Sigüenza, reserva para la observación del cielo y el horizonte

  • Levantar la vista al cielo liberó al hombre de sus mitos y le inspiró la ciencia. Siglos después, Sigüenza se conserva como una orilla transparente hacia el océano cósmico que habitamos.

Sigüenza, reserva para la observación del cielo y el horizonte
Cielo de Sigüenza. Foto de Javier Castañón Barbero
Objetivo CLM
Viernes, 19/06/2020 | Sigüenza | Guadalajara | Portada, Sociedad, Cultura, Medio Ambiente, Economía, Turismo

Donde habitualmente se acaba la mirada del viandante, en el punto de fuga de las milenarias calles seguntinas, de las almenas de su catedral-fortis y su alcazaba, se encienden las estrellas de un límpido cielo castellano, valiosísima reserva natural de noches oscuras cada vez más escasas en nuestro continente y en todo el planeta. Esta formidable cúpula celeste, de escasa contaminación lumínica, constituye un patrimonio de valor literalmente astronómico y potente sinergia con otros tipos de patrimonio cultural y natural. Es a la vez consecuencia y garante de un entorno biodiverso y bien conservado en lo vegetal, animal, geológico e hidrológico: noches oscuras son sinónimo de riqueza en la base de la cadena trófica, equilibrio depredador-presa y sueño reparador.

Sigüenza se asoma al vasto océano cósmico por un horizonte de una luminosidad y belleza únicas – amplio, sin grandes elementos disonantes, abierto 360º pero en absoluto plano. Recorrer, con la vista o las botas, sus “siete colinas” (Mirón, Villavieja, Otero, Morretón, Buitrera, Quebrada y los Chorrones)  es disfrutar de bosque –pinar y rebollar–, páramo, campos de labranza y vega sin toparse con una valla. Se goza, en suma, del derecho no escrito a un horizonte despejado que nos saque del ensimismamiento. El horizonte seguntino se abre a un Parque Natural (Río Dulce), al nacimiento de un río (Henares), al paso natural entre dos cordilleras (central e ibérica), a picos señoriales (Ocejón, Alto Rey, Urbión, Moncayo), al vértice de tres vertientes (Tajo, Duero, Ebro) y a los escenarios de nuestra historia (Vía Augusta, frontera Castilla-Aragón, reconquista, guerras de independencia y civil).

Tras un atardecer de luz sanguinolenta sobre arenisca, ese mismo horizonte se abre a la Vía Láctea en itinerarios estelares –circumpolares, estacionales, zodiacales– como los que se describen en el mirador celeste del molino conocido como el Polvorín.

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