Mujeres que dejaron huella en la historia, Hildegarde Von Bingen

Hildegarde Von Bingen nació en Bermersheim, en el valle del Rin, en la actual Renania-Palatinado, en Alemania, el 16 de septiembre de 1098. Su familia era de origen noble y acomodada

Imagen: Mujeres que dejaron huella en la historia, Hildegarde Von Bingen
Objetivo CLM - Lucía Ballesteros
Lunes, 27/07/2015 | Internacional | Portada, Cultura

Hildegarde Von Bingen nació en Bermersheim, en el valle del Rin, en la actual Renania-Palatinado, en Alemania, el 16 de septiembre de 1098. Su familia era de origen noble y acomodada. Al ser la menor de los diez hijos de Hildeberto de Bermersheim, y Matilde de Merxheim-Nahet fue estimada como el diezmo para Dios, cedida como oblata y consagrada desde su nacimiento a la actividad religiosa como mandaba la tradición medieval.

Educada por la condesa Judith de Spanheim  aprendió a rezar el salterio, la lectura del latín aunque no así su escritura y  canto gregoriano. Con catorce años maestra y discípula se enclaustran en el monasterio de Disibodenberg.

Este monasterio masculino acoge a un pequeño grupo de reclusas en una celda contigua bajo el mando de Judith. La ceremonia de clausura solemne se celebró el 1 de noviembre de 1112 y en ella participaron Hildegarde, Judith y otra reclusa más.

En 1114, la celda pasó a ser  un pequeño monasterio, con la finalidad acoger al creciente número de vocaciones. Ese mismo año Hildegarde profesó bajo la regla benedictina, recibiendo el velo de manos del obispo Otón de Bamberg.

Judith murió en 1136, con fama de santidad   e  Hildegarde, pese a su juventud, fue elegida como abadesa  de forma unánime por la comunidad de monjas.

Desde niña, Hildegarde tuvo una frágil constitución física, padecía constantes enfermedades y experimentaba visiones. Gracias a la biografia escrito por el monje Teodorico de Echternach conocemos que desde los tres años tuvo la visión de “una luz tal que mi alma tembló”, en palabras de la propia Hildegarde. Vivía estos episodios sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis.

Con cuarenta y dos años, en 1141, experimentó un episodio de visiones más fuertes, durante el cual percibió la orden sobrenatural de escribir todas las visiones que en lo sucesivo le acontecieran.  Desde ese momento redactó todas sus experiencias con la ayuda de Volmar, monje y amanuense de  Disibodenberg; y con la colaboración de una de Ricardis de Stade , una de sus monjas. El libro llevó por título “Conoce los caminos” y se concluyó en 1151.

Como siguiera recelando de sus revelaciones, de los textos que escribía y, más aún, de su publicación, para clarificar sus temores recurrió al asesoramiento de Bernardo de Claraval, ilustre monje de la Orden del Císter.  La respuesta fue invitarla a “ reconocer este don como una gracia y a responder a él ansiosamente con humildad y devoción”.

El arzobispo Enrique de Maguncia conocedor de estas visiones y profecías envía una comisión al Papa Eugenio III para informarse de lo sucedido y lograr que se declarara sobre la naturaleza de tales dones. 

En 1148, un comité de teólogos, presidido por Albero de Chiny-Namur, obispo de Verdún, a petición del papa, estudió y aprobó parte del “Conoce los caminos”. El mismo Papa confesó que tales visiones eran fruto de la intervención del Espíritu Santo y la invitó a seguir escribiendo. Así comenzó, además una relación epistolar con numerosas personalidades de la época como Bernardo de Claraval, Federico I Barbarroja, Enrique II de Inglaterra o Leonor de Aquitania, Tal fue su reconocimiento, que llegó a ser conocida como la Sibila del Rin.

Una de sus visiones la llevó hasta un lugar «donde no había agua y donde nada era placentero», allí fundó un monasterio en la colina de San Ruperto, próxima a Bingen, al oeste del río Rin para desplazar  a su numerosa comunidad e independizarla de los monjes de Disibodenberg.

El abad de Disibodenberg, Kuno, se opuso a su salida lo que provocó graves trastornos físicos en Hildegarde. Gracias a la intervención de la marquesa Ricardis de Stade, Enrique I, arzobispo de Maguncia, el nuevo monasterio de Rupertsber pudo ser fundado; siendo su abadesa la propia Hildegarde.   

