadounidense Lyndon Johnson le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad en 1964. En 1971, su nombre fue introducido en el Alabama Women's Hall of Fame. En 1980, con motivo del centenario de su nacimiento  Jimmy Carter proclamó por decreto al 27 de junio,como el «Día de Helen Keller». En 2003, Alabama honró su memoria con la edición de una moneda de 25 centavos con su imagen. Un hospital de Sheffield y diversas calles de Zúrich, Getafe, Lod, Lisboa y Caen llevan su nombre a modo de homenaje.

Mark Twain, quien admiraba profundamente a Keller, la comparó con Juana de Arco y la consideró una de las personas más relevantes de su época, junto a Napoleón Bonaparte.

Keller falleció mientras dormía el día 1 de Julio de 1968, poco antes de cumplir ochenta y ocho años, en su residencia de Easton, Connecticut. Se llevó a cabo un servicio memorial en la Catedral Nacional de Washington, donde sus cenizas fueron colocadas al lado de las de Sullivan y Thomson.

Poco antes de morir, Keller había exclamado: «En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha”

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