La fama de santa y profetisa la llevó a entablar una gran amistad con el emperador Federico I Barbarroja hasta el extremo que el soberano otorgó un edicto de protección imperial a perpetuidad al monasterio de Rupertsberg.

La labor de escritora de Hildegarda se vio interceptada por los viajes de predicación. Si bien la clausura en sus tiempos no era tan estricta como lo sería a partir de Bonifacio VIII, sorprendía y causaba admiración entre sus contemporáneos que una abadesa abandonara su monasterio para predicar. Sus predicaciones hacían referencia a la redención, la conversión, la reforma del clero y su oposición frontal a los cátaros.

Cuatro  fueron los viajes de predicación que realizó: el primero entre 1158 y 1159,  a Maguncia y a Wurzburgo. En 1160  el segundo a Tréveris y a Metz., el tercero, entre 1161 y 1163, viajó por el Rin hasta Colonia y el último, comprendido entre 1170 y 1171, predicó en la región de Suabia.

Con motivo del cisma provocado por la elección del antipapa Víctor IV con el apoyo del emperador Barbarroja, frente al papa romano Alejandro III, Hildegarde hizo graves amonestaciones proféticas al primero de estos, así como al emperador mismo.

Su última vivencia crítica se produjo cuando su comunidad dio sepultura a un noble excomulgado, en 1178, ya que el derecho canónico prohibía su enterramiento en suelo sagrado. Se opuso a la exhumación del cadáver y borró cualquier rastro el enterramiento.

Sostuvo que había sido reconciliado con la Iglesia antes de morir. Los prelados de Maguncia, en ausencia del arzobispo Christian, que estaba en Roma, pusieron en entredicho al monasterio. Al regresó del arzobispo se presentaron testigos que apoyaban la versión de Hildegarda y fue levantado el entredicho.

Pocos meses después, el 17 de septiembre de 1179, a los 81 años de edad moría  Hildegarda. Cuentan las crónicas  que a la hora de su fallecimiento aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores que formaban una cruz en el cielo.

Gregorio IX abrió el proceso de canonización en 1227, que no llegó a ser finalizado. Reabierto por Inocencio IV en 1244, corrió la misma suerte. Empero, a consecuencia de la difusión de su culto se la inscribió en el Martirologio romano. Su nombre fue añadido en algunas letanías; se extrajeron reliquias de su sepulcro; se celebró su fiesta litúrgica; se le atribuyeron milagros y sus representaciones pictóricas y escultóricas comenzaron a ser objeto de veneración.

Sus reliquias fueron conservadas en el convento de Rupertsberg hasta que fue  destruido en  1632, durante la Guerra de los Treinta Años; en que fueron trasladadas primero  a Colonia y después a Ebingen donde se depositaron en la iglesia parroquial donde aún reposan.

Con motivo del 800 aniversario de su muerte, Juan Pablo II la describió  como profetisa y santa. En 2006, el papa Benedicto XVI  la citó  como santa y la encomió como una de las grandes mujeres de la cristiandad junto con Catalina de Siena, Teresa de Ávila y la madre Teresa de Calcuta. En 2010 le dedicó las Audiencias Generales celebradas del 1 al 8 de Septiembre, en el marco de una serie de catequesis sobre escritores cristianos siendo la primera mujer presentada en este tipo de actos, puntualizando el valor teológico de sus escritos y enseñanzas. En diciembre de 2011 le otorgó el título de "Doctora de la Iglesia". En 2012 la inscribió en el catálogo de los santos. El 27 de mayo de 2012  fijó la fecha para proclamarla Doctora. El 7 de octubre de 2012 se realizó la proclamación oficial por el cual se le concedió el título de Doctora para la Iglesia Universal junto con san Juan de Ávila por el papa Benedicto XVI.

Hildegarda también es venerada por algunas de las Iglesias que conforman la Comunión anglicana, entre ellas la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia episcopal escocesa. Tanto en la Iglesia católica como en la Comunión anglicana se la celebra el 17 de septiembre.

La obra de esta religiosa está escrita en latín medieval. Empleó varios estilos de escritura: el tratado teológico, el epistolar, el hagiográfico, el médico, pero sobre todo sobresalen sus obras visionarias en donde utiliza la alegoría ética-religiosa con símbolos poco frecuentes.

Su influencia y maneras de escribir provienen de las Sagradas Escrituras a través de la Biblia Vulgata, con especial atención a los profetas, el Nuevo Testamento, sobre todo, el Evangelio de San Juan y el Apocalipsis. También se le atribuyen conocimientos de obras patrísticas y por ende influencia de San Agustín y San Isidoro de Sevilla, así como, de Cicerón, Lucano, Séneca y Galeno.

Sus obras llegaron hasta nuestros días gracias al interés de los monjes que la admiraron y la ayudaron a escribirlas, encabezados por Guibert de Gembloux. Entre los manuscritos medievales más importantes que se han conservado, se encuentran, entre otros : El códice de Riesencodex;. y el Códice Villarenser o Dendermonde  escrito hacia 1175.

De las obras religiosas que escribió Hildegarde, destacan tres de carácter teológico: “Scivias”, sobre teología dogmática; “Liber vite meritorum”, sobre teología moral; y “Liber divinorum operum,” sobre cosmología, antropología y teodicea. Esta trilogía forma el mayor corpus de las obras y pensamiento de la visionaria del Rin.

Otra de sus principales obras es la creación de su Lingua ignota, primera lengua artificial de la historia, por la que fue nombrada patrona de los esperantistas. Dicha lengua fue expuesta en su escrito “Ignota Lingua per simplicem hominem Hildegardem prolata”, que ha llegado a nosotros integrada con otras obras en el Riesencodex..

Hildegarde compuso setenta y ocho obras musicales, agrupadas en “Symphonia armonie celestium revelationum”: 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías, 1 aleluya, 1 kyrie, 1 pieza libre y 1 oratorio. Además, compuso un auto sacramental musicalizado llamado Ordo Virtutum sobre las virtudes.

El valor teológico de las enseñanzas de Hildegarde ha sido reconocido desde antiguo por la Iglesia católica y ha llegado  hasta nuestros días. Muestra de ello fue la inclusión de su vida y obras en el famoso compilado histórico de teólogos publicado en 1885 por Jacques Paul Migne, la Patrologia Latina.

A Dios lo presenta como la fuente de toda fuerza, vida y fecundidad; y al hombre como el centro del mundo creado por Dios y partícipe de la obra redentora. El Verbo de Dios, hecho carne en la figura de Jesucristo, posee así la doble naturaleza divina y humana, de la misma manera que la Iglesia, los sacramentos y las virtudes poseen las realidades sobrenatural y mundana. Su figura y su obra han recibido diversos homenajes.

La iglesia parroquial de Eibingen, donde reposan sus reliquias fue reconstruida  en 1932 tras un incendio. El altar principal se encuentra adornado por un mosaico que reproduce la visión de Hildegarda sobre la Trinidad.

La abadía de santa Hildegarde en Rüdesheim am Rhein es una abadía benedictina reconstruida  entre 1900 y 1908 sobre las ruinas originales de una de las fundaciones de Hildegarde. De estilo neorrománico, su nave presenta frescos con las visiones de la abadesa.

La población de Bingen am Rhein  ha dedicado un museo a la vida y obra de esta santa.

La película A Beautiful Mind, ganadora del Óscar a la mejor película en el año 2001, utilizó una de las canciones de Hildegarda titulada “Columba aspexit” dentro de la banda sonora.

En el año 2009, la directora alemana Margarethe von Trotta filmó la película "Visión: La historia de Hildegard von Bingen" interpretada por la actriz alemana Barbara Sukowa

La BBC produjo un documental en  1994 titulado «Hildegard of Bingen» ; y la televisión alemana realizó otro denominado “Hildegarde de Binben. Una mujer del siglo XII”.

Interpretes como  Gothic Voices, Emma Kirkby, la Oxford Camerata bajo la dirección de Jeremy Summerly, Garmarna y Anonymous 4 interpretaron temas a partir de su música.

El 14 de abril de 1998, el gobierno alemán puso en circulación una moneda de 10 marcos, en plata de ley, conmemorativa del 900 aniversario de Hildegarda de Bingen.

El asteroide que lleva su nombre fue descubierto por el astrónomo alemán Max Wolf el 3 de agosto de 1918.

Grupos feministas eclesiásticos y seculares la han tomado como un ejemplo a seguir en la reivindicación del papel de la mujer en la historia y de su importancia en la apertura de roles tradicionalmente masculinos al género femenino.

También, el músico Devendra Banhart homenajeó a esta Santa en su vídeo "Für Hildegard von Bingen" que fue lanzado en octubre de 2013, mostrando el lado artístico de Hildegarde.

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